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El ocaso de una generación

El Borussia Dortmund salía al césped de su estadio con una instrucción clara: dominar, generar peligro, definir rápido. Lucien Favre sabía que la empresa sería difícil, pero no imposible. Su calidad parecía casi asegurar la vía necesaria para el triunfo, pero cuando la victoria no es suficiente y las matemáticas deben participar en el partido, todo se complica. El equipo germano se despide de la Champions League con un sabor agridulce. El de un partido mediocre en Londres sin su mejor hombre y el de un sinsabor en casa, chocándose con las líneas de los Spurs una y otra vez, sin saber cómo encontrar la fractura que les dejara añadir la pimienta al partido.

Ni Sancho, ni Weigl, ni Akanji pudieron acallar lo que parecía este Borussia Dortmund. Ni siquiera la capacidad de Alcácer para intentar crear peligro allá donde no hay nada fue suficiente para intimidar a un Tottenham que apenas tuvo oportunidades más allá de mantener la compostura y esperar sus oportunidades. La que tuvieron, la supieron colar. Y es más fácil si contigo juega Harry Kane. A pesar de la juventud, la calidad y del talento, el Dortmund de Favre apenas pudo aguantar una parte el marcador local sin goles. En la segunda parte, un zarpazo solitario y violento del ariete inglés conseguía el marcador final que alejaba a los alemanes de los cuartos de final de la Champions League. Un partido pobre, con escaso ritmo y con la sensación de que quien menos creía en la remontada, eran los germanos. Los ingleses, cómodos en el 3-0 de la ida, jugaron un partido correcto, en el que la peor noticia (y quizá un alto precio) fue la lesión de Winks, sensación del equipo, que recién salía de otra.

Atrás quedaron las siempre disputadas eliminatorias y las cuidadas jugadas con las que el equipo alemán consiguió ganarse el respeto del mundo del fútbol por la vía europea.


Con dos jugadores que perfectamente podían recordar los grandes tiempos del Borussia Dortmund en la máxima competición europea, el equipo de Renania del Norte-Westfalia no supo estar a la altura de los grandes días del pasado. De nada sirvió el recuerdo. Marco Reus y Mario Götze notaron los años sobre la espalda, además de los minutos sin conseguir mover el marcador. Ni las carreras del uno ni la iniciativa del otro conseguían que el conjunto germano rozara con el ritmo necesario para incomodar a los de Pochettino. Vieron pasar ante su cara las imágenes de un tiempo pasado no demasiado lejano, en el que el conjunto aurinegro reinaba en las portadas y en los noticiarios sembrando de fútbol los campos por los que pasaba. En esa época en la que la Bundesliga se coronó con una final apoteósica en 2013, en la que, a pesar de acabar cayendo, el Borussia Dortmund supo marcar a fuego su recuerdo.

Atrás quedaron las siempre disputadas eliminatorias y las cuidadas jugadas con las que el equipo alemán consiguió ganarse el respeto del mundo del fútbol por la vía europea. El equipo borusser, con la Bundesliga en duda tras haber perdido la valiosa distancia con el eterno rival, el Bayern de Múnich, el equipo de Reus y cía debe mejorar su juego para que sus aspiraciones no caigan como lo han hecho ya sus opciones en Europa, ante su afición, en el Signal Iduna Park.

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