El doble filo de la nostalgia

Es inevitable echar la mirada hacia atrás unos años y no sentir nostalgia. Seguro que ese sentimiento se puede trasladar a multitud de situaciones, sin embargo, en muchos florecerá esa nostalgia futbolística que llega de la mano de los éxitos que cosechó la selección española entre 2008 y 2012. Un equipo de leyenda, que será recordado como la Brasil del 70, los Países Bajos del 74 o la Hungría del 54. La mayor generación de futbolistas de calidad que jamás había visto este país se juntó para tocar el cielo tres veces consecutivas, algo que nadie había hecho hasta la fecha y se sigue sin emular. Las expectativas crecieron sin llegar a plantear que esa situación tan solo se prolongaría durante un pequeño periodo de tiempo. Los golpes en 2014, 2016 y 2018 fueron muy duros, en parte, por las grandes expectativas que se ciernen sobre el equipo nacional una vez que se sabe capaz de llegar a lo más alto. Pese a todo, las circunstancias no son, ni de lejos, las mejores para volver a repetir una gesta al alcance de muy pocos.

El núcleo duro de esta generación que está representando al combinado nacional no se encuentra en su mejor momento de forma.

Si nombramos a Iker Casillas, David Villa, Xavi Hernández, Xabi Alonso, Andrés Iniesta, David Silva, Carles Puyol… estaremos haciendo referencia no solo a un puñado de futbolistas cuyos nombres estarán grabados por siempre con letras de oro en la historia del fútbol español y mundial, sino de los principales puntales de sus respectivos equipos. Jerarcas en sus clubes e imprescindibles en todos los esquemas. Actualmente, gran parte del plantel nacional dirigido por Luis Enrique está en progresión de adquirir esa importancia de los jugadores nombrados anteriormente. ‘Lucho’ está programando un proyecto a dos años, para que sea en ese momento donde alcance su zénit de madurez y calidad. Por eso encontramos nombres con menos experiencia que aún se están haciendo un hueco imprescindible en sus equipos. Así podemos diferenciar a Marco Asensio, Rodrigo, Ceballos, Saúl o Rodrigo Moreno.

La nueva etapa del combinado español llega marcada por la pobre actuación en Rusia, donde solo se pudo vencer a la selección de Irán y pidiendo la hora. El contexto de aquella competición hace que el papel desempeñado por los jugadores se deba coger con pinzas, pero, aun así, agravó muchísimo la visión que se tenía y se tiene de la selección tras tres ‘fracasos’ consecutivos. Luis Enrique llegó tocando muchas teclas, probando cosas y dando oportunidad a jugadores que por rendimiento en su club la merecían, pero que no habían roto aún la barrera de la primera internacionalidad. Hasta un mínimo de doce cambios se pueden observar entre la lista que fue a la Copa del Mundo de Rusia y la última convocatoria del seleccionador asturiano. Esto provoca una situación de adaptación, asimilación de ideas y saber estar en un contexto de competiciones diferente al de los clubes por parte de todos los nuevos.

Un equipo de leyenda, que será recordado como la Brasil del 70, los Países Bajos del 74 o la Hungría del 54 .

Añadido a toda esa adaptación y asimilación de ideas mencionada, cabe destacar dos aspectos más que desencadenan un rendimiento del equipo por debajo de lo esperado en cuanto a expectativas. El núcleo duro de esta generación que está representando al combinado nacional no se encuentra en su mejor momento de forma. Jugadores destinados a marcar una época como Marco Asensio, Isco, David de Gea o la gente de arriba no están dando el rendimiento esperado en este primer tercio de la temporada, tanto a nivel de clubes como de selección. Esta pérdida de calidad por el nivel mostrado es un gran lastre, pero aún más negativo es si queremos seguir esperando un rendimiento similar al de 2008-2012 con la gran pérdida de calidad, visión, gol y duende que ha perdido el equipo en esos años. Los mejores jugadores de toda nuestra historia nacional han ido soportando el paso del tiempo en un proceso totalmente natural y que se está gestionando correctamente, aunque no parezca comprensible por todos. Iniesta, Silva, Villa, Xavi, Xabi Alonso, Piqué… esas pérdidas han dejado al equipo en un nivel inferior a la fuerza, mientras que la nostalgia fruto del recuerdo ha encrudecido y vuelto en contra las falsas expectativas generadas sobre este nuevo combinado nacional.

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