Mirar el futuro desde el pasado

El pasado domingo 27, el Espanyol recibía dos goles del Real Madrid antes del primer cuarto de hora. Dos meses y dos días antes, el 25 de noviembre, le ocurría lo mismo contra el Girona. Dos encuentros que simbolizan el inicio -aunque también se perdiera contra el Sevilla en la jornada anterior- y el final momentáneo de la mala dinámica de resultados espanyolista. Dos puntos de partida que tienen significados distintos aunque comiencen desde un punto de partida sinónimo. Esta semana se jugará el undécimo encuentro desde la victoria frente al Athletic en la undécima jornada, las mismas que llevó al Espanyol a tener una mirada ambiciosa durante el primer tramo de curso. Un partido contra el Villarreal que tendrá acento de final por la proximidad con el descenso, a solo tres puntos, y el condicionante de enfrentarse a un rival directo. Por ello, deberá retomar la regularidad en su propuesta y la determinación en las áreas, dos factores que, junto al estado anímico, le han hecho perder el valor por los detalles y la estructura.

Los datos dejan en evidencia el mal momento del Espanyol entre el primer tramo, cuando llego a ser segundo en la tabla, y el segundo.


Los datos son reveladores. El Espanyol solo ha conseguido 3 de los últimos 30 puntos cuando en el primer tramo sumó 21 de 33. A esto se le debe añadir la decaída en las áreas. En las últimas diez jornadas ha marcado 8 goles, siendo el que menos ha anotado de la categoría junto al último clasificado, mientras que ha recibido 26, el que más, con una media de 2’6 goles por encuentro cuando antes era de 0’7. La estadística defensiva sorprende muchísimo porque antes de estas diez jornadas le habían marcado 8 veces y era el segundo equipo menos goleado. Lo que también resalta es la efectividad permitida a los rivales. Mientras que en el primer tramo promedió 0’2 goles por tiro a puerta, en el segundo período se ha doblado (0’4 goles por chut entre los tres palos).

Respecto a su bagaje defensivo, los datos más llamativos son el cómo le marcan los goles y el cuándo. La defensa de los centros sigue siendo la nota pendiente pues 13 de los 34 goles que le han marcado han sido a partir de este tipo de jugada (38%). Por otro lado, el inicio y el final del partido siguen siendo los períodos que más han pesado al conjunto espanyolista durante esta mala racha de resultados, recibiendo seis goles en los primeros quince minutos –todos ellos a pares entre Girona, Real Sociedad y Real Madrid- y seis más en el último cuarto de hora. En total 12 de los 26 goles en contra.

Y ahí el factor anímico también ha sido determinante. En estos diez partidos desde el Sánchez Pizjuán, el Espanyol solo ha conseguido ponerse por delante en el marcador en tres encuentros de los cuales solo ha puntuado en uno de ellos. El primero contra el Sevilla lo acabó perdiendo en los últimos minutos, como también le pasó en el segundo, frente al otro equipo de la capital andaluza. La tercera vez sería la única que el partido acabaría con final feliz para los pericos, saldando su última victoria.

Aun así, hay otros factores más allá de los estadísticos que determinan los problemas del equipo de Rubi. La mala situación defensiva, sobre todo en el área, la naturalidad en el momento de expresarse con balón, la inseguridad sin él y las maneras como intenta hacer daño al rival y la ejecución (63 tiros a puerta en el primer tramo por 38 en el segundo). El mal calendario durante noviembre y diciembre, contra rivales como Barça, Sevilla, Atlético, Getafe o Betis, pudo ayudar a propiciar a esta mala tendencia, pero la acumulación de mal juego y, por ende, de malos resultados, enseña que hay un problema de falta de confianza en sí mismo. Diego López ya no va a celebrar los goles.

¿Sabrá sobreponerse el Espanyol a su encomiable primer tramo?


Ahora es el momento de confiar en la propuesta de Rubi y fijarse en el ejemplo del Valencia de Marcelino y el Rayo de Míchel. Pero surge una incógnita respeto a estos ejemplos ante el mal momento y a falta de toda una vuelta por disputarse: la influencia que va a tener el hecho de haber conseguido la felicidad y la estabilidad antes de la caída. El factor de llegar a ser lo que fue.

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