La grandeza de Ben Yedder

El Sevilla parece seguir dando bandazos en lo que a proyecto y entrenadores se refiere desde que el mediático director deportivo Monchi se marchase con dirección Roma. El último, aún sin que Monchi anunciase su vuelta, fue el de destituir a Pablo Machín tras la eliminación europea en Praga y darle el mando a Joaquín Caparrós, que hasta entonces era el que actuaba de director deportivo. Un lío difícilmente entendible y que desconcertaría a cualquiera. Pero no, hay un hombre, un delantero, un superclase que no parece haber sufrido ningún bajón de rendimiento en medio de todo este asunto: Wissam Ben Yedder.

El delantero francés de origen tunecino es un atacante completísimo. No parece darse cuenta todavía Didier Deschamps de ello puesto que sigue sin convocarle a pesar de ser el segundo francés con más goles esta temporada. Pero, pese a que en muchas ocasiones solo salga a relucir su capacidad goleadora, su potencial va más allá. No solo es puro instinto goleador, sino que controla otras facetas que le permiten adaptarse a muchos estilos y entrenadores, y entenderse a la perfección con todo tipo de jugadores a su lado. Ha funcionado, aunque en distintos grados, con Jorge Sampaoli, Eduardo Berizzo, Vincenzo Montella, Machín, y con el propio Caparrós. Y ahí reside su virtud.

Gol, gol y más gol bajo las órdenes de cualquiera.


Aunque como se ha dicho, lo que define casi siempre a Ben Yedder es su instinto goleador, que siempre aparece en el momento adecuado para marcar gol. Lo ha hecho en citas vitales como en Old Trafford en Champions, en partidos vitales de Europa League exitosas o con Machín en momentos muy complicados como en la goleada a la Real o en la eliminación en Praga. Pero es que también ha marcado en su primer partido con Caparrós. Fue de penalti, pero esa es otra de sus virtudes: tiene sangre fría para ser un grandísimo lanzador de penaltis.

Todo esto solo realza su figura y su grandeza. El delantero francotunecino es un goleador nato, que es capaz de erigirse como estrella goleadora con muchos entrenadores muy distintos, anotando de maneras muy diferentes, pero siempre creando peligro. Esta temporada lleva 28 goles entre todas las competiciones. Un gol cada 111 minutos. Demoledor. Ha demostrado que jugando con un estilo más de posición marca goles, que a la contra es letal, que moviéndose en el área en centros laterales hace mucho daño y que desde el punto de penalti da seguridad.

Infinidad de recursos para adaptarse.


Caparrós no debe estar preocupado por el rendimiento de Ben Yedder pese a su intención de cambiar bruscamente el estilo
de juego del Sevilla. Parece que los hispalenses van a jugar con un 4-4-2 más rígido a partir de ahora, donde Ben Yedder compartirá punta de ataque o bien con André Silva o bien con Munir. En su primer partido anotó el gol de la victoria desde los once metros, pero dio, como siempre, distintas salidas al juego sevillista. El francotunecino venía jugando también con otro delantero en el esquema de Machín, donde resaltaba mucho, pese a que el juego del equipo no terminó de convencer al Sánchez Pizjuán en su tramo final.

Cuando tiene que venir a recibir y marcharse y que el juego sea más pausado, el delantero sevillista se siente cómodo, pero es probable que brille menos. En cambio, cuando el equipo juega más directo, busca el ida y vuelta y corre al espacio, el ‘9’ saca a relucir todo su potencial. Es viable pensar que se siente más arropado jugando con un punta más referente a su lado, pero no es indispensable para que Ben Yedder se luzca. Posee un sinfín de cualidades que le permiten adaptarse a distintos estilos de juego y poder rendir así, a la altura de las expectativas.

Su juego de espaldas a portería es muy bueno, pero lo es aún más su regate y su manera de encarar a un defensor. Destroza caderas con una facilidad pasmosa. No solo regateando, ya que rompe al espacio a la espalda de la defensa de manera brillante, seguramente derivado de su experiencia como internacional en una disciplina como el fútbol sala. También destaca en la definición, como no podía ser de otra manera. Es letal en el uno para uno, pero también destaca en el resto de formas de remate, ya que acomoda a la perfección el cuerpo en los disparos y se mueve como pez en el agua buscando el hueco perfecto para los cabezazos. Por sacarle defectos, no tiene el físico necesario para aguantar el partido entero tirando desmarques, y también le cuesta participar activa y continuadamente en el trabajo defensivo. Pero, pese a ello, la grandeza de Wissam Ben Yedder seguirá luciendo en el Sánchez Pizjuán.

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