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El Eibar tampoco puede con San Mamés

El Eibar de José Luis Mendilibar constituye sin lugar a la duda uno de los equipos patrimonio de la actual Liga Española. Es querido y admirado al formar un proyecto deportivo que viene dando muestras de solidez al permanecer en la Primera División ya desde el año 2014, en una ciudad con una población de, no olvidemos, unos 27000 habitantes. Para ello, por supuesto, ha sido necesaria una gestión ejemplar a nivel administrativo y una planificación al detalle desde el punto de vista económico y puramente futbolístico, coronada con la confianza y compenetración con su actual entrenador. Mendilibar supone un plus fundamental de estabilidad, estrategia y experiencia, que viene manteniendo al equipo en lo más alto del fútbol nacional, y que esta temporada ya alcanza los 31 puntos en un undécimo escalón en la tabla que le permite afrontar el final de la competición en una buena posición. Sin embargo, especialmente en esta campaña, hay un factor que se le está atragantando al conjunto vasco y que puede todavía comprometerle en su objetivo de mantener la categoría.

En 12 partidos disputados a domicilio, el Eibar suma 9 goles a favor y solo ha sacado 8 puntos.

 

Tanto a nivel de juego como a nivel de números, no hay color. El puntaje actual del Eibar se sustenta claramente en desempeño como local. En Ipurua suma 23 de sus 31 puntos, teniendo fuera de casa muchos problemas para competir durante los 90 minutos. Porque, aunque a nivel de sensaciones consigue trazar tramos de buen nivel, le cuesta un mundo mantener su tan bien elaborado y estabilizado plan A cuando el equipo rival busca y pelea por llevar la iniciativa. De esta manera, pasa a ser el segundo máximo goleador del campeonato en casa tras el FC Barcelona y el segundo por la cola cuando viaja a otro estadio. Probablemente la falta de un plan B o, en su defecto, una variedad de matices más amplia para su plan principal, esté provocando que el 4-4-2 de Mendilibar que tan bien domina y aprovecha el ancho de Ipurua se quede sin respuesta cuando el ritmo y el contexto no obedece a su voluntad. Y en San Mamés lo pudimos ver con claridad.

El conjunto armero saltó al césped con su reparto habitual de espacios en un medio campo liderado por Joan Jordan, con las alas para Fabián Orellana y Marc Cucurella y una doble punta. Lo primero que se encontró fue a un Athletic que no titubeó en aplicar sus principales conceptos y buscó juego directo sobre Raúl García y profundidad fundamentalmente a través de los desmarques de dentro a fuera de Iñaki Williams, que además sumó otra vez una interesante paleta de apoyos de espalda al marco rival, y la verticalidad de Yuri Berchiche por banda izquierda. Además, Gaizka Garitano intentó mezclar juego a partir de la jerarquía en el mediocentro de Beñat y ubicando a Iker Muniain en banda izquierda. Desde ahí, veía el sistema de cara para ser una pieza más en la circulación y dejar la banda libre para el carrilero. De esta forma, y ayudado por el gol tan tempranero que obtuvieron, dominó la situación prácticamente durante todo el encuentro tanto en ataque como, sobre todo, en defensa. Ahí, supo neutralizar con suficiencia las acometidas de un Eibar que se vio impotente ante el ordenado repliegue local.

Gaizka Garitano consiguió tapar todas los caminos ofensivos habituales de su rival y le puso muy caro el rematar con comodidad.


Garitano emparejó a sus defensas para que el rival sintiera siempre estar chocando contra un muro.
El partido de Yeray Álvarez e Íñigo Martínez fue imperial a partir de una concentración defensiva superior, una defensa del área solvente y una gran capacidad para el achique de espacios y la anticipación a la doble punta del Eibar. Por fuera, Yuri fue el freno de Rubén Peña y Ander Capa se vio asistido por Óscar de Marcos para tapar las subidas de José Ángel y la zurda de Cucurella. En estas circunstancias, ni un irregular Jordan supo incrementar el ritmo de la circulación incluso con su equipo metido en campo contrario, ni Mendilibar, a través de su dirección de campo, logró variar el contexto, pues Enrich, León y Escalante, al entrar desde el banquillo, ocuparon posiciones y roles muy similares a los de sus compañeros sustituidos, de tal forma que, con las vías marcadas, el bloque defensivo del Athletic siempre tuvo claro los gestos y movimientos necesarios para que el empuje del Eibar careciera de filo.

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