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Rumbo a cuartos

Wembley se volvió a engalanar para recibir las rondas definitivas de la Champions League. Un año más, el Tottenham, alejado aún de su Lane natal, se presentó en los octavos de la competición continental en un ambiente frío, como es el del estadio londinense. Tras una primera parte con una temperatura similar a la transmitida por la grada, los hombres de Pochettino se pusieron en modo apisonador para arrollar a un Dortmund que descubrió todas sus vergüenzas defensivas, sobre todo tras el primer gol. Precisamente, un defensor del conjunto londinense acabó siendo el jugador del encuentro. Vertonghen, llamativamente indetectable en sus incorporaciones atacantes, fue un cuchillo caliente en la mantequillosa defensa alemana. El belga hizo el segundo gol del encuentro aprovechando las indecisiones de los de Favre a la hora de marcarle. Llorente aprovechó la cresta de la ola de un espoleado Tottenham que olió sangre en la zaga rival, lo que sentenció el encuentro muy a su favor. Al igual que la eliminatoria.

El Dortmund posee un equipo descompensado: arriba aglutina verticalidad, dinamismo e imaginación y en defensa el nivel decrece alarmantemente.

 

La presión londinense en los primeros instantes del encuentro hacía presagiar un error en salida de pelota alemana en cualquier momento. Sin embargo, este no se produjo, y los hombres de Favre aguantaron bien la salida inicial del contrario para ir adelantando líneas y asomarse al campo contrario cada vez más. Con un Witsel bastante presente en las transiciones defensa ataque, con la lentitud que ello conlleva, fueron contadas las veces que los aurinegros pillaron desguarnecida a la defensa local. Sancho se permitió alguna que otra cabalgada por la derecha que no logró finalizar bien tomando una acertada última decisión. La idea inicial de los ingleses de ceder algo de protagonismo al contrario para atacar con espacios a la lenta defensa alemana no salió como debería, ya que en contadísimas ocasiones Moura y Son recibieron en situación propicia para hacer daño. El peligro llegó más en jugadas posicionales de los Spurs que sobre el plan inicial. Moura la tuvo al principio en lo que hubiera sido uno de los mejores goles de lo que llevamos de competición y Roman Bürki tuvo que sacar un pie salvador para evitar el primer gol de un Son inspiradísimo en ataque.

La segunda parte fue otro cantar, sobre todo para el equipo local, que es el que puede cantar, casi con seguridad, su pase a los cuartos de final. El Tottenham saltó al campo con la intención de realizar una presión similar a la del primer tiempo. Y esta vez obtuvo su premio. La defensa del Dortmund perdió el balón en salida. Eriksen fue el que robó, por lo que el sentido al balón que iba a salir de su pie estaba asegurado. Son acabó introduciendo el balón en la portería tras un centro preciso de Vertonghen, que subió sin apenas oposición. El jugador belga se ubicó como carrilero por la izquierda en la línea de tres centrales y dos carrileros que Pochettino alineó. Desde el primer minuto de juego, y aún más acentuado en la segunda mitad, se pudieron apreciar las dificultades aurinegras para defender las incorporaciones del jugador local. Sancho no replegaba bien y Hakimi estaba más pendiente de otras marcas que de la Vertonghen, el cual atacó su perfil en todo momento. La actuación del chico para todo de la zaga spur fue tan completa que la cerró con un gol en los instantes finales del encuentro, nutriéndose de esa condición de indetectable que se había ganado.

Vertonghen fue indetectable para la defensa aurinegra y cuajó una enorme actuación en el cómputo global del encuentro.

 

El gran papel del zaguero belga dejó de nuevo al descubierto las vergüenzas defensivas de un Dortmund que posee un conjunto demasiado descompensado para competir ante los equipos de mayor nivel europeo. Arriba aglutina una verticalidad, dinamismo e imaginación total. Mientras que en la zaga ese nivel decrece alarmantemente, descompensado al equipo y echando por tierra la calidad de los jugadores ofensivos. Vertonghen ganó posiciones interiores, llegó en profundidad y mató con su gol al Dortmund. No lo hizo por el propio 2-0, sino por el total desvanecimiento que sufrió el conjunto de Favre. A los pocos segundos de hacer el belga su tanto, Llorente, salido desde el banquillo, vio puerta en un saque de esquina botado por Eriksen. El jugador riojano sujetó una melé defensiva en su contra y remató casi en área pequeña y ante una infinidad de jugadores aurinegros que, para seguir la tónica habitual del encuentro, no estuvieron nada afortunados a la hora de tratar de sacar el centro del 23 local. El 3-0 es una sentencia improbable de levantar, pero más dilapidador es el pobre nivel defensivo de un Dortmund que sale de Wembley con unas posibilidades remotísimas de no encajar ningún gol en la vuelta.

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