La llamada de Messi

Dijo Santi Cazorla que miraba vídeos suyos jugando al fútbol, sentado en una silla sin saber si podría volver a jugar, recordando lo bueno que era y, por suerte, sigue siendo. Algo parecido se me ha pasado por la cabeza viendo el pase de Arthur Melo en el segundo gol azulgrana en el duelo de Copa del Rey ante el Sevilla. El joven brasileño viendo en bucle vídeos de Xavi Hernández. Quizás fuera el egarense quién filtró ese pase. En todo caso, Arthur fue el termómetro del FC Barcelona, el argumento que diferencia a este Barça al del curso pasado.

El partido arrancó envuelto en un ambiente extraño. Las declaraciones de Gerard Piqué tras perder en Sevilla por 2-0 dejaban entrever que la plantilla no tenía demasiado interés en esta Copa, una que el FC Barcelona ha convertido en rutina tras ganarla durante 4 años consecutivos. “Si remontamos bien, sino, otro año será”. El Camp Nou pareció compartir el mensaje de Piqué. Acudieron apenas 58.000 espectadores y la sensación de que las palabras de Leo Messi en la víspera del partido, pidiendo el calor de la afición, no habían llegado a los oídos del soci. Y el equipo respondió con autoridad ante los que no habían acudido al estadio, con una goleada que bien pudo quedar en nada por la endeblez de los de Valverde. Pero Leo Messi siempre responde, mejor hacerle caso.

Ernesto dispuso sobre el tapete de su mejor once. Si mañana se jugara la final de la Champions League, seguramente solo Ousmane Dembélé robaría un puesto en la alineación. Las palabras de Piqué quedaban en el olvido viendo arrancar el partido. Primer escenario de riesgo en la temporada y contra un equipo, el Sevilla de Machín, que cuenta con las armas para desnudar al Barça. Pero, quizás haciendo creer que había más gente en el Camp Nou, los culés pusieron en apuros al conjunto hispalense, jugaron rápido y acularon a un Sevilla que veía en Promes la única vía de escape. El holandés, si bien cometió el penalti, fue el jugador que mejor interpretó el no retorno de los jugadores locales. Sus carreras desangraron al Barça, pero nunca encontraban respuesta en sus compañeros. La asfixia se notaba. Messi jugueteaba por el centro, Súarez descargaba y Arthur juntaba al equipo. Lo mejor del brasileño es el impacto que tiene en sus compañeros. Busquets se acerca a la zona de creación, se acerca a Leo Messi. Es ahí donde el de Badia marca las diferencias.

La llegada de Arthur acerca a Busquets a la zona de Messi.

Sirvió el primer tiempo para empezar la otra “remontada”, la que tiene que ver con Coutinho. Cedió Leo Messi el penalti, gesto de capitán. Nunca fue de hablar fuera del verde, para qué. Philippe no marró la ocasión, consciente que la mejor manera de volver a engancharse a sus compañeros pasa por acercarse al gol, que no al juego, pues Coutinho es delantero, y sus problemas tienen a ver con lo primero y no con lo segundo. Tanto Leo como Valverde entienden que la mejor forma de repescar al brasileño es dándole el protagonismo, ofreciéndole responsabilidades. Solo así puede volver.

Lo que quedó claro anoche es que si alguien quiere esta Copa del Rey, este es Jasper Cillessen. El holandés, consciente de que es en esta competición donde puede hacer notar su valía, emergió como el salvador, evitando el gol en dos ocasiones. Sacó la yema de los dedos en un taconazo de André Silva para enviar el balón al poste y dejó tiritando el Camp Nou repeliendo el penalti lanzado por Éver Banega. Todo en un minuto. Todo con 1-0 en el luminoso. Jasper es de los que trabaja en silencio, consciente de dónde están los focos, y poco parece importarle. Es hasta absurdo el nivel de Cillessen y su estatus en la plantilla. Mientras dura, el FC Barcelona debe aprovecharlo, porque está para mucho, muchísimo más.

Empezó fuerte el Sevilla tras el descanso, marcando territorio, como un animal herido en busca de venganza. Pero de nada sirvió, porque en dos minutos el FC Barcelona destrozó la eliminatoria con dos golpetazos. Primero Coutinho con un testarazo más propio de su asistente, Luis Suárez, y el segundo de Sergi Roberto, canterano experto en dejar su sello en las remontadas. Grabó su nombre en oro frente al PSG y perforó la misma portería tras una nueva exhibición de sabiduría futbolística de Leo Messi. Recibió, aguantó, entendió dónde estaba la ventaja y la generó. Un clínic. Leo Messi es un partido  de fútbol en sí mismo.

Se abrió el envite, como en un combate entre dos boxeadores tambaleándose, dando puñetazos. Coreó el público el nombre de Luis Enrique, presente en la grada, quizás pensando que era él quién dirigía el partido, y no Valverde. El Sevilla marcó tras un error impropio de Cillessen. Arana hizo buena su única aparición en ataque. El FC Barcelona, incapaz de cerrar el partido, de domarlo a pesar de Busquets y Arthur, encaró dubitativo el tramo final. Pero contar con el brasileño es un lujo. Sus gestos, sus tics, sus movimientos van todos encarados al cuidado del balón, como un artesano de la pelota. Arthur, que empezó la temporada en el primer escalón del mediocentro, domina ya el campo contrario. A sus 22 años y recién aterrizado en Europa es indispensable en el FC Barcelona. Hay que decirlo más.

En los últimos 5 minutos, con el Sevilla ya desatado, apareció Leo Messi, siempre Messi, desafiando en velocidad a Bryan, un imberbe chaval de 17 años. Se midieron en velocidad, con la pelota como objetivo, y ganó Messi. Corría el minuto 89. Leo le ganó al tiempo. Aún dio tiempo para que el Barça se hiciese un regalo en forma de obra de arte. El sexto gol los disfrutaron en directo los que creían, quizás esos fueran los únicos que lo merecían. Con Piqué jugando de delantero, devolviendo sutilmente la pared con Luis Suárez me hizo sonreír pensando en sus declaraciones. Ojalá todos quisiesen igual de poco a la Copa como la quiere Piqué.

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