Balón en Profundidad

Fútbol hasta la línea de gol

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El futuro es ahora

Los octavos de final de Champions League han comenzado coronando la osadía y la calidad del futuro del fútbol en Europa. La conexión de las dos ciudades triunfadoras, París y Roma, se hace más sencilla si miramos las principales claves goleadoras de ambos partidos, donde podemos encontrar a dos sujetos que irrumpen cada día entre las principales figuras del panorama futbolístico italiano, francés y mundial. Kylian Mbappé y Nicolò Zaniolo son de ese colectivo tan necesario que empieza a madurar antes de lo esperado, que regala momentos y triunfos con una facilidad insultante y que deja para el recuerdo la irrefrenable sensación de estar ante el futuro de este deporte.

La radio disfruta de momentos como el de anoche, en los que su existencia cobra sentido. Dos partidos paralelos, dos duelos de octavos de final de la Champions League, semanas después de que terminara la fase de grupos y con el hambre típico que hace a los aficionados ambicionar grandes duelos en el fútbol europeo. Uno en Inglaterra, en la industrial Mánchester, al refugio de los muros del “Teatro de los Sueños”, Old Trafford. El otro, a más de mil setecientos kilómetros de distancia, jugándose en el Olímpico de Roma, el segundo templo más importante de la capital transalpina después del Coliseo. En ambas ciudades, en ambos estadios, dos atacantes, uno con el ‘7’ a la espalda, otro con el ‘22’. Dos futbolistas esperando el pitido inicial para cumplir con lo que se esperaba de ellos… y más.

La noche también era joven y ambos sabían que podía ser su momento. Como sincronizando sus relojes, la primera parte de ambos encuentros trascurrió sin novedad por los nervios de estar ante una cita como la que se traían entre manos y el miedo a ser el que primero demostrara flaqueza. En Mánchester, el control más constante del juego por parte del PSG solo se rompía de cuando en cuando con una arrancada de Mbappé o de Di María, hoy muy cerca de los pasos del primero, para intentar sorprender a un Manchester United demasiado dependiente de la velocidad de sus delanteros. En Roma, la tensión también hizo contener la respiración a unos y a otros, a pesar de que el balón era seducido por el FC Porto. Los dos equipos llegaron al descanso tal y como comenzaron el partido. Pero la segunda parte llegó de la mano de Mbappé y de Zaniolo y la calidad de ambos fue suficiente para hacer añicos las defensas rivales.

Estos dos jugadores nos recuerdan que el fútbol no para. Que los grandes nombres de la Champions League un día serán otros y así sucesivamente.


Old Trafford enmudeció cuando un primer gol de Kimpembe oscurecía la ilusión de poder seguir controlando el marcador, pero el golpe final lo asestaría un delantero centro potente, rápido y con la precisión y el timing suficientes para adelantarse a las piernas de la defensa y colar un buen pase de Di María en la red de De Gea. Era su gol, pero los avisos les venía dando de antes. Sus galopadas, partiendo desde una banda compartida hoy con Alves, habían sido la pesadilla de un Shaw que no sabía bien si debía cubrir a uno o a otro. Desde el centro, enlazando continuamente con Draxler, Alves, y sobre todo Di María, se convertía en el correcaminos, escapando con quiebros, pases y gambetas de entre los centrales que lo buscaban. A Mbappé hoy se le pedía intentar hacer olvidar la ausencia de dos pesos pesados como Cavani y Neymar y hoy, en Inglaterra, la afición se olvidó hasta de sus nombres. La celebración de Kylian, con los brazos abiertos, sellaba la gesta en casa del rival. Tuchel sonríe.

En la capital de Italia la historia partía también de las botas de un insensato. Un insensato que lejos de sentir remordimientos, salía al campo con el hambre de quien se sabía por debajo de lo esperado en la primera parte. Con poca participación en el partido, el joven de diecinueve años tardaría veinticinco minutos en presentar sus respetos al Olímpico, con el permiso de Edin Dzeko, que le servía en bandeja un balón que, a pesar de llegarle a la pierna mala, conseguía conectar con la diestra al palo largo de Iker Casillas. El mítico portero español miraba al cielo. Un chaval acababa de triturar su portería, después de haberla guardado con éxito toda la primera mitad. No tardaría, además, en ver cómo un remate, de nuevo de Dzeko, serviría para asistir con permiso del poste una nueva oportunidad para que el jugador italiano traspasara de nuevo la línea de gol. Zaniolo, un joven de la Toscana nacido en 1999, había conseguido superar por dos ocasiones al Porto con su oportunismo y su calidad.

Estos dos jugadores nos recuerdan que el fútbol no para. Que los grandes nombres de la Champions League un día serán otros y que así será sucesivamente. Que los grandes de hoy, pueden empezar hoy a ser los del ayer para dar paso a los que ya llaman a la puerta de la gloria. Ayer, que ya pasó, solo fue un día más en el que la calidad de dos muchachos llamaba a la puerta de la historia, para pedir hueco, para guardar una silla. El futuro comenzó ayer y ya es ahora.

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