La mejor Liga del mundo

La historia del fútbol español cambió por completo en el verano de 2008. Tanto Luis Aragonés como, posteriormente, Josep Guardiola, trazaron dos caminos que confluyeron en un mismo punto: su obsesión por el juego posicional. Tanto uno como otro bebieron de una misma suerte: el talento de Xavi e Iniesta como eje vertebrador de una idea que tiranizó Europa y el mundo en el periodo 2008-2012. El nuevo “boom” futbolístico, con la irrupción del FC Barcelona en el ámbito de clubes y de España en el de selecciones, creó un paradigma a seguir, no solo por los conjuntos de La Liga, sino por otros clubes, otras ligas en definitiva, otras culturas. Como todo movimiento dominador, provoca que nazca su kryptonita, esa idea contraria que la combata. Solo el Inter de Milán de José Mourinho pudo parar, de alguna forma, lo que aquel equipo insinuaba. Pero no sería hasta 2014 cuando otro técnico, replicando puntos del libreto de Mou y creando otros de nuevos, tomó el relevo y creó un estilo que, a su manera, generó consenso en muchos otros equipos, aunque como aquel FC Barcelona, ninguno lo llegara a plasmar sencillamente porque no podían. El Atlético de Madrid y el FC Barcelona han sido -y continúan siendo- los principales impulsores de que aquí, en nuestra Liga, disfrutemos de tantos y tan buenos equipos. Y quizás lo más importante; tan diferentes.

A raíz de aquí, hay otro factor que ayuda a entender el auge del fútbol español. 16 de los 20 técnicos que conforman la Liga son españoles. Un dato que, comparado con la otra gran liga, la Premier, donde solo hay 5 técnicos locales, pone en evidencia que algo ha pasado en España en los últimos años. Para entender cómo se juega, hace falta mirar qué futbolistas produce un país, pues conforman el ADN futbolístico de un momento determinado. Y en España vienen naciendo cantidad de centrocampistas de mucho nivel. Y, de nuevo, de perfiles distintos. Recientemente han salido nombres como Fabián Ruiz, Dani Ceballos, Marc Roca o Rodri Hernández. Tan iguales como distintos. Pero el ánimo del texto, una vez puesto en contexto el nivel altísimo que hay en España y la suerte de poder haber bebido de dos estilos tan marcados como distintos, es el de analizar algunos equipos que conforman la zona media de la Liga y que, dirigidos por técnicos españoles, desempeñan un fútbol hipercompetitivo, de marca propia. El entrenador español no solo dirige, sino que sus equipos son muy reconocibles.

Quizás sería justo empezar este repaso por el equipo que, viniendo desde abajo, más ha logrado asentarse en la categoría en tan poco tiempo. El Eibar de José Luis Mendilibar nos recuerda qué es el fútbol, en su estado más primario -y el más romántico-. Ipurua se ha convertido en el símbolo de este equipo que ataca, luego presiona, y vuelve a atacar. Siempre del mismo modo, esté quien esté, juegue quien juegue. Un 4-4-2 agresivo, que muerde arriba y obliga al rival a seguir un ritmo para el que no está preparado. Ipurua, con aspecto de apacible estadio entre montañas, se clava en la retina del rival, convertido en su peor tortura. No hay equipo que centre más y, sobre todo, que remate más. Sorprende quizás este dato, pero el Eibar dispara 15,9 veces por partido (15,6 el FC Barcelona, 15,8 el Real Madrid). El trabajo de Jose Luis Mendilibar, quien declaró que “Yo no voy a Ipurua para nada, cero. En el club solo paso el tiempo del entrenamiento. Los que se tiran 16 horas en su ciudad deportiva, a algunos les gustará seguro, pero me da que otros lo hacen por hacer el paripé. Eso de estar en el banquillo con el pinganillo, porque arriba hay otro que, supuestamente, lo ve mejor que tú y te está retransmitiendo el partido, sinceramente, no lo veo. Prefiero las sensaciones de estar a pie de campo.” (El País). No hay nada más que añadir, Mendilibar es, de todos los técnicos que hay en Primera División, el que lleva más temporadas lleva (13). Por algo será.

Recomendamos el texto de Alejandro Arroyo en Ecos del Balón sobre ese aura que hace al Eibar un club especial.

Pero esto también va de sensaciones, de revelaciones. Quién les diría a Pablo Machín y Pepe Bordalás que sus equipos recién ascendidos -el Girona como debutante- terminarían peleando por Europa, cada uno mostrando el poso y el esqueleto de un equipo hecho. Uno asentando la defensa de 3 en la élite y el otro trasladando la mejor versión del Atlético del Cholo al Coliseum. Quizás lo más destacable es ver cómo ambos equipos fueron capaces de sacar el máximo rédito posible a los pequeños detalles, aquellos que trazan la fina línea entre salvarse o ahogarse. Mantenerse o bajar. De eso se encargaron ambos técnicos, auténticos obsesos. A Machín la temporada le valió como vale para volar hacia el Sánchez Pizjuán. Y no le está yendo nada mal. Bordalás sigue haciendo crecer a un Getafe al que todos miran con recelo, al que todos temen. Mientras el ruido mediático se torna ensordecedor, entre VARes y tertulias, el Geta aplica la pauta intachable de su líder.

Como ya comentamos, España es el país de los centrocampistas, jugadores que, por sí solos, dan sentido a una idea. La unión entre Rubi y un Marc Roca que el curso pasado estaba desahuciado, es quizás la forma más gráfica de ilustrar esto. Rubi confió en Marc, con los ojos cerrados le entregó las llaves de su idea, un 4-3-3 que sin Roca, no se entiende. Y el catalán respondió asentándose, como si lo que predica Rubi lo llevase pidiendo desde niño, y quizás fuese así. Quién sabe. El Espanyol, de la mano de su técnico, ha recuperado la frescura que había perdido.

Si se habla de ideas, de creer en ellas, toca mencionar a Quique Setién y su Betis. Él, junto con Serra Ferrer, han devuelto la ilusión a la afición verdiblanca. Y lo han hecho aplicando los mantras de Setién. Balón, balón y balón. Un equipo que, más allá de la irregularidad, ha logrado sacar triunfos simbólicos en el Santiago Bernabéu o el Camp Nou, sacando bandera de una forma de hacer y un ideario que debe seguirse a rajatabla. Como una religión, así de serio es esto. El bético no está acostumbrado a ello, pero Setién nunca ha dudado, ni sus jugadores, a los que ha convencido. ¿A qué jugador no le gusta tener la pelota?”. Mandi, Feddal, Willian Carvalho, todos podrán hablar de un antes y un después en sus carreras, incluso el veterano y risueño Joaquín, que  declaró no haber disfrutado tanto como con Setién jugando al fútbol

El Alavés, desde la llegada de el “Pitu” Abelardo, es uno de los mejores equipos de la Liga. No son (solo) sensaciones, sino que los datos están ahí. 60 puntos en el 2018, solo 1 menos que Sevilla o Valencia. Casi nada. Abelardo es de esas personas que hacen crecer exponencialmente a los futolistas. Que se lo digan a Jony, que está cuajando la mejor temporada de su vida.Es la persona más fundamental de mi carrera”.(El Mundo). Yo soy de los que piensa que los milagros no existen, y menos en el fútbol. Eso son tonterías. Lo que existe es el trabajo, la constancia, creer en una idea. Bordalás, Machín, Mendilibar o Abelardo. Tipos normales que aman lo que hacen, que mejoran y llevan al jugador a otro nivel. Entrenadores que normalizamos, pero que serían absoluta élite en cualquier otra liga, estoy convencido de ello. Este texto solo pretendía ser un pequeño homenaje a los modestos, que son los que elevan el nivel de nuestra Liga. Porque si es la mejor del mundo, es por ellos.

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