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A la guerra con Godín

Decía Eduardo Galeano que “no hay nada menos vacío que un estadio vacío”. La noche previa al partido ante la Juventus de Turín, el Cholo Simeone se acostó con la misma tranquilidad que encuentra el escritor al acabar una pieza tras el amanecer. Con el alivio de la propia conciencia tras un trabajo bien hecho. El Metropolitano espera una final de Copa de Europa. Y no por futuro que sea el evento, los rojiblancos no han empezado a soñar. Con mucho por escribir, pero con algunas líneas ya redactas, el Atlético de Madrid vivió una de las primeras grandes noches en su nueva casa. Teniendo presente que el Metropolitano, lleno o vacío, espera que la pluma del Cholo siga juntando letras.

Diego Costa interpretó dónde podía generar, con Koke como socio.

Se presentaba un duelo muy particular en Madrid, entre dos entrenadores especiales. Max Allegri sorprendió con la entrada de Mattia De Sciglio en el once, en lugar de Joao Cancelo, uno de los laterales con mejor rendimiento del continente. A priori, el italiano tendría un papel más conservador, con menos influencia en ataque. Sin embargo, fue una de las vías de entrada por parte de los colchoneros, con Koke y Diego Costa como principales activos. La Juventus se presentaba como una de las candidatas al trono europeo, con la solidez y el peso emocional de la historia reciente y el monopolio de la Serie A. Pero primero Diego Costa y luego Diego Godín -y siempre con la presencia de Antoine Griezmann– el Atlético barrió a la Vecchia Signora.

El balón no quemaba, pero tampoco era la herramienta de trabajo principal. Diego Costa reapareció en la escena representando su papel estrella. Dio forma a la consumación de un trabajo forjado desde el bloque. El delantero se comió a Giorgio Chiellini y Leonardo Bonucci. Ganó todos los balones, jugó de espaldas y resolvió una de las preguntas más importantes del partido: dónde podía generar peligro. Fue con sus caídas a banda izquierda, la zona de residencia de De Sciglio, donde Costa empezó a erosionar la defensa italiana. El lateral no se sintió cómodo en ningún momento. Sin la agresividad en la verticalidad, en algunas ocasiones fue el primer apoyo, en horizontal, de Miralem Pjanic, que quedó aislado de los interiores.

La presión del Atlético impidió a la Juventus una salida limpia y el ataque posicional pausado.

La línea de cuatro centrocampistas del Atlético ganó una de las batallas del partido. Rodrigo Bentancur y Blaise Matuidi no consiguieron conectar con el mediocentro, mientras que Paulo Dybala bajaba hasta la base, partiendo desde la derecha y terminando en posiciones centradas, para dar fluidez a la salida de balón. Pero, ni en campo propio ni una vez establecidos en territorio rojiblanco, la Juve mostró las garras. Como síntoma, los sobreesfuerzos de Cristiano Ronaldo, en sus permutas con Mario Mandzukic -voluntarioso en los movimientos sin balón- para organizar los ataques. El portugués apareció en las dos bandas y por dentro, pero siempre lejos del área. Los italianos no le ofrecieron ningún argumento para que Ronaldo pudiese vivir cerca de esta.

En la segunda mitad, un extraordinario pase filtrado por Griezmann, que siempre supo identificar las zonas en las que tenía que repercutir, a la espalda del centro del campo juventino, terminó con una poderosa carrera que Diego Costa ganó a Bonucci, pero erró en la finalización. A los pocos minutos y con Koke como pasador, Griezmann estuvo a punto de marcar, pero la punta del guante Szczesny prolongó un balón que parecía que nunca caería y terminó en el palo. Fue Koke, precisamente, uno de los argumentos más destacados del Atleti. Partiendo desde el ala izquierda, pero en permanente movimiento cerca del carril central, activó el equipo entre líneas.

La presión coordinada del Atlético detonó el partido. En la temporada que más se dudaba de Simeone, el equipo jugó uno de sus mejores encuentros -quizás uno de los más destacados de la era del argentino-. Y, aun así, los goles terminaron llegando a balón parado. El segundo fue de Godín, cerrando un círculo perfecto. El uruguayo es el tipo de jugador que se forjó en la calle, el que necesitaba trabajar durante cada entrenamiento más que cualquier otro compañero para pulir sus carencias técnicas con balón. Y la lucha y la entrega al fútbol le han catapultado, en un equipo que le necesita, pese a sus características contraculturales al central del fútbol moderno. En defensa, estuvo perfecto al corte, pero el gol culminó algo más allá del terreno de juego, que trasciende a lo futbolístico. Rústico y poco estético, pero eficaz, líder y contemporáneo. El Cholo se llevó a Godín a la guerra y ganó la primera batalla.

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