Balón en Profundidad

Fútbol hasta la línea de gol

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El sacrificio del progreso

La ‘sorprendente’ marcha de José Mourinho de Old Trafford tuvo un componente temporal poco imprevisible. Detrás de su destitución había un trasfondo que superaba a su persona, y eso es mucho decir. Su partida simbolizó uno de los capítulos más significativos de una transición, o mejor dicho, la decadencia de una manera concreta de ver el fútbol, la visión anárquica del pragmatismo. Aquella que defiende las bases utilitaristas del fútbol: la idea útil es aquella que sirve para algo. Y que se fija en las potencialidades colectivas que puedan derivar de las individualidades, pero sin mirar el balón. Un fútbol arcaico, especulador a las capacidades del plantel, que ha ido perdiendo fuelle con el crecimiento de las nuevas estructuras tácticas en la última década que, por ende, han ido revelando el vacío que sufría en este ámbito. Ese fútbol de autor, que poco a poco se ha ido imponiendo hasta el punto de apartar a las versiones más singulares y modernas de este pragmatismo futbolístico. En esta trayectoria descendente de lo viejo para dar paso a lo moderno, elementos más románticos que el pragmatismo anárquico también han visto cómo su vida se iba concluyendo. Y, en estos, el nueve clásico ocupa un lugar especial.

Precisamente, la jubilación de esta posición tan establecida en la historia del fútbol ha llegado a partir de esta evolución táctica de la última década. Así, el hombre más adelantado ha pasado a tener un rol más participativo en el colectivo que, por ende, ha provocado que su radio de acción haya aumentado, pues ya no solo se le exigen cosas en el último cuarto de campo sino en todo el ancho del territorio rival. Sus movimientos no solo son verticales y ofensivos sino que ahora también lo son horizontales, pues también se los puede ver en ambas posiciones de extremo. Estas nuevas costumbres no pertenecen a un dogma sino a una tendencia, la inercia de esta mejora táctica que le ha exigido al delantero más cosas que el gol.

La figura del ‘9’ ha evolucionado de la mano de las innovaciones tácticas hasta el momento presente.

Pues ahora el nueve es algo más que un goleador. Un jugador anticuado que reúne más cosas que antes no era o evitaba serlas. Aunque sigue siendo autóctono de su zona favorita, ha tenido que aprender a convivir en espacios que antes no se le pedía que pisara porque lo tenía prohibido. El caso más paradigmático de esta transición es la recuperación, en forma de una versión moderna, del falso 9 que, en vez de fijar centrales, se escurre entre líneas para ganar un elemento más en el ataque y aprovechar, al mismo tiempo, su libertad posicional para sumar imprevisibilidad frente a la defensa rival. Un punto de inflexión que determinó el devenir del nueve como tal y el primer símtoma de lo que acabaría siendo la esencia de la posición: una balanza donde gol y juego equivalen lo mismo.

Pues los Van Nistelrooy, Drogba, Torres o Mario Gómez con perfiles más orientados a lo que pudieran hacer en el último cuarto de campo, han sido relevados por perfiles como los de Benzema, Firmino o Harry Kane que han tenido más que ver con el juego que generaban que con el bagaje goleador que cosechaban -aunque el caso del inglés se camufle más en sus cifras-. Curiosamente, el último jugador que pretende reivindicar la vieja escuela de delanteros es más joven que estos tres mencionados. Mauro Icardi se ha quedado solo, aunque ya sea un referente goleador de talla mundial. Es muy bueno en lo suyo pero solo en esto, pues la limitación de tener el área como único contexto ya no es tan necesario como antaño. Más allá de pertenecer a un perfil ya poco convencional, la excepcionalidad de Icardi también radica en su formación porque esta fue en la Masía, una de las escuelas más reputadas por su estilo a través del balón. Un esférico con el que el argentino no se relaciona, no se encuentra. Una personalidad posicional muy reivindicada en una época que poco a poco se va despidiendo. Pues el progreso conlleva sacrificios de cosas que, por muy productivas que hayan sido, tienen que ser apartadas en pos del avance.

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