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Recuperar la victoria

Probar cosas nuevas, romper con lo ya establecido. Para eso se le ha vuelto a dar las riendas del Villarreal a Javi Calleja. El técnico madrileño tuvo varios meses para despejar su cabeza, analizar qué había pasado y dónde estaban las principales debilidades de su equipo, que rondaba unos puestos de descenso que a día de hoy ocupa. Tratar de analizar tus errores para aprender de ellos en un futuro es fundamental, y más en un trabajo tan práctico como el de entrenador, del que tu salubridad laboral depende básicamente de los resultados que coseches semana a semana. Sin embargo, lo que quizás no estuviera en la mente del preparador es que tratar de corregir esos errores lo tendría que hacer en el mismo contexto y con la misma plantilla, apenas un mes y medio después.

El Villarreal con Calleja se mantenía firme en el 4-4-2 que había heredado de la etapa con Marcelino en el banquillo aunque con su vertiente derivada en rombo en el centro del campo. La confección de la plantilla durante el verano, en consonancia con el madrileño, y la filosofía del propio entrenador tomaron esa dirección sin miramientos, en una apuesta arriesgada, pero que parecía ya asentada en la dinámica groguet. Pero ni la peor de las previsiones auguraban una temporada tan aciaga en tierras castellonenses.

El Villarreal se mostró inseguro desde el inicio del campeonato, muy penalizado por errores individuales tanto en defensa como en ataque. Poco a poco esos errores fueron derivando en una dinámica de resultados negativa que mermaron al vestuario, sumando el aspecto anímico a uno futbolístico que ya de por sí era errático. El principal problema del submarino amarillo se encontraba en ambas áreas, con una inconsistencia defensiva nada habitual en La Cerámica y una falta de acierto de sus puntas igual de preocupante. Tras las buenas sensaciones de cara a gol de hombres como Bakambu, Bacca o el propio Gerard Moreno en su etapa anterior como groguet, la falta de gol del propio Moreno o Toko Ekambi preocupaba ya en las primeras semanas de la temporada.

Los errores individuales llevan pesando mucho en la temporada del Villarreal.


No así el centro del campo, que parecía, especialmente a la hora de llevar el timón del bloque, más que dotado y determinado para ser el punto de partida desde el que revertir la situación. Cazorla y Fornals eran los únicos nombres propios que cada semana sacaban su orgullo adelante y daban un lavado de cara a este Villarreal, con el asturiano con mayor regularidad y poso en este sentido. Sin embargo, tras la baja de Cáseres en las primeras semanas, esa pieza en el pivote que el año pasado con tanto brillo ocupó Rodri Hernández quedó completamente huérfana, desequilibrando una de las aristas del sistema y privando todavía más de consistencia a su línea defensiva.

Es quizás esta falta de solidez atrás, tanto desde el pivote como en la propia línea de cuatro, la que empujó a Calleja a cambiar el dibujo con tal de hacerse fuerte en una de las dos grandes carencias del equipo. Como cualquier proyecto, este debe sustentarse sobre unos cimientos sólidos, y por ello el madrileño quiso arropar su parcela defensiva, reforzarla. Y lo hizo con un sistema al que muchos conjuntos, de diferente índole pero similar situación, están utilizando -y con éxito- para salir del atolladero: la defensa de tres. Como ya hicieran Pellegrino en Leganés o Míchel en Vallecas, Calleja trató de dotar de solidez al sistema defensivo de su equipo sumando un central más que le diese consistencia en el repliegue y ventaja en la salida de balón.

El sistema de tres centrales viene a darle consistencia, pero el equipo aún necesita recobrar la confianza en su verdadero nivel.


Además, el fichaje de Iborra estaba encaminado a reforzar esta idea, partiendo de la necesidad de darle el equilibrio que le faltaba al equipo desde el pivote. La única duda que surge al respecto es si el perfil del pivote único debiera ser más posicional, pues el ex del Leicester desarrolla un estilo de centrocampista muy ‘Premier’, de largo recorrido. Algo que en sus primeras apariciones, y más en el contexto de la defensa de tres, se ha podido apreciar, y que al final no parece ser suficiente para corregir tantos errores cometidos justo a su espalda.

Y es que a pesar de este nuevo sistema, aunque el Villarreal haya cambiado automatismos, dando protagonismo a jugadores con recorrido y profundidad como Pedraza o Miguelón y activando la zona interior para que Cazorla y Fornals puedan desplegar su fútbol y todo ello sin renunciar a la doble punta de ataque, el cuadro groguet parece adolecer de los mismos síntomas. Tan solo suma dos partidos con Calleja de vuelta, ambos con este sistema, pero la falta de confianza arriba y de seguridad atrás aún están patentes. Ambos encuentros con el mismo resultado; empate. Ante el Espanyol tuvo una buena opción de victoria, adelantándose con dos goles por medio de sus centrocampistas y siendo igualado en los instantes finales a raíz de un gol en propia. Dos detalles que podrían quedarse solo en eso, pero que vienen a mostrar precisamente dónde están las fortalezas y las debilidades de un Villarreal que necesita recuperar la victoria para poder volver a creer en sí mismo.

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