Volviendo al contexto

Para todo aquel que lo haya podido vivir, un Erasmus supone una experiencia vital incalculable. No solo te permite desarrollarte profesionalmente a nivel de conocimientos, sino también como persona, viviendo fuera de tu zona de confort, probando cosas nuevas y cohabitando con una cultura muy diferente. Aspectos que enriquecen. Sin embargo, siempre habrá a quien le salga rana. Quien sufra un auténtico calvario o para los que las malas experiencias superen los buenos momentos. En la vida en general estos casos son menos frecuentes, pero en la esfera del fútbol es algo más habitual.

Tachar la experiencia de Inui por Sevilla de calvario no sería exacto, pero tras seis meses de ‘Erasmus’ por tierras andaluzas, el nipón no se ha sentido cómodo, no ha podido desarrollar y desplegar todo su fútbol en una apuesta que allá por agosto parecía un ‘win-win’. Cambió el frío y la lluvia de la pequeña localidad de Éibar por el calor de una gran ciudad como Sevilla. Pero no solo eso. Cambió de Mendilibar a Setién. Y eso supone muchas cosas. No solo como forma de ver el fútbol, sino de esquema. Lo que a priori solo es un número de teléfono como diría aquel, o un mero indicativo para que nosotros, los periodistas, tratemos de dar forma a lo que vemos para acercarlo más al lector, para un jugador puede suponer la diferencia entre el éxito y el fracaso.

El cambio de Mendilibar a Setién no fue fructífero para Inui.

El sistema de Setién tan solo reserva dos posiciones, de manera marcada, para jugadores exteriores. Pero no para jugadores de cualquier perfil, y es que bien es sabido el rol y la importancia que tienen los carrileros dentro de un dibujo con tres centrales. Un perfil que no se ajusta a lo que puede ofrecer Inui. Sin embargo, aunque en la zona de mediapuntas Setién necesitaba de algo más de desborde y profundidad, cosas con las que el nipón sí logra identificarse, lo cierto es que el cántabro interpuso sus preferencias en dar mayor protagonismo a Joaquín arriba y a carrileros de mayor recorrido desde atrás.

Todo esto condujo a que Inui haya sumado tan solo 744 minutos esta temporada entre todas las competiciones en la casa verdiblanca. Hecho que le ha empujado a buscar una solución en este mercado de invierno y que, a priori, suena a las mil maravillas: jugar en el Alavés del Pitu Abelardo. Y es que la proximidad entre Éibar y Álava no es solo geográfica y cultural en este aspecto, también lo es futbolística. El asturiano es un fiel defensor del juego de extremos, de hombres bien pegados a la línea de cal que constantemente estén buscando el desequilibrio y el desborde. Este protagonismo del juego exterior, del centro lateral como recurso y discurso ofensivo, hacen del Alavés, como del Eibar, los dos equipos de La Liga que más priorizan este estilo de juego. Un estilo que nos permitió ver al mejor Inui y que Abelardo tratará de recuperar para la causa tras la reciente marcha de Ibai Gómez al club de su vida.

Inui encuentra en Mendizorroza el contexto ideal que ya le permitió brillar sobremanera en La Liga.

 

En las pocas ocasiones que hemos tenido la oportunidad de ver a este Alavés sin Ibai ni Jony, al que aún le esperan unas semanas en el dique seco, el cuadro babazorro se mostró inoperante, predecible en ataque, fácil de defender. Parece increíble que ante la falta de dos piezas todo el sistema del Pitu se desmorone, pero esa es la importancia que tienen los hombres de banda en este sistema. Uno en el que Inui encaja como un guante. Atacar, en conducción, prácticamente desde campo propio, llevando arriba a todo el equipo con protagonismo, atrevimiento y desborde, algo que Inui desarrolla a la perfección. Tras no encontrar su sitio, Inui vuelve a un contexto que le permita brillar con luz propia y que nos permita volver a disfrutar de dos valores de nuestra Liga, el Alavés 18/19 y el Inui 17/18.

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