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Fútbol hasta la línea de gol

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Aleñá para justificar el fin

El fútbol avanza a pasos agigantados. Muchos de los aspectos que conformaban el fútbol se han erosionado para dar forma a unas necesidades que se extrapolan a las de la sociedad: la inmediatez y el resultado. El fútbol ya no es -si es que alguna vez lo ha sido- ese elemento alienador, creador de un microcosmos, lo “más importante de las cosas menos importantes”. Aunque es cierto que, pese a que el viraje hacia el fútbol como multinacional es imparable, los equipos siempre estuvieron marcados por su origen. Así las cosas, el FC Barcelona ha intentado erigirse como una institución, creando una cultura de club en la que se priorice por los futbolistas de la casa y con una forma muy particular de trabajar, donde el fin nunca justifica los medios.

Un 25 de noviembre de 2012, con Tito Vilanova en el banquillo, el Barcelona celebró una victoria diferente en el Ciutat de València. Aquella noche, el Barça jugó con once canteranos. No fueron tres puntos más, fue un gran logro celebrado a una escala menor. El triunfo de las pequeñas -pero importantes- cosas. Sin embargo, a la cantera no se le puede exigir que aparezcan futbolistas capaces de copar un podio del Balón de Oro. Pero para que salgan hay que apostar por ellos. En Barcelona, todos los caminos -los directos y otros rocambolescos- coinciden en unas mismas coordenadas. Con la tranquilidad de haber cuidado los detalles, sin la prisa de la cotidianeidad, pero con el nervio y el punto de impaciencia de los precedentes, Carles Aleñá es el fin. Y la realidad ya está más cerca que aquella primera vez.

El interior derecho es una de las piezas más particulares del Barça.


El interior derecho del Barça siempre ha dibujado con un tono peculiar, siguiendo el rastro que deja Leo Messi. El camino iniciático del argentino, pegado a la línea de cal, lo ha continuado en el carril central para, ahora, asomarse puntualmente al costado izquierdo del campo. El primer Barça de Ernesto Valverde frenó el ímpetu -medido- de Luis Enrique. La figura del interior derecho se enganchó a Sergio Busquets, siendo esta una de las medidas más particulares de la primera temporada del Txingurri en el Camp Nou. En todos los procesos de cambio, suelto con Luis Enrique y atado a Sergio durante la temporada pasada, Ivan Rakitic ha sido el elenco que conjugó todas las necesidades concretas del técnico. Ha mutado para ajustarse al rol que han demandado sus entrenadores.

El 4-4-2 pasó a convertirse en un 4-3-3, primero con Philippe Coutinho y luego con Arthur, y el interior derecho volvió a tener un papel secundario pero primordial. Durante un tramo de la temporada, el Barça formó con Arthur-Busquets-Rakitic a la misma altura. Las segundas partes estaban marcadas por la entrada de un Arturo Vidal que se movía por otras latitudes. Más tarde, Valverde volvió a reformular el centro del campo y el matiz principal recaería, de nuevo, en el interior derecho. Ya sea con Rakitic, Vidal o Aleñá -con Arthur en el lado opuesto-, la pauta marca que se juegue a una altura superior. El brasileño es una de las piezas que repercute positivamente en la estructura, la que más ha evolucionado durante los últimos seis meses. Del Arthur con tintes de horizontalidad pegado a Busquets, al Arthur con presencia en campo contrario, ligeramente relacionado de cara a gol y más agresivo. Cuestión de tiempo y de confianza. Además, permite a Sergio intercambiar posiciones con naturalidad para que el ‘5’ se mantenga por delante, con la agudeza en los movimientos tras pérdida.

Con esta particularidad en el sector izquierdo, en el derecho las condiciones las pone Messi. Ya desde la salida de balón a partir de Ter Stegen, dicho interior se libera y circula con cierta libertad. Una vez en campo contrario, la relación con y sin balón respecto a Messi es inevitablemente necesaria. Ante el Valencia, Aleñá se sumó a la ecuación no solo como una alternativa, también como una solución real. Compartiendo altura con Vidal -el chileno se movió esta vez por la izquierda-, y Rakitic, desde el pivote, no tuvo a un socio relativamente cerca, aunque era el canterano se relacionaba más frecuentemente por detrás de las dos líneas de cuatro de los hombres de Marcelino.

Aleñá y Vidal comparten gustos pero se diferencian en la trazabilidad.

Vidal se presenta con regularidad en las zonas de remate, abandonando su posición de origen, y tiene la agresividad y la capacidad física de aguantar y mantener el ritmo en presiones altas. Sin embargo, uno de los puntos diferenciales de Aleñá respecto al chileno es el trato directo con el balón. Tiene mejor pie, un primer control determinante y un reverso condicionante para la defensa rival. Pero no se trata de centrocampistas independientes, la relación con el ‘10’ es, muchas veces, más importante que cualquier registro que puedan dominar. Las interacciones entre el interior y Messi se suceden de forma natural y el centrocampista debe interpretar las zonas de influencia en las que se puede desenvolver con el esférico lejos.

En una relación de terceros, aparece la figura de Jordi Alba. Sobre todo durante esta temporada, la conexión de Messi con el lateral izquierdo no se reduce únicamente a la diagonal que permitía al argentino presentarse en la corona del área para recibir el pase atrás. Leo visita puntualmente el sector izquierdo para combinar con Alba, al cual la evolución en la lectura del juego le ha permitido convertirse en un lateral universal. Y en el carril contrario, es el interior derecho quien, o bien pisa el área, más propio de Vidal, o bien se mantiene en un segundo escalón, justificado con el buen disparo a larga distancia de Aleñá.

Entre los parches de Kevin Prince Boateng y Jeison Murillo, Carles Aleñá se ha presentado como una alternativa efectiva y positiva al centro del campo del Barça, como perfil tradicional y como apuesta marca de la casa. Probablemente, Aleñá acabará convirtiéndose en un jugador importante en el Camp Nou y sumará dobles dígitos a final de temporada entre goles y asistencias. El tiempo se bifurca hacia muchas posibles realidades, pero, lo que es seguro, es que Aleñá será uno de los medios para justificar -y llegar- al fin.

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