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Fútbol hasta la línea de gol

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Tres estrellas en el Coliseum

El Getafe de Pepe Bordalás tiene ya todo el reconocimiento del fútbol español. Con una plantilla sin grandes talentos, el técnico alicantino ha diseñado un método, un sistema de juego que encaja a la perfección con las características de sus futbolistas. Tanto que ahí sigue, encaramado a los puestos europeos de la clasificación. El conjunto azulón juega con seguridad, con la lección aprendida, sobre los raíles que dibuja su entrenador. El bloque prioriza la presión y el achique de espacios al repliegue, prefiere en definitiva defender fuera de su área. En el centro del campo cuenta con una gama interesante de mediocentros con buenos conceptos tácticos para buscar el orden y una potenciada capacidad de sacrificio. Sin embargo, en fase ofensiva, no están cargados de creatividad.

La solidez grupal del Getafe requiere de creatividad extra en ataque.

En el partido contra el Deportivo Alavés pudimos comprobar cómo Cristóforo y Maksimovic, como en otras ocasiones Bergara o Arambarri, sostenían con solvencia el 4-4-2 de Bordalás. El efecto pegamento que generan es fundamental para la incomodidad que el Getafe suele aplicar sobre sus contrarios, haciendo de cada balón en juego un tesoro a salvaguardar, tanto en el gesto defensivo intenso para recuperar como en la reflexión para saber qué balón no pueden perder en según qué zonas y contextos. Para hilvanar el ataque, Bordalás ha diseñado también algunas rutas sobre las que guiarse, como la verticalidad de Amath Ndiaye o el juego entre líneas de Portillo. Pero, en definitiva, lo que ha coronado el proyecto de este Getafe ha sido el extraordinario rendimiento de sus delanteros. Porque a nivel de personalidad, inteligencia y autosuficiencia, Jorge Molina, Jaime Mata y Ángel Rodríguez son una auténtica bendición para este equipo.

El desempeño de Molina a su madurez, ya cumplidos los 36 años, le han asociado en cuanto a estilo con referencias ofensivas europeas como Edin Dzeko o Robert Lewandowski. Se sabe el faro del sistema y se mueve en él con naturalidad y eficiencia. Es receptor del juego en largo con el que su equipo puede salir e instalarse en campo contrario, y esto es oro para sus compañeros. A partir de ahí, gestiona con maestría el verde entre centrales y los domina en el ancho del área pequeña. Desde ahí, y con la confianza que ha ido ganando, llega a anotar goles como el disparo de lejos contra el Alavés, fuera, en teoría, de su repertorio habitual.

Sus tres delanteros garantizan a Bordalás una buena cota de repertorio ofensivo.

Y junto a él, para martirio de Abelardo, jugó Jaime Mata. El ex-delantero del Real Valladolid entendió a la perfección los movimientos de Jorge y planeó en torno al 19 con finura y puntualidad. Se acercaba a él para asociarse y se alejaba hacia la banda para estirar y darle espacio. Al final sumó dos goles y una asistencia, números que dan sentido a todo el plan y refuerzan la motivación de sus compañeros para, en su mitad de campo, continuar colapsando al rival. Pero ahí no acabó la cosa. Ángel Rodríguez como recurso en el banquillo es otro lujo para Bordalás. A la pasión que está poniendo en cada acción añade ese otro perfil en punta de ariete rápido y profundo, con una paleta de desmarques diferente a Molina o Mata, que aporta variantes a sus compañeros y reparte atenciones rivales en cantidad y variedad. Tres delanteros de garantías para un sistema de dos. Patrimonio del Getafe y de la Liga Española.

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