Esencia ofensiva

Una teoría emergente ya se ha instaurado como moda. El sistema de tres centrales es la irrupción táctica más importante de la temporada en La Liga Santander sobre todo por su variedad, pues la están utilizando tanto conjuntos que viven en los puestos de privilegio como equipos que luchan por la permanencia y tanto unos que priorizan el balón como otros que optan por dar más relevancia a los espacios. En todos ellos las virtudes que han contribuido a su volcánica introducción hay una de especial peso e importancia por su significado en este sistema: la posición de carrilero. El carrilero es este híbrido que comparte exigencias tanto defensivas como ofensivas pero que su valor radica más en las segundas que en las primeras, pues está resguardado por un central más y es el único representante exterior.

La sorprendente inclusión de este sistema va en paralelo a la respuesta imprevisiblemente positiva que están dando los intérpretes de esta posición. Y más concretamente, un perfil determinado de jugador: los extremos reconvertidos. Casos como el de Jesús Navas o Álex Moreno explican por qué está teniendo tanto éxito este dibujo en nuestra liga, pues aunque hace poco tiempo que estos jugadores siguen una manera de jugar casi inédita para ellos, actúan con total naturalidad, como si llevaran mucho tiempo en ese rol, porque la esencia de su posición es más ofensiva que defensiva. Siguiendo este mismo patrón, no todo el mundo puede resituarse en la posición de carrilero, pues los laterales sobre todo no aúnan la misma capacidad ofensiva que los extremos y eso les hace más difícil su labor atacante, la más importante que tienen que acometer. Casos como el de Carles Planas o Marc Muniesa, aunque este último se adaptara en la posición de central en su paso por Inglaterra, son un claro ejemplo de ello.

Su pasado como extremo le ha servido a Pedro Porro para ser tan diferencial.

Manteniendo la lupa en Montilivi, fruto de la marcha de Maffeo, ha irrumpido un prototipo de carrilero muy completo para su corta edad. Se trata de Pedro Porro, que apenas completó la pretemporada con el primer equipo antes de que se ganara la titularidad de forma indiscutible en el carril diestro. El vacío que generó la partida de su predecesor le ablandó el sendero, pero había que pisarlo, y vaya si lo hizo. La razón principal por la que Porro ha vislumbrado al aficionado gerundense es su personalidad, pues no tiene momentos de indecisión y no baja los brazos cuando comete un error, algo fundamental en su corto recorrido en la élite. Esto provocó que, ya en los primeros minutos de su debut, dominara la escena, aunque venía con un poco de ventaja.

Las cualidades que había desarrollado en la etapa formativa y por su paso, aunque breve, por el Peralada -filial del Girona- le situaban en una buena posición para rendir en el carril. Aunque jugara a pierna cambiada para ir hacia el interior, el hecho de ser extremo alimentó sus prestaciones ofensivas, el atributo más importante de un carrilero. Así pues, a su determinación se le añadía un instinto atacante que le permite actuar con naturalidad en campo contrario, donde se le presenta su contexto de juego. En este caso, Pedro Porro no solo ha hecho olvidar lo que supuso Maffeo sino que también ha contribuido con aportaciones interesantes que su predecesor no disponía. Dos diferencias principales: la determinación y la cualidad ofensiva. Maffeo no tenía tanta personalidad como Porro, aunque el actual jugador del Stuttgart jugaba en el entonces lado débil y no tenía tantas posibilidades de demostrar. Ahora el extremeño representa el costado fuerte de la transición ofensiva porque, más allá de que el Girona haya sufrido mucho en el lado opuesto, posee una convicción singular. Por otro lado, el ex carrilero derecho no tenía la creatividad de Porro en campo rival: siempre había destacado por ser un lateral ofensivo, pero no poseía ese instinto que naturalizara sus movimientos. Algo que con Machín no pasaba tanto y que con Eusebio se ha vuelto más habitual es la conexión entre el carrilero y el mediapunta de la misma banda, básicamente en el caso derecho. Pues Porro y Portu mantienen una sincronía que, más allá de que el murciano no esté en su pico de forma y Maffeo jugara en el lado débil con Machín, no hubiera existido de manera tan estrecha.

El extremeño ha dejado atrás a su predecesor por los atributos singulares que ha aportado.

Sin balón Porro también ha mostrado su valía. Siendo este su habilidad menos explorada, el de Don Benito se ha aprovechado de su velocidad juvenil para ser un buen corrector en la transición defensiva y un notable defensor en estático. En su increíble puesta en escena nadie le ha podido hacer sombra, aunque pretendientes hubieran habido. La irrupción volcánica de Porro ha diferido de la situación que vive el Girona en el lado izquierdo, con las lesiones importantes del titular y su sustituto y bajas más puntuales de las otras dos alternativas. En este cúmulo de desgracia ha surgido Valery Férnandez, un jugador del filial aún en edad juvenil, como Porro, que también jugó en posición de extremo antes de testar la élite en el carril. Sus actuaciones han sido puntuales y aunque no aúna la misma determinación que Porro, el de Valery es un valor que Eusebio debe tener en cuenta por ser una variable ante la incertidumbre física del carril izquierdo pero también por poseer esa naturaleza ofensiva que tanto se necesita en el rol de carrilero.

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