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Inglaterra quiere seguir sonriendo

En 1996, ante un Wembley entregado, Andreas Köpke se interpuso entre el balón y las aspiraciones de Inglaterra en el último lanzamiento de la tanda de penaltis de los locales. Möller no falló después e Inglaterra se quedó fuera de la Eurocopa en su propio país. En ese punto de penalti, a once metros de sus sueños, quedó desolado un hombre: Gareth Southgate. Unido siempre a ese cruel destino, el jugador se convirtió en entrenador y, veinte años después, logró presentar en el Mundial de Rusia 2018 un equipo con una renovada forma de competir y, sobre todo, un grupo comprometido con el orgullo de representar al país que inventó este deporte.

Habiendo igualado la mejor marca desde el Mundial de Italia en 1990 y consiguiendo demostrar que Inglaterra tenía mimbres para competir ante los mejores, los hombres de Southgate se presentan, solo un año después de su gran rendimiento en Rusia, para seguir demostrando que los Pross están más vivos que nunca. La participación de los ingleses en el Mundial se cerró ante Bélgica, con una dolorosa derrota que no permitía mejorar el cuarto puesto conseguido veintiocho años atrás. No obstante, el verdadero final del camino inglés se dio unos días antes, ante Croacia. En ese duelo, Inglaterra se presentó con su once de gala y acabó claudicando ante Modric y cía.

Solo unos meses después la selección de Gareth Southgate se vería las caras de nuevo con la misma que los apeó de la lucha por la final en Rusia 2018, en la Liga de las Naciones de la UEFA. Ganando dos partidos y perdiendo y empatando uno, Inglaterra firmaría una participación más que digna que los colocaría líderes del Grupo 4, por delante de sus dos rivales. Del 3-1-4-2 del Mundial 2018 al 4-3-3 del partido de la Nations League, ante el mismo rival, Croacia, Inglaterra dio un paso de gigante en su manera de plantear los partidos y puso la primera piedra del equipo actual.

El primer paso adelante fue contar con dos laterales, en contraposición a la idea de los carrileros que funcionaron tan bien en Rusia. A pesar del nivel mostrado por hombres como Trippier en verano, Southgate ha evolucionado en su idea de acometer una defensa más definida, con dos laterales y dos centrales, reservando una posición más para el ataque y conservando la intención de dar libertad a las subidas de hombres como Walker o Rose, muy presentes en las alineaciones de la actual Inglaterra. En la posición de los defensas centrales, Maguire aguanta la evolución, siendo uno de los centrales fijos en el esquema del seleccionador por su capacidad de jugar por alto (tanto en ataque como en defensa) y su habilidad para anticiparse e ir al corte. Un jugador más que completo, que se complementa a la perfección con los posibles compañeros a su lado. Si durante el Mundial fue Stones el elegido, junto a Joe Gomez (hoy por hoy lesionado), gana enteros Michael Keane, un jugador con una gran capacidad de sacar el balón jugado y con una gran presencia en el juego aéreo (sin ir más lejos, goleó ante Montenegro en el último duelo clasificatorio). A pesar de perder una pieza defensiva, el planteamiento de Southgate ha conseguido en los dos partidos disputados hasta ahora un solo gol en contra.

Una amalgama de talento, habilidad, experiencia, control y fortaleza que hacen que Inglaterra pueda optar de nuevo, como poco, a sorprender.


Sin embargo, las mejoras no se quedan en la parcela defensiva, sino que la evolución ha llevado a juntar más a los hombres del mediocampo y creando una línea de tres con mayor capacidad creativa. La irrupción de Damien Rice es clave en este punto, pues es el sustituto perfecto de Eric Dier como pivote, hombre fijo tras la más que posible pérdida de importancia de Henderson. Ambos jugadores serán los encargados de ser el eje de juego de una selección inglesa con tendencia a partirse por la mitad, con un ataque muy vertical y una defensa tendente a dejar espacios. Un duro cometido con unos beneficios incalculables de llevarse correctamente a la práctica. Por delante de Dier o Rice, parece fijo como interior Dele Alli. Jugador intermitente, pero de indudable calidad, si se logra asociar con la delantera es un seguro en la construcción ofensiva. Acompañado por Lingard, que se ha perdido varios partidos por lesión, Loftus-Cheek o la reciente incorporación en ese puesto, Ross Barkley, los interiores toman una relevancia absoluta para generar las oportunidades y apoyar al pivote en salida de balón y construcción de juego. El talento de estas tres piezas en las últimas convocatorias es indudable, consiguiendo en ambos encuentros, no solo controlar la posesión, sino hacer que la participación ofensiva del mediocampo sea eficiente y clave para el resultado final, especialmente en el caso de Barkley, que parece estar despertando de su travesía por el desierto y que, claramente ayudado por el modelo de juego de Sarri en el Chelsea, está rindiendo a un gran nivel de juego.

Pero es en el ataque donde esta Inglaterra asusta de verdad. Si la defensa puede generar dudas por esos espacios mal cubiertos o el mediocampo depende demasiado de si se consiguen encajar todas las piezas, el ataque no deja de sumar aspirantes para colarse en el once titular, incluso cuando el cambio de esquema deja libre un puesto para aprovecharlo en esta zona. Este hecho provoca que Southgate cuente con varios modelos de asalto para plantear los partidos con apenas mover un par de fichas. Partiendo con la siempre teórica titularidad el trío Sterling, Kane y Rashford parecen partir con ventaja para ser los elegidos. El exquisito desempeño de Sterling, que ha ganado en entendimiento de juego, madurez y asociación como creador desde una banda; el terrible talento depredador de Kane en punta y la velocidad de Rashford desde la banda hacen que la delantera tenga pocas pegas. Si a esto le añadimos el precoz talento en el desborde de Jadon Sancho y la calidad que atesora como extremo a pie cambiado Hudson-Odoi, parece que Southgate tiene ataque para derrochar. La aportación de estas dos jóvenes joyas no pasará inadvertida para el seleccionador, que hasta ahora ha sabido combinar su desparpajo con el oficio de los asentados en el puesto, creando situaciones diversas en las que puede optar por una delantera de control, más tendente a la elaboración a fuego lento y jugando con los espacios entre líneas, o por una delantera más vertical, que aprovecha las transiciones rápidas para hacer daño a la contra.

No conviene dejar de lado la portería, en la que Jordan Pickford, bien acompañado por Butland y Heaton, ha logrado una estabilidad única, que hacía muchos años que no se encontraba en el fútbol inglés, siendo parte fundamental de los éxitos recientes y la principal causa de la esperanza en el futuro, con un nivel y una juventud que siga intacta durante el último año. Salvo hecatombe, los tres palos serán para el portero del Everton.

Una amalgama de talento, habilidad, experiencia, control y fortaleza que hacen que Inglaterra pueda optar de nuevo, como poco, a sorprender. Con la experiencia de haberlos guiado previamente en la U21, Southgate conoce bien a los integrantes de una selección que está destinada a ser la que siempre todos esperan, sabiendo que en el pasado pocas veces dejó el nivel esperado. Hoy, en 2019, se dejan atrás el miedo y las dudas, con un equipo con hambre de victoria y con un seleccionador que, conociendo la peor cara de la derrota, intentará guiarlos en este nuevo reto para que los Pross sonrían y puedan seguir haciéndolo.

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