Balón en Profundidad

Fútbol hasta la línea de gol

Equipos

Bloqueo moral

El fútbol y el deporte en la mayoría de sus disciplinas posee una delgadísima línea que separa el éxito del fracaso y, en un gran número de ocasiones, pasar de un lado a otro no depende de aspectos meramente deportivos. El apartado psicológico, la mente, en forma de moral, gestión de presión y control de nervios juega un papel fundamental a la hora de poner en marcha las aptitudes deportivas de cada individuo y, por ende, de todo el colectivo. El Valencia de Marcelino, en apenas unos meses, ha sufrido una regresión en cuanto a resultados deportivos que lo ha devuelto al lado donde nadie quiere estar. El conjunto che ha atravesado la línea para volver a la zona del fracaso, de donde el mismo Marcelino les rescató hace poco más de un año. Muchos son los factores de esta nueva caída dentro de una entidad que parece no poder mirar nunca más allá, pensando en un proyecto a largo plazo y con una relativa estabilidad deportiva.

Después de haber completado casi la primera vuelta de la competición liguera, el Valencia se encuentra en tierra de nadie, clasificatoriamente hablando. Casi la misma distancia entre los puestos de descenso y Europa. Una zona insulsa, completamente alejada de los objetivos planteados a principio de temporada y de las expectativas levantadas el curso pasado. Marcelino insiste en un argumento claro y lógico de por qué el equipo funciona mucho peor que la pasada campaña a nivel de resultados: la efectividad goleadora. El conjunto che es el equipo que menos goles a favor presenta junto a Leganés y Real Valladolid. Razón no le falta al técnico asturiano en basar su discurso en ese factor decisivo en el fútbol. Rodrigo, Santi Mina, Batshuayi y Gameiro suman siete goles entre los cuatro, números francamente pobres para los encargados de convertir las ocasiones que el equipo genera. Rodrigo a estas alturas de temporada el año pasado llevaba ya ocho tantos y Santi Mina seis, lo que da cuenta del tremendo descenso de efectividad de cara a puerta. Sin mencionar el factor Guedes, que aportó muchísimo en la primera vuelta liguera pasada y que en esta apenas ha podido encontrar su nivel óptimo de juego.

A nivel defensivo hablamos de uno de los mejores equipos de toda la competición, siendo el tercer conjunto menos goleado solo por detrás de Atlético de Madrid y Getafe.

Después de exponer el problema principal del bajo rendimiento deportivo actual del Valencia la pregunta es clara: ¿a qué se debe ese descenso a nivel goleador? La cuestión es tan difícil de explicar que ni siquiera el mismo Marcelino ha podido dar motivos claros sobre ello. Como argumentábamos al principio de estas líneas, en todo deporte el apartado psicológico es esencia, y en el fútbol también. La moral juega un papel crucial dentro de un equipo plagado de individuos con personalidades totalmente diferentes. Suponiendo un estado de extrema moral y confianza baja por parte de varios jugadores del plantel valencianista se puede explicar el bajo rendimiento mostrado. El año, desde luego, comenzaba con expectativas muy altas, sobre todo, por el gran rendimiento mostrado la temporada pasada donde, incluso en el comienzo, se habló de que el Valencia de Marcelino podía competir por el título.

De esas expectativas comentadas se puede extraer el ‘inconveniente’ que supone tener que afrontar tres competiciones de alto nivel de exigencia, sobre todo tratando el binomio ChampionsLiga. El mal comienzo en una competición donde se habían puesto tantas ilusiones como la Champions también redujo la confianza de un equipo que fue entrando en barrena. Íntimamente vinculado con la participación en Champions está el hecho de que la temporada 2018/2019 se cumpliera el centenario del club. La pretemporada estuvo planteada, en parte, marcada por la celebración del centenario valencianista. De esta forma, todo se aglutinó en un cúmulo de presión para los futbolistas: expectativas, año marcado en rojo por el centenario, vuelta a la Champions… Para afrontar todo esto la entidad realizó un desembolso importante por jugadores que reforzaran la plantilla, pero estas incorporaciones no salieron bien. Gameiro y Batshuayi, que llegaron para aportar gol, no están funcionando. Además, el belga no volverá a contar para Marcelino bajo sorpresa mayúscula por su inusitado bajo nivel competitivo.

Obviando el factor goleador, el nivel del equipo no está siendo negativo. A nivel defensivo hablamos de uno de los mejores equipos de toda la competición, siendo el tercer conjunto menos goleado solo por detrás de Atlético de Madrid y Getafe. Marcelino insiste en que el nivel competitivo del equipo es superior a la temporada pasada. El único – y gran – pero es el apartado realizador. Moviéndonos en rachas negativas tan prolongadas y más colectivas que individualizadas, parece lógico apuntar al estado mental de una plantilla muy mermada y presionada como culpable de que la pelota no entre. Un equipo que cuenta con unos jugadores y cuerpo técnico de tanta calidad como se demostró hace un año no pierde sus aptitudes deportivas de la noche a la mañana. Sí decae la confianza, debido a la concatenación de los acontecimientos antes mencionados.

Suponiendo un estado de extrema moral y confianza baja por parte de varios jugadores del plantel valencianista se puede explicar el bajo rendimiento mostrado.

Brotes verdes hay, pero la luz se ve muy a lo lejos. Muy comentado ha sido ya a orillas del Turia los posibles puntos de inflexión del equipo. Getafe pudo ser uno, la victoria agónica en Mestalla ante el Huesca otro, pero el equipo sigue sin encadenar varios resultados positivos que posibiliten cambiar esta dinámica. Toda racha, positiva y negativa, es cíclica, por ello, mantener un cuerpo técnico capaz de grandes cosas sería positivo para poder pensar algo totalmente abstracto en Mestalla: un proyecto. Establecer objetivos a corto plazo, abstraerse de los focos de presión que no ayudan a la parcela deportiva y salvar una temporada aciaga puede ser crucial para que este Valencia de Marcelino pueda volver a cruzar la línea que separa el éxito del fracaso y borrar las huellas de regreso.

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