La nueva Italia del Quattrocento

Un artículo de Alex García (@fubolo_ en Twitter)


La necesidad precipita la toma de decisiones, y un país de gran tradición futbolística como Italia no podía permitirse tropezar con el mismo obstáculo por segunda vez consecutiva. Dejar atrás el pasado era el primer paso para reconstruir un proyecto hecho añicos. El fin de la etapa de Gian Piero Ventura trajo consigo un sinfín de cambios, comenzando por la llegada de Roberto Mancini y el adiós de estrellas consagradas como Gianluigi Buffon, Daniele De Rossi o Matteo Barzagli. El renacimiento de esta gran potencia requiere de una primera etapa capaz de sentar los cimientos sobre los que construir la azzurra del futuro más próximo, la que peleará por estar en la Eurocopa de 2020.

El nuevo proyecto de Mancini parece asentarse poco a poco tras un comienzo tibio, donde el equipo no sabía qué proponer sobre el terreno de juego, pero que fue suficiente para salvar los muebles en el último momento en la Liga de Naciones. Su característico 4-3-3 parece innegociable, aunque durante los encuentros es sometido a cambios tácticos como los que se pudieron ver ante Finlandia, donde la figura de Bernardeschi se convierte en el centro neurálgico de un 3-2-4-1 focalizado hacia la recuperación de balón en tres cuartos de campo y el control de los encuentros gracias al tridente que forman Jorginho, Verratti y Barella en la medular.

La dupla que forman Bonucci y Chiellini no genera dudas, pero la azzurra tiene un gran problema en los costados que Mancini ha solucionado parcialmente con el cambio de esquema en fase ofensiva. Dos laterales de largo recorrido como Piccini Biraghi no dotan de estabilidad a una zaga ya de por sí caótica, pero el técnico de Jesi da libertad a uno de ellos para instaurarse en la medular mientras el otro cierra la defensa de tres centrales. Ante Finlandia vimos ambos casos. Con Moise Kean en el costado izquierdo, era Piccini quien adelantaba su posición, pero en el segundo tiempo, Mancini invirtió los papeles para dar mayor libertad a Biraghi. Al menos, el problema de la portería es inexistente. Donnarumma está demostrando que puede suplir a Buffon sin problemas.

Y esta etapa tiene ciertas similitudes con el Quattrocento italiano, la primera fase del Renacimiento en términos artísticos. Dejar atrás el pasado, un cambio de estilo, pero con tintes clásicos… Y, sobre todo, que tiene su centro neurálgico en Florencia. Porque el rejuvenecimiento de esta selección pasa por varios futbolistas relacionados directamente con la Fiorentina. Del protagonismo de Bernardeschi ya hemos hablado. El ex del conjunto viola es el centro neurálgico del combinado nacional. Y lo hace con un papel similar al que desarrolla en Turín, partiendo desde el costado derecho, pero con libertad absoluta para moverse por toda la zona exterior del área contraria.

Como ya ocurriera en el Renacimiento italiano, el resurgir de la azzurra tiene su base principal en Florencia.


Otro futbolista llamado a ser importante en este camino hacia la Eurocopa es Federico Chiesa.
 A sus 21 años es líder absoluto del conjunto viola y ya demostró que puede ser titular con Mancini. Cuando el técnico italiano no utiliza una referencia en la punta del ataque como Immobile o Belotti, él entra en juego para formar el tridente ofensivo con Bernardeschi y Lorenzo Insigne, como vimos en la Liga de Naciones. Mentalmente parece más capacitado que cualquier joven para coger los galones de la selección. Junto a él, Cristiano Biraghi parece ser fijo en el lateral izquierdo. Quién lo diría tras su etapa en Granada. El lateral viola es clave para Mancini y, si nada ocurre de aquí a 2020, será el lateral de la Eurocopa.

La renovación de Italia tiene un nombre propio, Nicolò. Y este nombre hace referencia a dos futbolistas que apuntan muy alto. El primero, Barella, que ya es fijo en los esquemas de Mancini. Partiendo como interior izquierdo en el 4-3-3, hace labores de box to box e incluso de mediapunta compartiendo posición con Bernardeschi cuando este decide centrarse. El segundo, Zaniolo. Es el gran nombre del fútbol italiano en el último año. Titular en la Roma -tras jugar en la Fiorentina e Inter de Milán- y convocado con Italia a sus 19 años, actualmente no tiene un hueco en el once, ya que cuando más brilla es jugando en un 4-2-3-1 por detrás de una referencia como Dzeko. No estaría mal verle tras Quagliarella en Italia. Los rivales del grupo darán margen de pruebas a Mancini, eso está claro.

Por último, hay varios personajes secundarios que tendrán protagonismo en esta fase de clasificación. Nombres como los de Moise Kean o Alessio Romagnoli apuntan a suplentes de lujo. El primero es un revulsivo empedernido. Cada vez que entra al campo genera peligro. El segundo es el principal relevo a la dupla formada por Bonucci y Chiellini, ya que ni Caldara ni Rugani parecen dar ese salto de calidad necesario que necesita la selección. Si los máximos exponentes del Quattrocento fueron Donatello, Botticelli o Piero della Francesca, la nueva generación de futbolistas italianos viene para dotar de un toque artístico a un país necesitado de buen fútbol. 

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