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El Atlético se pone nostálgico

El Atlético de Madrid se mira en el espejo pero ya no se reconoce. Este verano ha sido un punto de inflexión en el proyecto del Cholo Simeone, que ha logrado retener a su mejor jugador y fichar con atino a jugadores que, a priori, elevaban el techo competitivo del equipo y dotaban de un grado de calidad incomparable en la historia reciente del club. El pasado sábado el conjunto rojiblanco saltaba al verde del Wanda Metropolitano alineando a 4 jugadores eminentemente ofensivos: Lemar, Correa, Griezmann y Morata. El doble pivote lo conformaron Saúl Ñíguez y Thomas Partey, señal inequívoca de que los tiempos han cambiado. El Atleti nada entre dos aguas sin terminar de reconocerse, y mientras se acerca el tramo más decisivo tiene dudas aún por resolver.

Seguimos viendo los pasos de este Atleti con cierto escepticismo, sin rastros de los valores que lo elevaron no hace tanto. Su fútbol, bravo y ordenado, se encuentra ahora en una fase de remodelación, pues sus jugadores han cambiado, en forma y en fondo. Durante toda la temporada el Atlético de Madrid no ha sido un buen equipo. Ojo, tiene muy buenos jugadores, pero -casi- nunca ha logrado dotar de estructura a tanta calidad. Ha tenido momentos, fases en las que los colchoneros sí han sido solventes. Al final contar con jugadores de absoluta élite en cada posición hace los entremeses mucho más llevaderos, pero las dudas han carcomido a un equipo que ha estado acostumbrado a vivir de certezas, casi mantras bíblicos sobre los que elevaba sus cimientos.

Solo Jan Oblak mantiene la esencia Cholista en campo propio.

El centro lateral se ha convertido en una de las pesadillas de este Atlético. Precisamente esta arma era estéril para los rivales, pues los del Cholo la defendían a la perfección. Encimaban al centrador con 2×1 y los centrales se hacían gigantes en el área. Posteriormente, los pivotes siempre ganaban las segundas jugadas y el equipo tenía automatizada una salida fulgurante. Todo esto ya no existe. Ya no es solo por nombres, pues han perdido perfiles para defender a 60 metros de la portería rival, sino porque el fútbol demanda cambio, y este equipo parece no haber dado con la tecla para crecer desde su idiosincrasia. Ahí rige el principal problema: las certezas que conocía se han desvanecido, y a pesar de que en una noche de fuerte activación mental los colchoneros puedan recuperar parte de su pasado, el Atlético de Madrid debe reescribir el guion de la película, pes el final ya no es el mismo. O eso parece.

El derbi puso en evidencia la incoherencia del conjunto rojiblanco. La puesta en escena fue la esperada, con una presión altísima, así lo demandaba el doble pivote formado por Saúl y Thomas, jugadores que defienden corriendo hacia adelante y no reculando. Pero la presión dura lo que dura, y el Atleti antaño tenía esa doble arma que lo hacía un equipo dominante. Presionaban como jabatos durante 15 minutos y luego replegaban sin dejar fisuras. La gran diferencia es que aquel Atleti sí podía robar en campo propio. Incordiaban, mordían y se desplegaban. Ahora, sin ese perfil de jugador que sustente un repliegue intensivo ni unas bandas preparadas para ello, el conjunto colchonero sufre mucho para saber hacia dónde tiene que llevar el partido, cómo jugarlo. Nunca había tenido tantas dudas.

Probablemente no haya jugador que más y mejor entienda al Cholo que Koke Resurreción, hijo pródigo de Simeone. Sin el canterano es muy difícil que las dudas se resuelvan, pues el equipo es preso de las dificultades propias de aquellos conjuntos que salen de un pasado brillante sin todavía haber aprendido cómo convivir con él. Se siente incómodo mirando hacia atrás, pues el cuerpo le pide jugar a otra cosa, pero la mente sigue «en 2016». La claridad en el primer pase de Rodri no ha hecho más que constatar la diferencia que existe entre pasado y presente. Crecer desde el primer pase de Rodrigo, asentarse con el juego entre líneas de Griezmann y Lemar y encontrar un espacio en el que Saúl y Koke sean diferenciales. Por ahí pasa parte del futuro de este equipo.

Al Atlético de Madrid le está costando mucho trasladar el balón de forma fluida en tres cuartos de campo. Una de las soluciones que ha encontrado el Cholo Simeone a este problema ha sido meter muchísimo a los hombres de banda por dentro, sobre todo a Lemar y Vitolo. Ambos son el tipo de futbolista que tanto necesita el Atleti para crear superioridades. Sus diagonales fuera/dentro y sus conducciones para rajar la estructura del rival generan ventajas tanto para los laterales como para que los centrocampistas ganen altura. El problema es que eso está sucediendo poco y las aventuras de los hombres de banda no terminan de gestar las ventajas que se presupone.

A poco de encarar los octavos de final de la Copa de Europa, el Cholo Simeone dispone de una de las plantillas con más calidad y más recursos que se le recuerdan. Las variantes son muchas, pero al final se trata de encontrar una hoja de ruta que potencie a todas las piezas, que las una. El hilo conductor carece de coherencia y solo los chispazos puntuales y la determinación de Griezmann le están valiendo al Atlético de Madrid. Deberá resolver el galimatías el cuerpo técnico del conjunto rojiblanco antes de recibir la visita de Cristiano Ronaldo. El Atlético se pone nostálgico.

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