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Un triángulo de juego para Rubi

Tras un bajón importante en sus resultados, el Espanyol acudió al mercado invernal para tratar de recobrar el aliento, volver a esa dinámica y esas sensaciones que le hicieron copar las primeras posiciones en la tabla con tal de alcanzar unos puestos de tranquilidad respecto al descenso. Cambió mucho la película en Cornellà desde aquellos lejanos meses estivales, quizás porque el ritmo de puntuación inicial no se correspondía con el nivel real de la plantilla, pero está claro que los de Rubi mostraron una capacidad de juego que difícilmente podría hacerles sufrir a lo largo de la temporada. Pero perdieron la chispa y los resultados no acompañaron.

Atravesando una dinámica muy errática, donde los números pericos hicieron caer al equipo a posiciones de urgencia, el trabajo de la secretaría técnica para incorporar aquellas piezas que rejuveneciesen el juego ofensivo del equipo fue fundamental. Quizás las incorporaciones sonaban muy exóticas, con un par de cesiones desde Lisboa y un jugador que la estaba rompiendo, pero en una liga del nivel de la china. Las dudas no terminaban de despejarse para el aficionado blanquiazul, pero Rubi tenía confianza, y en su progresiva apuesta por sus nuevos soldados el paso de los minutos le ha ido dando la razón a la par que la afición recuperaba la sonrisa.

Las incorporaciones de enero han demostrado encajar a la perfección con lo que demandaba la plantilla en ese momento de la temporada.

 

En este ya clásico 4-3-3 de Rubi, la formación de triángulos en fase de construcción era imprescindible para entender los automatismos y mecanismos del conjunto espanyolista con el balón en los pies. En ese contexto Marc Roca sacó a relucir toda su calidad posicional desde el pivote, con Granero y Melendo -este último en el tramo más reciente de la temporada- aportando toda la calidad que atesoran en sus botas para dar brillantez y fluidez a la posesión perica. Sin embargo, la estructura se fue cayendo, sobre todo en el último tercio de terreno, dando lugar a numerosas imprecisiones que impedían a los de Rubi desplegar todo su fútbol en un contexto donde solo Borja Iglesias conseguía mantener el nivel. El Espanyol necesitaba revitalizarse bien cambiando de idea o con nuevos matices que diesen otra dimensión a su juego. Matices que llegaron a partir de la savia nueva en el mercado de enero.

Alfa Semedo es al que menos hemos visto, pero tanto Wu Lei como ahora Facundo Ferreyra han destacado en las oportunidades que han gozado con la zamarra blanquiazul. El delantero asiático se ha mostrado como un jugador muy incisivo, siempre con la portería como objetivo y con una velocidad punta endiablada a la que acompaña un trabajo constante. Ya debutaría en el apartado goleador, aquello que más destacó en su carrera en China, ante el Valladolid la pasada jornada, pero en San Mamés ante el Athletic dejó buena muestra de lo que puede ofrecer el extremo chino. Entrando en los planes de Rubi desde el costado zurdo, Wu Lei ha gozado de gran libertad de movimientos, siempre tendiendo, por esa naturaleza goleadora, a centrar su posición para buscar la portería rival, pero a partir de él se ha encontrado un matiz que está dando de nuevo alas al Espanyol en ataque: su asociación con Esteban Granero.

Granero y Wu Lei; dos jugadores que parecen entender el fútbol desde el mismo punto de vista.

 

Como quedó muy patente en el empate frente al Athletic, en un Espanyol que por tramos del encuentro llegó a ceder la iniciativa con balón a los bilbaínos, parecía que los jugadores pericos con mejor pie sobre el césped se buscaban a propósito. Con el pirata Granero como poseedor del cuero, el madrileño buscaba incesantemente a Wu Lei, que como habíamos dicho trataba de ocupar posiciones interiores, formando un triángulo con un Ferreyra más enfocado a fijar centrales y a aprovechar los espacios que generaba Wu Lei con sus constantes distracciones en las marcas. Fruto de esta asociación entre los tres protagonistas nació el gol que adelantaba al conjunto perico en San Mamés, en una clara demostración de lo que su unión puede aportar: Wu Lei bajando a recibir por dentro, asociándose con Granero para que, como buen estratega aficionado al ajedrez que es, acabase filtrando un balón exquisito al desmarque del asiático que dejó en bandeja el gol que Ferreyra se encargó de definir a un solo toque. Algo que casa también a la perfección con el rol y el estilo de juego del protagonista indiscutible esta temporada en clave espanyolista; Borja Iglesias.

Y es que la semejanza en el perfil entre el delantero gallego y el argentino hace que estas mismas virtudes que aportan la asociación Granero – Wu Lei puedan extrapolarse a la presencia de Iglesias en el once, algo básico y fundamental para las aspiraciones del Espanyol. Si Rubi consigue activar a su equipo desde ese costado zurdo dando protagonismo a Granero con balón y potenciando su asociación con Wu Lei, el conjunto blanquiazul puede ganar argumentos de peso para atacar con solvencia el área rival sin depender de una forma tan elevada de la autosuficiencia de Borja Iglesias en punta. Un triángulo que está llamado a dar alegrías a la parroquia perica.

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