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Banega, Mesa y el epicentro del Sevilla de Machín

El actual entrenador del Real Betis Quique Setién construyó en su proyecto en las islas una de las medulares más equilibradas y funcionales que podemos recordar en las últimas temporadas del fútbol español, allá por la 2016-2017 con su Unión Deportiva Las Palmas. Con la premisa de priorizar un juego de posición, Roque Mesa, Vicente Gómez y Jonathan Viera hicieron disfrutar a propios y ajenos con un fútbol práctico, propositivo y eficaz. Viera ponía la creatividad y la magia, Vicente el despliegue y el músculo. Y Roque daba el control. Desde la posición de mediocentro, era el director para construir los triángulos de pase para sacar el balón primero y promover que sus compañeros pudieran manejarlo después en campo contrario. Se convirtió en uno de los mejores centrocampistas de la Liga.

Roque Mesa y Éver Banega han visto confluir sus carreras en tiempo y tipo en el Sevilla FC.

 

Mientras, Éver Banega probaba suerte en la Serie A. El Inter de Milán llamó a su puerta tras realizar una extraordinaria temporada en el Sevilla FC, coronada con la consecución de la Europa League al ganar en la final al Dnipro ucraniano. Lo hizo desde la posición de mediapunta, bien escoltado por figuras del perfil de M´Bia, Iborra o Krychowiak, que formando el doble pivote daban libertad al argentino para moverse por el ancho y el largo de tres cuartos de campo para combinar y generar juego. Tras su insatisfecha experiencia milanesa volvió al Sánchez Pizjuán, donde era ídolo y referencia. Sin embargo, volvió otro jugador. O, al menos, su regreso le supuso una actualización de sus principios. Una madurez en su juego, cambiando la asistencia genial por la flamante gestión global.

Esta evolución del jugador la está completando Pablo Machín. Ha llevado su innegociable sistema de tres centrales a la capital andaluza, y se lo ha entregado al argentino. El sentido de la responsabilidad que ha desarrollado le permite situarse por delante de los zagueros para mandar en todo lo que tenga que ver con la fase de posesión de pelota. Participa activamente en salida, distribuye a izquierda y derecha, en largo y en corto. Y conecta con los versátiles mediapuntas (generalmente Pablo Sarabia y Franco Vázquez) y delanteros (Ben Yedder y André Silva). Él es el pase de seguridad del equipo y a la vez el más creativo en las entregas. Incluso es bastión en sacrificio y esfuerzo defensivo. Difícilmente podíamos esperar de un jugador tan díscolo e inconstante en sus inicios este nivel de compromiso, identidad y personalidad. Y difícilmente podríamos disfrutar tanto de este talento en otra versión que en la que le ofrece su actual entrenador.

El mediocentro único del 3-3-2-2 de Machín se ha encontrado con dos referencias como Éver Banega y Roque Mesa.

 

Y en este escenario aparece junto a Éver en la plantilla la figura de Roque Mesa, cuyos mejores recuerdos nos remontan a su posición de mediocentro en Las Palmas de Setién. Un puesto claramente reservado al 10. De esta situación se desprenden con facilidad dos cuestiones. La primera, ¿son compatibles? Y la segunda, ¿cómo se deben repartir el espacio? Es complicado pensar que dos jugadores tan relacionados con el balón y con conceptos tácticos tan afines no puedan ser compatibles. Sin embargo, para el plan fundamental de Machín en el Sevilla, aunque entre ellos sí hubiera sintonía, esta no tendría por qué beneficiar en demasía a las demás aristas del sistema. La situación del mediocentro como epicentro del dibujo se está viendo alimentada por movimientos variados en profundidad y puntualidad de tal forma que las opciones de pase para avanzar se suceden y el ataque se fluidifica por dentro y por fuera. La coexistencia de ambos entre los once podría añadir control y equilibrio en determinados contextos, pero difícilmente uno le daría al otro lo que Vázquez a la hora de dominar la mediapunta o Sarabia con sus movimientos incisivos. Y, en esa coexistencia, Éver lleva la bandera. Pues con este nivel de jerarquía, amén de una capacidad creativa muy superior, el eje debe ser suyo, situarse en el centro de las operaciones dejando el interior para un Mesa más capacitado para dar continuidad que para acelerar el ritmo. Machín necesita velocidad y matices en el juego, y con Banega lo tiene de la mano. Con el lujo además de contar con un centrocampista como Roque y la garantía que le supone tanto para suplir al argentino como para apoyarlo cuando el control el partido necesita de más cerebro que piernas.

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