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La pasión, según Marcelo

El pasado mes de enero, salía a través de diversos medios de comunicación la noticia de que Marcelo Bielsa, a través de un colaborador de su staff técnico en el Leeds United, había estado espiando algunos entrenamientos del Derby County, rival al que se enfrentarían en Championship. No tardaron en llegar las clásicas críticas y reprimendas por los modos, la ética o la deslealtad a su colega rival, Frank Lampard. Se iniciaba con la noticia un debate inmenso que Bielsa supo acallar con un recurso inesperado: mostrar su trabajo de análisis, observación y preparación para la temporada en una ponencia ante la prensa que acudió a su llamada.

Y es que el ‘Loco’ suele tener ideas para dejarlos a todos callados. El técnico argentino no solo desgranó el trabajo y los datos obtenidos sobre el equipo de Lampard, sino que mostró las carpetas, archivos e imágenes que tiene recopilados acerca de todos los partidos jugados por todos los equipos de la actual competición liguera, de la presente y de la pasada temporada. Una enciclopedia en la que el de Rosario mostró con acierto la capacidad de estudio pormenorizado a la que es capaz de someter a sus rivales, pero que nos obliga a pensar en lo que podrá hacer con respecto a su propio equipo.

Ese alegato en favor de vivir el fútbol, de sacrificar y entender que la profesión exige más que tener talento y unos conceptos en la cabeza, es ya parte de la historia del fútbol y de sus protagonistas.

Marcelo Bielsa no es tipo normal. Es un enfermo del balón, un auténtico obseso del deporte que le ocupa. Su mentalidad y su devoción por el trabajo no solo le obliga a comprometerse con los resultados que se le exigen, sino que también lo hace con las metodologías que son necesarias para sentir (y escojo bien el verbo) que su trabajo es suficiente, digno y a la altura de lo necesario para la confianza que han depositado en él. Su amor por el deporte y por el entorno en el que trabaja le llevó en Argentina a comprar un kiosko y poder consumir toda la prensa el primero y a las pocas horas de que saliese a la luz. Su personaje, decorado a veces por la leyenda, trasciende la anécdota, la supera y la corrige, generando ese aura de genio teórico, que sigue contagiando a los equipos y a los jugadores que tienen la suerte de ser moldeados por sus ideas. Célebre es ya la charla técnica a un Benjamin Mendy imberbe, que recién comenzaba su andadura como lateral con Bielsa como técnico en su etapa en el Marsella. Ese alegato en favor de vivir el fútbol, de sacrificar y entender que la profesión exige más que tener talento y unos conceptos en la cabeza, es ya parte de la historia del fútbol y de sus protagonistas. Para Bielsa, el éxito exige trabajo sin excusas y sin demoras. Un trabajo que él, sin dudarlo, lleva al límite de lo humano, de lo obsesivo y, como en esta ocasión, de lo ético. Bielsa, en sí mismo, es la acepción más correcta del término profesional, porque la obligación le empuja, más allá de lo que dice o cuenta su fama y su leyenda. A Marcelo Bielsa es la pasión de amar este deporte la que le lleva a involucrarse cada minuto.

Entre las cosas que contó Bielsa en la ponencia ante los medios, traducido en todo momento al inglés por su asistente Salim Lamrani, dejó para cerrar la ponencia una anécdota. Habló entonces de su etapa en Bilbao, concretamente de la final de Copa del Rey perdida ante el FC Barcelona de Pep Guardiola. Como muestra de afecto, enseñó los datos recopilados por su staff a Guardiola y el entrenador catalán le espetó sorprendido: “Marcelo, sabes cosas del Barça que no sé ni yo mismo”. La pasión a veces es eso: entender que no solo son los resultados los que marcan un destino, que no solo las copas en la vitrina marcan una carrera. Que la calidad del camino, por largo que sea, siempre definirá cómo se llegue al final del trayecto.

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