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Un Girona bilingüe

El Girona lleva todo el curso hablando dos lenguas, pero ninguna de las dos le es natural. Por un lado, la herencia del sistema de tres centrales de Pablo Machín que tanto caló en un plantel que apenas ha cambiado alguna cara desde su marcha. Por el otro, la mirada cariñosa de Eusebio Sacristán en torno al balón y la manera de gestionarlo. En un inicio, el técnico de La Seca optó por combinar ambos lenguajes para aprovechar su riqueza ambigua, pero el experimento fracasó a las pocas semanas por la lógica falta de asimilación de los conceptos en un grupo no diseñado para ello. Hacía falta practicarlo más, naturalizar la propuesta de Eusebio. Ahí fue cuando el vallisoletano se decantó por recurrir al dibujo de su predecesor como discurso mientras implementaba el suyo a espaldas de la competición. Esto le dio oxígeno para poder enseñar su perspectiva mientras su puesta en escena, más sólida por experiencia, era una opuesta. Paradójicamente, Eusebio utilizó el sistema de tres centrales como recurso al igual que la tendencia de la temporada actual, cuando ha sido un método estandarizado en pos de sorprender al rival. Aun así, mientras el técnico del Girona lo utilizaba como medio, el resto de entrenadores lo utilizaban como fin. Un recurso, sí, pero con distintas perspectivas.

El sistema de tres centrales está pasando a convertirse en un recurso sólido mientras el de cuatro defensas destaca por su emergencia líquida.

 

El viaje dual del Girona tuvo un capítulo algo conclusivo, aunque aún le quede recorrido, el último partido en Butarque, donde el técnico de La Seca utilizó ambos sistemas como modo de expresión. En ambos dibujos, el Girona tiene argumentos a los que aferrarse, pero también cuenta limitaciones evidentes que debe pulir, sobre todo el que es más nuevo.

En el sistema de tres centrales y dos carrileros, el Girona siente la idea como propia, pero hace falta el líder que vaya en sintonía con el grupo. El principal inconveniente ha sido que este esquema tiene más pasado que presente en Montilivi porque Pablo Machín ya no está. Esto es, como no hay un líder en el dibujo y en la manera como se desenvolvía con Machín, parece que el equipo viva del recuerdo porque Eusebio no puede añadir unos matices que mayoritariamente desconoce pero sobre todo en los que no cree. Así pues, el sistema de tres centrales es un recurso claro porque tiene un límite, no impide progresar al colectivo porque su existencia no va más allá de la que quieran darle los jugadores. Peca de ser demasiado mecánico y carecer de elementos imprevisibles en ataque que descoloquen al rival porque el colectivo solo está guiado por el recuerdo, algo que se distingue por incontrolable. Lo único que ha escondido parcialmente esta sensación ha sido la voracidad goleadora de Stuani.

Uno de los factores principales de la irregularidad del Girona en el juego ha sido la poca relación futbolística entre la plantilla y su director.

 

En la propuesta de cuatro defensas de Eusebio, el vallisoletano se debe enfrentar a la limitación de perfiles de que dispone en su plantilla, sobre todo en el medio del campo, la parte más importante. Los componentes de este sector tienen atributos contribuidores, pero tienen un defecto muy llamativo: les cuesta soltar el balón con rapidez. El único diferenciado es Aleix García, que es el que menos se aleja de la escuela que defiende Eusebio. Àlex Granell tiene una izquierda de seda que encajaba con Machín, pero se ha tenido que adaptar al pase corto este curso. Pere Pons es un perfil defensivo con una conducción prodigiosa, pero también le falta desenvoltura en espacios cortos. Y Douglas Luiz defiende bien el cuero y sabe gestionarlo, pero también peca de conducciones y de retenerlo demasiado tiempo.

Por otro lado, también cabe incidir en cómo Eusebio está usando dos de sus mejores elementos, Aleix y Borja García, puesto que el primero se está encargando de dar amplitud mientras Portu recibe menos presionado entre líneas y el segundo a veces está pegado a la cal, lejos de la jugada y, por tanto, del balón. Esto provoca que, junto a la deficiencia de piezas con valor asociativo, al Girona le está costando mucho no solo tener un ritmo de circulación sana sino mantener la posesión. La segunda parte en Butarque deja constancia que aún falta recorrido para interiorizar los automatismos, pero el bilingüismo ya no es el mismo que el de principio de curso. Hay un sendero claro y, en él, plantilla y entrenador parecen ir de la mano.      

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