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Futuro y pasado

La del Valencia se está ganando ser una de las resurrecciones del curso después de no perder en los últimos doce partidos entre las tres competiciones que está disputando, con un balance de 17 goles a favor por 6 en contra. Más allá de los nombres de más peso en esta dinámica tan positiva, como Rodrigo y Dani Parejo, la reivindicación del conjunto valenciano ha nacido a partir de la estructura. Este sentido colectivo que tan bien ha sabido transmitir Marcelino García Toral en la defensa inquebrantable de su característico 4-4-2. Las sensaciones y los resultados invitan a pensar en un final de temporada sonriente en Mestalla, pero dentro de esta regularidad positiva existen un conjunto de irregularidades que frenan la expectativa. El futuro coloreado a corto término choca con la grisura de lo que fue el Valencia hasta principios de este año. En los octavos de final de la Europa League, el conjunto che se encontró a un rival que le puso a prueba a base de enseñarle estos defectos que también marcan la actualidad ascendente del club.

Siendo consciente de que en una eliminatoria existen momentos para ambos equipos, el Valencia decidió ser el primero en tirar los dados. La primera media hora del partido fue suya por su dominio tanto con balón como sin él. Los valencianos generaron un flujo de circulación muy saludable que descolocó constantemente la defensa rival. El alto número de pases y la rapidez con la que se ejecutaban les permitía juntarse y ganar imprevisibilidad a partir de un Gameiro activo como tercer hombre, un Dani Parejo excelente como termómetro para enfriar o calentar el ritmo y un Rodrigo sublime como corazón del juego valencianista, bombeando pases y movimientos en todo el ancho del campo rival que agilizaban la propuesta che. A todo esto, los representantes del juego exterior iban al compás del equipo, dando amplitud u ocupando los espacios que dejaban los compañeros interiores.

El Valencia completó unos de los mejores treinta minutos de la temporada a partir de Dani Parejo y un Rodrigo Moreno estelar.


Además de la actividad con balón, el hecho de mantenerse juntos también facilitaba la labor sin el esférico, ahogando las pretensiones del Krasnodar en salida. Sobre todo las de un Kaboré que, hasta que no se asentó en el encuentro, provocó pérdidas de mala calidad, por hacerlo o bien en el centro o bien en campo propio, que eran oro para los de Marcelino, ya que no solo tenían argumentos dañinos en el ataque posicional sino también al contragolpe.

Aun así, cuando el Valencia pasó a ser un equipo reactivo, se acabaron casi por completo las posibilidades de agitar aún más la eliminatoria. El conjunto che cedió metros a su contrincante y la creciente presencia de la posesión en su terreno le retrasó demasiado como para aprovechar al contraataque las pérdidas rivales. Poco a poco, el Krasnodar se agigantó a partir de avanzar por dentro, con un Gazinsky muy inteligente, para acabar profundizando por los costados en el último tercio. A partir de entonces, las posesiones del Valencia eran menos rápidas, con menos pases y por tanto menos continuas. Los rusos se hicieron amos y señores del balón y también del dominio sin él, pues su presión conseguía retener toda intención valencianista. Así, tanto Parejo como Rodrigo no pudieron enderezar el rumbo local, con jugadores como Guedes lejos, no ya de su nivel, sino del tono competitivo.

El conjunto che acabó cediendo ante un rival que le acosó en los puntos donde es más vulnerable.


Marcelino intentó estimular a los suyos desde el banquillo, pero ni Santi Mina ni Cheryshev ni Rubén Sobrino consiguieron corregir las carencias desde el frente de ataque. A diferencia de su rival, el Krasnodar sí que encontró en la modificación de piezas un camino a seguir, pues el hecho de retrasar a Ramírez y colocar a la izquierda a Cleason generó más espacios en favor de los rusos. Una gestión coherente que acabó neutralizando a un Valencia que tiene argumentos para encarar el final de temporada con optimismo pero que también debe cerrar estas heridas que no le permiten ser más regular en su dinámica positiva.

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