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Cronología de una caída

La derrota de Vinícius, llorando a lágrima viva cuando el partido aún vivía, fue la del Real Madrid. El equipo de las cuatro Copas de Europa en los últimos cinco años cayó como caen las hojas en invierno, y se fue de su Competición sin hacer ruido, sin mirar atrás. Quizás este haya sido su error. No mirar lo que les hizo campeones, desplazar el talento de la ecuación en pro de una (no) estructura que les permitiese crecer. La derrota del Madrid es también la de Marcelo e Isco, poetas del balompié, que cayeron en el ostracismo, perdidos por el camino, fuera del embate que más repara en el talento y la contundencia; la Copa de Europa.

El Ajax cree en el destino, en los finales felices. Saltaron al terreno de juego convencidos de que el viento les iba a favor, esperando su ocasión, conscientes de que los 90 minutos en el Johan Cruyff Arena no fueron casualidad. Falló Kroos, y el Real Madrid, que lleva mucho tiempo suspendido en el alambre, se cayó. Fue el alemán, pero en realidad fueron todos, porque salvo la grandeza de Modric y la rebeldía de Reguilón, los blancos parecieron no saber afrontar el reto que se les presentaba, como si el golpetazo les hubiera dejado en fuera de juego. Los holandeses entendían cada milímietro del Santiago Bernabéu, comprendiéndolo mucho mejor que sus homólogos. Desde la base con un De Ligt soberbio, pasando por el centro con De Jong ganando «su primer Clásico» y terminando por Dusan Tadic y una de esas exhibiciones que pueden contarse con los dedos de una mano en la última década en Copa de Europa.

El Real Madrid no caía eliminado desde 2015. 1392 días después.


El mensaje de Santiago Solari en su debut haciendo hincapié en lo testicular, eso que apela a la bravura y el orgullo, terminó por aturdir a sus pupilos, más cómodos en el sistema de Zidane, más cómodos con libertades que con restricciones. El Madrid, que ha interiorizado el mensaje de su técnico, jugó como se juegan los últimos 5 minutos del partido teniendo que remontar, acelerando cada pase, saltando a la presión de forma desorganizada. El Ajax, que tiene uno de los equipos con más calidad de Europa, atendió a las llamadas del contrario, unas que parecían incitarles a jugar el partido de su vida. Abrieron la puerta y descubrieron latifundios de verde tras cada pieza blanca. Solo Luka Modric pareció entender qué debía hacer el partido, fue Kroos y Casemiro a la vez, y terminó ahogado, tiritando como se tirita cuando el alma ya no te pertenece. Porque la del Real Madrid, si es que tiene, es la Liga de Campeones.

Casemiro fue la grieta por donde se colaron los rivales, Kroos nunca dio tranquilidad y Modric terminó exhausto antes del minuto 60.


Las lesiones prematuras de Lucas Vázquez y Vinícius Jr obligaron a la rápida entrada de Marco Asensio y Gareth Bale, una decisión que hizo caer el plan inicial pero que encontró en los sustitutos y en su pegada la única vía que les acercara al gol. El Madrid es a día de hoy un equipo en estado de descomposición y los rivales huelen el cadáver. Incluso la templanza de Toni Kroos parece haber desaparecido. Solari, que desde el costado no paraba con sus «vamos a jugar», no pudo dar la vuelta al partido porque no sabía cómo hacerlo, porque tiene un plan que no encaja con sus jugadores y los que pueden desatascar estas situaciones (Isco, Marcelo) no estaban, ni han estado, en su plan. Mientras David Neres, Tadic y Ziyech desdibujaban la defensa blanca, huérfana sin Sergio Ramos, dejando uno de esos partidos que, con los años, va a coger aún mayor dimensión.

Del partido de los holandeses sorprende, más allá de su avalancha futbolística, la capacidad emocional de unos jugadores imberbes de remontar, aguantar y hacer explotar el Santiago Bernabéu, de controlar los intangibles que hasta ayer, dominaba su rival, el Madrid. La obra de Eric Ten Hag no se vio cuestionada ni con la derrota en la ida, cuando su equipo asombró Europa con un partido valiente. Paciente, preparó el encuentro sin reparar en la derrota anterior, advirtiendo -con atino- que el camino era el correcto. Presionó, buscó los nervios escacharrados del Madrid, le desordenó e hizo parecer que hasta fuera fácil. Tadic, con una ruleta delante de Casemiro, como escondiéndole el pase a cuartos de final, dejó la jugada que mejor define a este Ajax. Nunca el Bernabéu pesó tan poco.

El gol de Marco Asensio, que podía abrir esa rendija en la que la palabra remontada, tan ligada a la cultura blanca, pudiese salir a flote, no sirvió sino para consumar la muerte de los de Solari, abatidos, incapaces de abastecer la alegría y la jovialidad del Ajax, que encontraban en cada pase vertical un islote de posibilidades y esto, con De Ligt, De Jong o Tadic, es un caramelo. El VAR fue el protagonista inesperado en el que el Madrid se encomendó para creer que sí, que era posible, pero la decisión, como todo en el partido, les fue en su contra. Hubo gol y hubo caídas, como la de Gareth Bale, quien su agente afirmó que «la afición debería besarle los pies por los goles que ha marcado», sin reparar en que la gente recuerda las derrotas como balas enquistadas, y la de hoy no va a caer en el olvido. Su tobillo, torciéndose como su gesto, fue una metáfora perfecta de la noche del Real Madrid, y de su temporada.

Es difícil saber cuándo empezó a acabar todo, pero ya advirtió el poeta Cesare Pavese que «alguien murió hace mucho tiempo – alguien que intentó, pero no supo.» Cardiff, aún grabada en la retina, fue el cénit de una generación que por encima de todo creyó en su talento, un poso que le permitía imponerse emocionalmente a cada bache, salir ileso de todos los frentes. Y el Ajax, que ha desnudado hasta lo irreal al Real, presenta su aval para esta Copa de Europa. Ya advirtió Louis Van Gaal en el último número de la Revista Panenka que esta generación optaba a la Champions. ¡Está loco!, dijimos. Pero tenía razón.

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