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Luces rojas en el submarino

La afición del Villarreal probablemente ya sienta el nervio y el temor del que se sabe en problemas. Ya vivió en sus carnes una historia con recorrido similar en la temporada 2011/2012, cuando terminó descendiendo con una plantilla de calidad que debía aspirar en teoría a cotas mucho más altas. El actual submarino ha tenido que ir reduciendo sus pretensiones en la misma medida que iba perdiendo piezas individuales clave que luego echaría en falta (Bakambu, Castillejo) y sensaciones de equipo eficiente y con un rumbo definido. El cambio de Javier Calleja por Luis García no ha mejorado la situación y contra el Valencia pudimos apreciar que técnica y tácticamente el equipo sigue haciendo aguas.

El centro del campo amarillo mantiene toque y talento a falta de encontrar jerarquía.

Aunque, ciertamente, hasta el segundo gol che el encuentro estaba más parejo de lo que podría pensarse. García propuso un 4-2-3-1 con Pedraza de extremo y Cazorla, Trigueros y Fornals repartiéndose el carril central. Desde ahí, en tramos de partido alcanzaba superioridad numérica con respecto al rival, que equilibraba a su vez la balanza cuando Rodrigo Moreno retrasaba unos metros su posición y también con la mejoría que supone colocar a la izquierda de Dani Parejo a un mediocentro del perfil y las características de Coquelin. Desde este escenario, ni Neto ni Asenjo se vieron especialmente agredidos, y el resultado solo se vio alterado por un gol a balón parado de Mouctar Diakhaby. En el debe del conjunto visitante queda la inconexión que mostró Toko Ekambi a lo largo de esta primera mitad, incapaz de dar vuelo a su equipo y a la vez mal asistido por unos compañeros que no conseguían incrementar el ritmo por dentro para girar a la medular valenciana ni aprovechar el ancho del campo para intimidar desde fuera.

Tras el tanto de Denis Cheryshev Luís García movió su banquillo. Y aquí probablemente terminaron las oportunidades para su equipo. Pues, a decir verdad, sus decisiones poco o nada ayudaron a los suyos a cambiar el panorama. Sacó a Fornals y Cazorla y ocupó las bandas con Ekambi y Samu Chukwueze, juntando a Carlos Bacca y Gerard Moreno como pareja atacante. De aquí deducimos el 4-2-4 en el que se convirtió el Villarreal, y que llevó a sus jugadores a batallas individuales sin sentido ni objetivo que morían una y otra vez en la defensa local. Además, tal desequilibrio facilitó la tarea a Parejo, que junto a Carlos Soler comenzaron a dominar a un cada vez más impotente conjunto amarillo, que solo encontró consuelo en su arquero, que sacó las que pudo ante la inoperancia de su defensa.

El rendimiento en las áreas está condenando al Villarreal.


Objetivamente, materia prima no le falta al Villarreal para remontar la temporada. Sin embargo, sí parece que el talento no está bien repartido. Pues la zona con más certezas del equipo, la de tres cuartos que ocupan Cazorla o Fornals, carece de referencias por delante y por detrás. En defensa no hay un líder que guarde la línea, apague los fuegos y mantenga la compostura. Y en ataque falta la activación de piezas clave como Moreno, que comenzó la temporada ágil e inspirado a nivel de juego pero que también ha estado negado de cara al gol. Algo que, finalmente, lo ha sepultado junto a su maltrecho equipo. Urgen soluciones en Villarreal.

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