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Necesaria oportunidad

La temporada en el Atlético de Madrid no está siendo como se esperaba. La gran expectativa que se generó en verano, con un mercado de fichajes que pareció potenciar el plan de Simeone con balón, chocó con su puesta en práctica. El que precisamente pasaría a ser uno de los grandes argumentos del nuevo conjunto colchonero, la gestión del balón, volvió a enseñar finalmente que padece de la misma falta de sentido que antaño. Pues aun con la utilidad que le da Rodri, sigue sufriendo el mal de siempre porque solo lo puede representar principalmente un jugador: Koke Resurrección

“Es el que mejor interpreta la transición defensa-ataque” sentenció Simeone el pasado fin de semana. El mensaje del míster, más allá de considerar la limitada dependencia hacia un jugador, tenía una carga de optimismo por el hecho de valorar la importancia de esta pieza concreta. Un optimismo del que se ha contagiado toda la parroquia colchonera después de un fin de mes de febrero esperanzador.

La adecuación de un ‘9’ ha sido uno de los condicionantes relevantes en este cambio de cara en el juego colchonero.


La eliminación copera y la derrota en el derbi habían alimentado el pesimismo. No solo porque le apartaban de sus posibilidades en la eliminatoria frente la Juventus sino porque las malas sensaciones en el juego no habían enseñado pizca de mejora en el tramo decisivo. Pero el cambio de cara que Simeone y la plantilla le han dado al juego permite encarar los meses más transcendentales con argumentos para sacarlos con buena nota. Y en estos nuevos argumentos tiene un grado notable de participación un jugador que hace un mes no estaba: Álvaro Morata.

Que el técnico argentino lo haya utilizado en más del 75% de los minutos posibles indica de la importancia de la llegada del madrileño al Metropolitano. La posición de ‘9’ es una de las más importantes dentro del esquema actual del Cholo por su variabilidad funcional y las cualidades específicas que se requiere para serlo. Tanto por la utilidad con balón como sin él y la lectura y determinación para saber actuar en distintos contextos, como el ataque a campo abierto o el aspecto goleador.

En un mes, Morata ha demostrado que puede dar cuerpo a esa figura que ha representado con irregularidad Diego Costa y que Kalinic nunca ha llegado a ser. Con balón desde el apoyo y sin balón desde la generación de espacios, el madrileño ha demostrado ser un socio válido para la capacidad diferencial de Griezmann. El francés siempre iba necesitado de más lienzo para poder deslizar su pincel; una necesidad que parece haber decaído desde la llegada de Morata. Este también ha demostrado su valía en lo que más caracteriza al Atlético: su transición vertical.

Álvaro Morata está consiguiendo interpretar un papel que el Atlético necesitaba para agilizar sus transiciones.


El ex del Chelsea ha sido uno de los detonantes del conjunto colchonero en su propuesta en campo rival, a partir de los tres pasadizos: el izquierdo, el derecho y el central. Por los lados han destacado las aportaciones ofensivas de Filipe Luis y Santiago Arias, con las apariciones intermitentes de Griezmann, mientras que por el centro ha participado Morata. El delantero madrileño ha tenido influencia directa en las acciones ofensivas tanto a campo abierto como en ataque posicional y ha demostrado ser un activo a tener en cuenta en el remate, pues aun habiendo podido cantar solo un gol, sí que ha sido un valor a tener en cuenta en el remate. Pues ha demostrado poseer un instinto rematador, una perspectiva innata de controlar el espacio-tiempo dentro del área que le acerca al gol porque fundamentan la parte casual de este

Una casualidad que se distancia de lo que ha significado Morata para el Atlético del último mes. La del delantero madrileño y el club colchonero parece ser este tipo de relación que tendía a encontrarse, pues la necesidad del colectivo rojiblanco ha correspondido a la necesaria oportunidad del ex merengue por el hecho de haber encontrado un hábitat al que aferrar sus características. Después de que la mala suerte le hubiera acompañado en Chamartín y Stamford Bridge, el Metropolitano abraza su llegada. 

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