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La victoria de Niko Kovac en Anfield

Una de las eliminatorias más esperadas por entidad y jerarquía europea de ambos conjuntos, con cinco entorchados continentales cada uno, comenzó con un partido muy marcado por lo táctico, por lo que quisieron hacer unos y lo que pudieron hacer otros. Finalmente, Liverpool y Bayern de Münich dejaron un 0-0 sin grandes dispendios en lo ofensivo y se citaron para un partido de vuelta en el Allianz Arena que dirimirá el pase a los cuartos de final. El empate, en cambio, no deja igual de contentos a ambos equipos. El conjunto inglés llegaba como favorito para llevarse el envite en virtud a su liderato en Premier League y a la consolidación del modelo que Jürgen Klopp se llevó de la Bundesliga a Gran Bretaña. Sin embargo, si alguien puede sonreír hoy es su rival en el banquillo, un Niko Kovac que vio cómo sobre el césped se cumplían sus directrices previas en la pizarra.

El conservador planteamiento de Kovac condicionó siempre al Liverpool a expensas de limitar también el rendimiento alemán en ataque.

 

El conjunto bávaro venía adoleciendo de varios problemas en el campeonato nacional que le impedían estirarse y desarrollarse como equipo campeón y al que ya le está costando ir por detrás de un regular Borussia Dortmund. A su falta de contundencia en las áreas se viene sumando, probablemente además como causa, una severa indefinición en el centro del campo. Difícilmente se puede intuir el plan de Kovac en relación al uso que da de la posesión de balón. Discontinuidad en el ritmo, irregularidad en los nombres y en general bajo nivel de sus principales piezas muestran un Bayern competitivamente débil e inestable. Antes de este partido de ida, por tanto, se intuían problemas para controlar el alto ritmo que imprime el Liverpool a los encuentros en cuanto a presión y transición ofensiva, conceptos que podrían desequilibrar la eliminatoria desde sus primeros pasos. Kovac, en estas circunstancias, decidió no ir al choque, sino tratar de enfriarlo, a sabiendas de no poder competir a esas alturas. Con un cariz humilde significativo, pero también de carácter estratégico, bajó el ritmo del partido, manejó el tempo del mismo y nunca permitió estirarse al conjunto red. En definitiva, trató de minimizar riesgos disminuyendo la probabilidad de que pasaran muchas cosas durante los 90 minutos, pues era consciente de que en ese contexto el Liverpool tendría las de ganar.

La lucha en el centro del campo, en definitiva, no existió. Como se apuntaba, el Bayern quería tener siempre el ritmo muy controlado, y para ello el suyo propio también tuvo que serlo, algo mucho más adaptado a su plantilla. Formó con Javi Martínez y Thiago Alcántara en el doble pivote y el colombiano James Rodríguez en la mediapunta. Los dos más creativos apenas destacaron en lo técnico, y no consiguieron aportar la creatividad necesaria para acercar a su equipo al gol. El navarro, por su parte, sí pudo influir en el juego merced a un extraordinario despliegue físico para cubrir campo y ensuciar jugadas, beneficiándose de ver el fútbol rival de cara gracias a los problemas del Liverpool para crear espacios en el carril central. El ataque alemán se vio por tanto muy limitado por el plan de su entrenador y por los escasos balones en ventaja que pudieron recibir los delanteros. Solo Serge Gnabry desde la banda derecha consiguió amenazar la zaga local aprovechando las subidas de Andrew Robertson, sumando cuatro regates completados y tres disparos, aunque ninguno de ellos puso en apuros a un Alisson Becker que vivió muy tranquilo todo el encuentro.

Dos tiros a puerta del Liverpool y ninguno del Bayern fue el cómputo ofensivo global del encuentro.


Jürgen Klopp, por su parte, no pudo sobreponerse al enlentecimiento del partido que propuso su rival, y tampoco consiguió encontrar vías para desbordar la defensa bávara. Si el Bayern no quiso, él no pudo, y su trío atacante nunca tuvo de cara a Manuel Neuer para obligarle a salvar el gol. Sadio Mané estuvo impreciso y acelerado y Mohamed Salah, la pieza clave para inclinar la balanza, se encontró apartado en banda derecha, lejos incluso del pico del área, y bien tapado por unos aplicados zagueros alemanes. Roberto Firmino, por su parte, detectando la dificultad para agitar la medular por parte de Keita y Wijnaldum, salió del área buscando trazar líneas de pase y desequilibrio a partir de sus movimientos, sin éxito final para generar opciones para rematar. El conjunto red vio muy bloqueada siempre su ansia de correr por un Bayern que supo desactivar esa energía para igualar las fuerzas y emplazar el desenlace al partido de vuelta, donde Klopp querrá a buen seguro llevarse su duelo particular con Kovac, que ayer salió victorioso de Anfield.

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