Misma convicción, distinta presencia

En un tiempo en el que la verdad está en entredicho constantemente, el Real Madrid ha demostrado poseer una manera de hacer que, en su campo particular, le acerca a la razón pura. Las tres Champions consecutivas lo avalan. La minimización del error y la voracidad de Cristiano, acomodado por su escudero Benzema, fueron la vertiente determinante de un Madrid arrollador que no encontraba rival en su peculiar irregularidad europea. Fuera de ella, le despojaban. La rutina acabó por enseñar más los defectos que las virtudes. Y con ello, su intimidante puesta en escena. Por tanto, la llegada de la eliminatoria continental contra el Ajax suponía la vara de medir perfecta para un Madrid ascendente que enfrentaba por primera vez la segunda mitad del curso sin los hombres más importantes dentro y fuera del rectángulo.

Desde la perspectiva conclusiva del relato, parecería que nada había cambiado en el seno del conjunto merengue, pero el desarrollo de la ida de octavos denotó que, aunque este equipo persigue la misma convicción, ya no impone la misma presencia.

El Ajax se apoderó de la magnitud del enfrentamiento, como hiciera el Madrid antaño, con una determinación arrolladora y profunda que lo hizo amo de los detalles. El equipo de ten Hag efectuó una presión al hombre con matices que evaporó el flujo de la circulación del Madrid. El equipo holandés no fue a buscar al equipo madrileño en su área sino al receptor del primer pase. Así, toda pelota merengue que iba dirigida a las líneas por delante o por el costado de la defensa era rápidamente atacada por un miembro ajacied.

El Madrid no encontró una alternativa sólida con la que salir durante los primeros cuarenta y cinco minutos.


Van de Beek seguía a Casemiro, De Jong no perdía de vista a Modric y Schöne hacía lo mismo con Kroos. Esta presión al medio del campo blanco estaba alimentada por los jugadores exteriores, extremos y laterales -hasta el caso de olvidarse de su marcador (Ziyech-Reguilón)-, que acompañaban la labor de su compañero tanto en la disputa como en la recuperación. La actividad defensiva del Ajax en campo rival contrastaba con su dinámica en campo propio, dejando grandes espacios a su espalda. Aun así, el conjunto de Solari no aprovechó hasta bien entrado el partido este vacío que permitía saciar la sed de correr de Vinícius y Bale. Esta grieta fue la única vía de salida del Madrid, que también vio cómo empequeñecían el papel de Benzema entre líneas.

Así, el Ajax pudo desplegar su juego liberal y alegre a partir de su actividad sin balón en campo rival, con numerosas recuperaciones y errores forzados del contrincante. Ahí, el conjunto ajacied se aferró al movilidad de Tadic, sobre todo por el flanco izquierdo -cosa que permitió a Tagliafico insinuarse más regularmente en campo rival-, al apoyo y llegada de Van de Beek y a las afiladas izquierdas de Ziyech y Neres. A partir de estos cuatro hombres, el equipo holandés tejió un abanico de llegadas que al Madrid le costó barbaridades descifrar por la zona original desde donde empezaban como por el posicionamiento merengue en tal momento. A pesar del gran partido que firmó Sergio Ramos en defensa. Aun así, al pastel le faltó la guinda. El Ajax ofreció un juego vertical muy vistoso pero no estuvo nada fino en la toma de decisiones en el último cuarto de campo: la determinación en su convicción no se tradujo mismamente en el área rival.

La fragilidad del Ajax en el último pase o disparo chocó con la efectividad brutal del Madrid.


Una indefinición ofensiva que maldijo al Ajax, más aún con la tremenda efectividad del Madrid a lo poco que dispuso de ocasiones. El juego vertical, aquel al que no había recorrido en casi todos los minutos, fue la clave para fustigar a un Ajax menos eléctrico en los segundos cuarenta y cinco minutos. Esto permitió que el Madrid pudiera tener más control del tiempo y así pudieran aparecer los hombres fuertes cuando esto sucede: Modric y Benzema. El croata sostuvo al Madrid en la salida y en la organización y el francés despertó entre líneas después que le hubieran dormido.

La mayor regularidad de la segunda parte y el resultado relativizaron los peores cuarenta y cinco minutos de la era Solari y evidenciaron que, a falta de ver la evolución del equipo en estos meses determinantes, el Madrid ya no transmite la invulnerabilidad de antaño, aunque el resultado sigue siendo el mismo.

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