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Frenkie De Jong o el modelo

Ayer me topé con un tuit de Vieja Europa, cuenta dedicada al análisis y la reflexión sobre el FC Barcelona, en el que decía que «el jugador no hace al modelo, el modelo hace al jugador». A veces se tiende a pensar que una suma de individualidades terminan dibujando un modelo único, concreto. Pero, de acuerdo con el matiz de Vieja Europa, es el modelo el que termina por pulir al jugador, convirtiéndolo en el que él quiera. Casi siempre termina imponiéndose, pero hay otros tantos en el que el modelo ha pasado a ser no más que un vestigio del pasado, como un hito romántico, en ruinas. Algo así sucede en Can Barça, a pesar de Messi. Es por eso que la llegada de Frenkie De Jong reabre una puerta que parecía casi cerrada.

Corría el verano de 2015 y Xavi Hernández abandonaba el FC Barcelona. El triplete cosechado esa campaña logró incluso esconder las tremendas necesidades que demandaba aquella plantilla que se sostenía bajo el amparo de una MSN de un calibre histórico. Cuando bajaron el pistón, la manta no logró tapar las carencias del plantel, tan dado a ritmos altos en los que Andrés Iniesta y Sergio Busquets llegaron a sufrir ¡jugando al fútbol! Los que siempre se divertían. Y el club, extasiado por el triplete, no movió ficha. El FC Barcelona empezó a quedarse más pequeño en Europa, donde las pulsaciones son otras y la pelota cobra otra dimensión. Los desplomes en el viejo Vicente Calderón, en París, Turín y Roma hicieron, por fin, reaccionar al club. Llegó Arthur Melo. Llega Frenkie De Jong. El balón, al centro de atención.

Se han escrito muchas cosas de Frenkie a lo largo de los últimos meses, y muy buenas. Alex Heredia, redactor en Soccer City y experto en fútbol holandés, decía en un muy buen artículo que «De Jong destaca por su visión del juego, desplazamientos largos, confianza en sí mismo y un gran control de balón». Quizás lo que más sorprende en el holandés la primera vez que le echas un ojo es comprobar que siempre juega con la cabeza levantada. Su conducción es ágil y muy elegante y todo lo que hace emana de una mente que parece haber entendido la jugada incluso antes de que se produzca.

Frenkie se relaciona a la par con la base de la jugada y con posiciones más adelantadas, pues su fútbol no es para nada estático, sino que es móvil y va muy ligado al contacto permanente con la pelota. Es un intervencionista, y puede sumar de distintas formas dado que tiene una visión de juego privilegiada, tanto para el desplazamiento en largo como para dar el último pase, y conduce y rompe líneas de presión recordando cómo han dominado los grandes interiores del último lustro (Iniesta y Modric), pues un interior que no rompa líneas es cada vez más raro, pero es precisamente lo que necesita el FC Barcelona; jugadores que giren al rival, que le obliguen a retroceder.

Una de las grandes incógnitas cerca del futuro del holandés es qué va a ser y qué no dentro de un terreno de juego. Para contestar a esta pregunta, clave para entender qué rol puede tener en el FC Barcelona, me apoyo en un vídeo   del canal del periodista Miguel Quintana en el que comentaba, junto a Rafa Medel, el futuro de Frenkie De Jong. Ambos coincidían conmigo en que el futuro del holandés pasa por el centro del campo. Sus intervenciones como central eran un arma de doble filo, pues generaba ventajas constantes con balón pero… sufría sin él.

De Jong pasa por jugar en la medular, pero su mole es tan atractivo como indefinido, y eso, que en otros equipos quizás sería un hándicap, en el FC Barcelona actual puede ser un factor positivo. No hay otro equipo en el mundo que esté más contraído por la nostalgia que este Barça, no hay otro equipo que le tema más al futuro que el de Leo Messi. Es por eso que fichar a De Jong, con su amplio abanico de posibilidades, es mucho más que la contratación de un jugador. En el fútbol actual cada vez valen más los perfiles polivalentes a los especialistas, y ahí hay pocos como De Jong.

Precisamente, lo que le ha faltado al FC Barcelona en Europa en los últimos años ha sido giro, cintura, talento. Jugadores capaces de romper la presión rival e imponerse al rival. En Roma, Turín o París se repitieron los errores y los planteamientos. El Barça era demasiado débil para apaciguar la horda rival, lanzada a la yugular en forma de un pressing agresivo que obligaba a Messi a jugar donde no quiere, a Busquets a no tener nadie cerca y a Iniesta a parecer otro. Porque no tenían socios. La llegada de De Jong, sobrado de personalidad, va en la línea de revertir esta situación y dotar al equipo de un jugador que, por sí solo, es capaz de crear una estructura.

Con el rabillo del ojo mirando a Leo Messi, el FC Barcelona empieza a mover ficha en busca de jugadores que den vida a un modelo que ya no es tal, pues Leo Messi ha sido durante bastante tiempo el que, con su vasto juego, ha permitido al Barça seguir apelando al mismo discurso. De Jong aterriza en la ciudad condal aún con su fútbol en fase embrionaria, pero con el aval del estilo, algo de lo que casi ningún fichaje ha gozado. Con Arthur Melo y Frenkie De Jong en la sala de máquinas, el Barça le lanza un mensaje a Leo Messi. Hacía tiempo que no tenía tantos argumentos para sonreír.

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