Balón en Profundidad

Fútbol hasta la línea de gol

Jugadores

Rubén Peña, Ipurua y Mendilibar

Decía Vicente Del Bosque que si él volviese a ser futbolista le gustaría ser Sergio Busquets. En muchas ocasiones, los atributos de un jugador clave para un técnico no casan con lo que él era cuando se vestía de corto. Sin embargo, ya en base a su filosofía como entrenador, hay ciertos jugadores que representan con total fidelidad lo que se quiere transmitir desde el banquillo sobre el tapete verde. Largo y tendido hablamos aquí sobre Sergio Canales, tan destacado estos días, y su idoneidad en el modelo de Setién. Otro caso muy recurrente en nuestra Liga era el de Gabi en el Atlético de Madrid de Simeone. Y ahora un nuevo nombre, una nueva dupla, se suma a esta lista: Rubén Peña y José Luis Mendilibar.

En Éibar ya es bien conocida la idea de juego, la filosofía y la forma de ser del técnico de Zaldívar. Su andadura en la histórica etapa del cuadro guipuzcoano en Primera División no ha podido ser más fructífera. El Eibar se ha establecido como un habitual, pero lo más importante: es un equipo difícil de batir y con una seña de identidad muy clara y definida. Clásica es la relevancia del juego exterior para Mendilibar, y es que en Ipurua no se cansan de ver extremos y laterales sumando kilómetros en las desgastadas bandas del estrecho estadio eibarrés.

La importancia de los carriles para Mendilibar es algo ya muy recurrente en el Eibar.

Cada temporada la historia se repite. Podrán cambiar los nombres, pero la idea se mantiene firme en la forma. Y aun a sabiendas de los rivales, el Eibar sigue pudiendo desplegar todo su fútbol. Un fútbol que se aleja ciertamente de las tendencias actuales en el mundo del balompié. El 4-4-2, sistema clásico, y a veces incluso tachado injustamente de simple, es innegociable para Mendilibar. Así como los extremos a pie natural. Y es que el vasco prioriza el centro a la finalización desde los costados. Por ello se entiende que el Eibar sea el equipo que más centros realiza de media por partido en La Liga, con sus dos laterales en el top tres de principales centradores de nuestra competición. Rubén Peña y José Ángel dan sentido, con sus constantes subidas, a todo el mecanismo de ataque de su equipo. Dos delanteros para anticipar y pelear cada envío y dos laterales para surtirles de precisos balones. ¿Qué puede salir mal?

Por delante de ellos Orellana y un reconvertido Cucurella son la guinda al pastel. Ellos se encargan de conducir y hacer llegar el balón al pico del área para después buscar de forma indirecta la portería rival. Indirecta porque su destino no es el habitual: Cucurella y Orellana no suelen servir tantos balones al área, pero tampoco habitúan a ocupar puestos de remate, sino que acostumbran a ser el penúltimo pase en la acción de gol; el nexo entre los delanteros y sus asistentes, Peña y Cote. Entienden a la perfección su rol, lo que se les pide, y lo ejecutan en consecuencia. Ambos desequilibran desde su fútbol, tan diferentes en esencia, y permiten a sus laterales estar con la mínima ventaja suficiente para aprovechar su buen pie y culminar cada acción ofensiva trazada por Mendilibar.

Su gol fue algo más bien anecdótico, pero es lo último que le faltaba a Rubén Peña por sumar a su repertorio.

 

El gol de Rubén Peña que inauguraba el marcador el pasado domingo ante el Girona fue algo más anecdótico. Un recurso que escapa a todo lo expuesto anteriormente, y que además desmontaría todo el texto escrito hasta estas líneas. El abulense interiorizó su posición, con Orellana asistiendo por fuera, con la definición como objetivo, y no el centro. Sorprendió, como es lógico, y consiguió su primer gol esta temporada. Un recurso poco habitual en Ipurua, que demuestra que el fútbol no es una ciencia exacta, pero que suma en Peña una opción más que le hace, todavía, más temible desde ese costado diestro.

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