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Fútbol hasta la línea de gol

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El eterno mártir

El fútbol es un deporte que inventaron los ingleses, juegan once contra once y siempre gana Alemania. El siempre sabio Gary Lineker acertó de pleno con esta glosa. Una que permanecerá grabada en los escritos balompédicos hasta el fin de la historia. Pero en Valencia no pueden estar de acuerdo desde este jueves. Su equipo ha alcanzado el clímax con el pase a la final de la Copa del Rey. Ante un duro y estudiado Real Betis, el equipo che logró vencer en el partido de vuelta tras una lectura soberbia del eterno criticado: el entrenador. Gracias a Marcelino García Toral, el Valencia pudo dar un giro completo al ritmo del partido y sorprender en el tapete al equipo de Quique Setién. El cántabro vio cómo los suyos no podían frenar a un rival que se creció gracias a los pequeños ajustes que realizó su capitán general en el vestuario. Y así se fraguó un hecho que ya permite soñar a su afición.

Aunque Mestalla no vio el éxito desde el principio. De hecho, la batuta comenzó en las manos del equipo verdiblanco. Setién planteó un encuentro nada alocado, tratando de controlar las acometidas vertiginosas del Valencia. Para ello, tejió una sorprendente pero polivalente red con una alineación de mucho fútbol. Con Canales y Lo Celso actuando, ambos, como falsos nueves, Jesé quedaba como referente en la punta de lanza para meter en problemas a la zaga valencianista. Los carrileros —Joaquín y Francis— avanzaban metros con paciencia para ocupar la zona alta, permitiendo al trivote ofensivo la compactación en busca de espacios tras la línea de contención. Sin embargo, el principal lunar del dibujo bético estaba situado en la banda izquierda. La alineación de Francis como carrilero zurdo dejó un claro hueco por tal sitio. Su naturaleza como diestro hizo que no pudiera encarar ni controlar de cara los balones que basculaban hacia su zona. Así, el ataque bético se centró por el carril de Joaquín. La novedad de la ausencia del delantero natural ya la introdujo el cántabro ante el Alavés, pero, en Valencia, se hizo mucho más notoria. De hecho, cuando Lo Celso caía al centro del campo para recibir, arrastrando al Valencia, Canales alargaba al equipo. El español veía cómo las líneas del Valencia se ensanchaban, facilitando el juego vertical por el carril central.

Setién volvió a apostar por el recurso del falso ‘9’ en busca de tener más opciones de gol. Esta vez, por partida doble.


No obstante, el juego por el medio no le era fácil al Betis. El 4-4-2 dispuesto por Marcelino tenía una máxima muy clara. La segunda línea, formada por Guedes, Coquelin, Parejo y Wass, pretendía contener la inercia constructiva en fase ofensiva del pivote confeccionado por Guardado y William. Así, cuando uno de los dos poseía el balón, del centro del campo che saltaba un jugador para presionar de frente, obligando al Betis a recular o a abrir el juego a las bandas. El espacio que dejaba ese atosigante futbolista lo cubrían los otros tres mediocentros, juntándose a lo ancho para continuar bloqueando el juego bético entre líneas. Aun así, el Betis quería sorprender al Valencia, y lo intentó por medio de un Jesé fundamental en el juego de la primera mitad. Con él como referencia, el equipo de Setién arrastraba hacia campo propio las líneas valencianistas para que Jesé pudiera desmarcarse a la espalda de la zaga rival. Sus desmarques eran el objetivo de los centrales que, con el balón en sus pies, mandaban balones en largo tras Paulista y Roncaglia. El canario partía desde la zona izquierda. Su marca pertenecía al brasileño, consciente de ello, pero Jesé tenía la orden de desestructurar la línea formada por ambos centrales. Su desmarque se orientaba entre los dos, provocando la pérdida de la posición de Paulista y el consecuente vacío que dejaba Roncaglia al cubrirle. Así, el Betis llegaba al área contraria con superioridad numérica desde atrás, gracias al poso con el que Jesé lograba superar la línea antes de recibir.

Fueron cuatro los disparos a puerta que realizó el Betis en la primera mitad. Con la objetividad bien asentada, el Valencia no encontró su lugar en el verde gracias al buen planteamiento ofrecido por Setién. A pesar de que Joaquín no logró controlar su repliegue por el carril diestro, Guedes no consiguió aprovechar la ausencia de obstáculos que se sucedió en dicho lugar. Aun así, Gayà trató de crear la superioridad con ese déficit defensivo del Betis, doblando a Guedes cuando circulaba ahí el balón. Sin embargo, la presión tras pérdida tan bien ejercida por los mediocentros béticos, así como por los tres jugadores más ofensivos, hizo que el equipo de Marcelino no pudiera superar las líneas verdiblancas. De hecho, William o Guardado imprimían una gran intensidad sobre Parejo y Coquelin, quedando el otro en el eje para cubrir el carril central. Aun así, el Valencia llegó a amenazar en el área bética, pero el Betis supo controlar adecuadamente su fase defensiva. Tanto Jesé como Lo Celso retrasaban su posición para paliar la inferioridad de los carriles durante la transición defensiva. Canales, bajando al centro del campo, reforzaba la posición central para apoyar a Guardado y a William, mientras que la zaga realizaba una anticipación muy acertada para cortar las líneas de pase. Esto aisló por completo a unos Gameiro y Rodrigo que vagaban sin ninguna meta.

La chispa que lo cambió todo

Quince minutos en el vestuario dan para mucho. Si se le preguntara a Marcelino García Toral por el descanso, seguro que afirmaría esto con rotundidad. Así se pudo comprobar cuando González González inició la segunda mitad. El Valencia había leído el planteamiento bético y sabía que debía modificar algo de su juego para sorprender a su rival. Lo hizo desde la fase defensiva. El juego del Betis se iniciaba desde el portero hacia los centrales, quienes recibían, desde el primer minuto del partido, una presión muy intensa por parte de Rodrigo y de Gameiro. Sin embargo, al llegar el balón a Guardado, William, Francis o Joaquín, el Valencia reculaba y esperaba en campo propio para ejercer la presión. Pero Marcelino quiso la final como si fuera su primogénito. La línea de presión valencianista dio un paso adelante, y comenzó a actuar desde la línea del centro del campo. Parejo y Coquelin lograron robar el balón con mayor facilidad ante la imprecisión de los jugadores béticos en segunda línea. La culpa fue del excesivo y lento juego horizontal que practicaban los pupilos de Quique Setién. Con el objetivo de bascular pacientemente, la horizontalidad bética era muy palpable, pero acabó condenándoles en la segunda mitad.

El cambio táctico de Marcelino desde la altura de su bloque y la presión sobre la salida de balón verdiblanca fue lo que terminó decantando la balanza en favor del cuadro valencianista.


Y es que el problema llegó al cubrir el contraataque con un equipo roto en el centro del campo. El repliegue del Betis se dividía por bloques y ninguno lo hacía de forma igualitaria. Justo así llegó el tanto definitivo. El robo de balón que precedió al gol de Rodrigo permitió a Piccini encarar a la zaga bética con dos referencias por delante. El lateral italiano trazó una diagonal para amenazar a la línea defensiva bética. La errónea y pronta salida de Bartra para cubrir la línea de pase dejó solo a Gameiro, a quien Sidnei no pudo cubrir tras corregir su posición por culpa del vacío que dejó el catalán. Las líneas estaban batidas y, justo después, lo estuvieron Joel y Mandi tras una certera jugada de Gameiro y del killer español. Desde ese momento, la batuta del encuentro la llevó el Valencia, controlando en todo momento al conjunto bético. Los de Setién no acertaban con su presión, aunque el Valencia terminó por cederles el balón mientras las líneas ches se mantenían estrechas y solapadas en campo propio.

Setién intentó lo imposible con un cambio ligero desde el banquillo. La irrupción de Loren en el partido colocó a Guardado como carrilero izquierdo y a Canales y a Lo Celso ocupando la mediapunta. Quiso el cántabro reforzar así su juego medio para complicar la defensa valencianista y buscarle las cosquillas con un fútbol tejido entre líneas. Trataron de bascular inteligentemente a través de la búsqueda de espacios que querían los carrileros llegando al fondo tras la defensa rival. El delantero marbellí entró al verde para fijar a los dos centrales valencianistas, estrechando así su zaga. Esto permitió a los carrileros generar mayor amplitud en el juego bético, con el fin de encerrar al Valencia en su propia área. Sin embargo, el Valencia se encontraba cómodo con esta situación, y los apoyos que Cheryshev y Guedes ofrecían a sus laterales en la fase defensiva complicaban las triangulaciones al Betis. Canales y Lo Celso, además, no conseguían recibir de cara, siendo forzados a jugar de espaldas a la portería de Jaume. Aun así, lograron batir algunas líneas en ciertos momentos para recibir a espaldas de la zaga, pudiendo enviar balones al área pequeña.

El Valencia podrá soñar al volver a disputar una final de Copa del Rey tras superar al Betis en Mestalla gracias a la buena lectura de partido de Marcelino.El Valencia podrá soñar al volver a disputar una final de Copa del Rey tras superar al Betis en Mestalla gracias a la buena lectura de partido de Marcelino.La escasez de chispa y electricidad que tenía el juego del Betis provocaba una aclimatación al fútbol denso y sólido por parte del Valencia. La acumulación de mediocentros béticos ante la solidez del bloque defensivo valencianista potenció un juego horizontal propio de Setién que se quedó en estéril. Y la tumba del Betis se cavó en los últimos instantes del encuentro. Marcelino hizo ingresar en el campo a Diakhaby, en sustitución de Gameiro. Con la línea defensiva de tres centrales, el Valencia neutralizó por completo los escasos golpes que los béticos enviaban a la portería valencianista. La desesperada decisión de Setién de situar a Feddal como delantero no pudo dar beneficio al cántabro, que vio cómo la batalla se decantaba, ya sí, del lado local. Así, Marcelino pudo saltar y botar de alegría ante los suyos con un pase a una final muy merecido. El duelo táctico lo había ganado el valencianista. Un simple detalle como fue la altura y el momento de la presión de la segunda línea che dio al Valencia la seguridad de ostentar el pase en su bolsillo. Y aun así, el técnico será el eterno criticado en el fútbol. Porque Lineker no se equivocaba, el fútbol lo inventaron los ingleses. Pero ni siempre lo ganan los alemanes ni son once contra once. Hay que contar con una figura más. El entrenador es el que vence. Y sus soldados, los que le llevan en volandas.

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