Un buen ataque es la mejor defensa

Pese a que el famoso dicho sea referente a muchos deportes, tiene su mayor uso e influencia en el fútbol. Haciendo referencia a que una buena defensa es el mejor ataque, el encuentro que disputaron Celta y Levante en Balaídos demostró todo lo contrario. Gallegos y valencianos enterraron ese arcaico dicho, unos para bien y otros para mal. El conjunto de Cardoso saltó al campo sin sus tres principales referencias ofensivas: Maxi Gómez, Iago Aspas (sobre todo estos dos) y Pione Sisto. La escasa mordiente y gol que presentan los jugadores que fueron alineados en la delantera fue un fiel reflejo de la laxitud que mostró la línea defensiva viguesa. Si arriba no hay quien convierta goles, el déficit defensivo del Celta y, en consecuencia, los resultados negativos no se podrán revertir. Al otro lado, el Levante de Paco López aguijoneaba con cada llegada. Parecía no estar pasando nada y soltaba un zarpazo. Al final fueron cuatro desgarros en forma de gol los que se llevó el Celta de un Levante que se defendió atacando.

Prestando atención al once del Cardoso resulta lógico el control que tuvo de la posesión en los primeros tramos del encuentro. Hasta cuatro centrocampistas poblaron la medular del conjunto celeste con Jozabed, Okay, Beltrán y Boufal. A eso había que añadir la constante presencia de Brais Méndez en posiciones centrales. Sin embargo, el conjunto de Paco López, siempre resguardado bajo su 5-3-2, no tuvo problemas en aguantar ese control de la posesión del rival, ya que no era nada dañino. Aitor Fernández apenas tuvo que intervenir hasta el primer gol granota. El control celeste encontró su contraposición en el centro del campo azulgrana. Campaña, Bardhi y Rochina formaron una medular donde el sevillano fue el más posicional de los tres. Esos tres hombres, pese a estar en inferioridad en la zona ancha del campo, sí que consiguieron crear peligro y generar jugadas de gol por la mera presencia de dos jugadores tremendamente voraces arriba.

Sí, encuadramos a Morales dentro de la categorización de jugador voraz por el nivel que actualmente está mostrando. Pese a ser un futbolista más acostado a la banda y a las cabalgadas con espacios y pegado a la cal, el capitán granota dio en Balaídos un auténtico máster de cómo jugar como nueve. Todo esto además se conjuga con un estado de forma bestial. En la primera ocasión que tuvo aprovechó el tremendo espacio que se formó entre los centrales locales para recibir un pase perfectamente acariciado por Rochina. El toque del valenciano encontró una mayor sutileza y técnica en el control de Morales, el cual le permitió definir con acierto y gran clase ante Rubén Blanco. Y no se puede considerar como un golpe de fortuna la concatenación de tal preciso control y definición, ya que en el tercer tanto volvió a repetir la acción. Esta vez fue Mayoral quien recuperó y Morales, oliendo el peligro y aprovechando una mala salida de Araujo, le cogió la espalda, acarició el balón para controlarlo y asimismo volvió a hacerlo para alojarlo en la red, mansamente y sin ninguna floritura. Exquisitez técnica.

Sería acertado indicar que el Levante encontró más facilidades de las esperadas por una defensa en cuadro.

Regresemos de nuevo al primer tiempo para destacar el gran papel de Rochina en el mediocampo valenciano. En un encuentro donde Bardhi no encontró su mejor versión, el valenciano fue el hombre encargado de dar el último pase, ya que de la sala de máquinas se encargó un engrasado Campaña. Rochina asistió en el primer y segundo gol, este desde la esquina. A punto estuvo de hacer tripleta de asistencias en una misma parte, pero Moses se encontró con Rubén Blanco cuando empaló otro envío medido de zurda del levantinista. Rochina duró 60 minutos sobre el césped, lo justo y necesario para seguir siendo el jugador más destacado del encuentro. El último nombre a destacar dentro del cuadro granota fue Borja Mayoral. El delantero cedido por el Real Madrid se encuentra en pleno crecimiento en los últimos meses de competición. En Balaídos tuvo que fajarse con la lánguida defensa celeste y sus esfuerzos provocaron innumerables espacios para que Morales destrozara en velocidad. Aun así, obtuvo el premio de lo que mejor sabe hacer tras una jugada individual, encontrando puerta bajo las piernas de Rubén Blanco.

Cierto es que el buen hacer levantinista fue el argumento principal para que los de Paco López se llevaran el encuentro, pero sería acertado indicar que encontraron más facilidades de las esperadas por parte de una defensa en cuadro. Con Cabral en la grada, Araujo y Hoedt fueron los centrales titulares en el centro de la defensa local. Basta con narrar esa parcela defensiva, ya que la gran parte del peligro visitante llegó en la zona central defensiva. El primer error de la tarde estuvo en una falta de achique digna de ver en divisiones inferiores. El espacio que se había generado entre los dos centrales del Celta era suficiente como para que un tráiler lo atravesara. Algo parecido lo hizo, ya que Morales no tuvo piedad. Saltamos de nuevo al tercer gol para no movernos de problemática, ya que, de nuevo, los señalados fueron los dos jugadores del centro de la defensa. Araujo abandonó su posición para tratar de anticipar, sin éxito, un balón en el centro. Su fallo fue pagado caro por el conjunto gallego, ya que el Levante continuó con el balón y, antes de que regresara, Morales ya le había comido la espalda y estaba perforando nuevamente la meta de Rubén Blanco.

El capitán granota dio en Balaídos un auténtico máster de cómo jugar como nueve.

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Los problemas también se producen en colectivo y en juego parado, como quedó demostrado en un saque de esquina que dio pie al segundo tanto de los de Paco López. La mayoría de los jugadores celtiñas ubicados dentro de su área para defender el balón aéreo se vencieron hacia el primer palo, donde se ubicaba Rober Pier. Estos vieron pasar el balón sobre sus cabezas, así como Hugo Mallo vio cómo en parado era incapaz de coger la altura suficiente para despejar el balón. Coke, en carrera, adquirió la altura suficiente para alojar el balón en la portería. El Celta tiene un problema defensivo que solo tiene una solución: Aspas y Maxi Gómez. Los goles de los dos máximos argumentos que tiene el conjunto de Cardoso para salir de la actual crisis sin clave. Marcar más de los que ellos reciban, ese es el diagnóstico, formando así un buen ataque para mejorar la defensa. Como hizo el Levante en Balaídos para llevarse los tres puntos.

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