Algo más que Oyarzabal

Dicen que hay trenes que pasan solo una vez en la vida. Al mismo tiempo que cuando pareces aferrado a una oportunidad, tienes más vidas que un gato. No podríamos discernir cuál de las dos supone una verdad absoluta. Seguramente ninguna. Pero ambas tienen su razón de ser en un determinado momento. Algo así es lo que le está pasando a la Real Sociedad esta temporada 18/19.

Los de Imanol Alguacil buscan mantener vivo ese aliento de recuperar la presente campaña con una agónica clasificación para las competiciones europeas del próximo curso. Si bien la final de Copa puede ser un condicionante importante para este hito, el objetivo fijado para los donostiarras debe ser el sexto puesto, así de paso evitas además un sufrimiento añadido en un partido ajeno, fuera de tu control. La mejora de la Real desde el inicio del presente año natural fue palpable. Sin conocer la derrota en los dos primeros meses del año, los de Alguacil parecían revitalizarse justo a tiempo para acercarse a la zona noble de la tabla. Pero si bien el mes de marzo comenzaba de la peor forma doblegándose ante los pupilos del Cholo Simeone por 0-2 en Anoeta, el paso de hoja en el calendario no parece haberle beneficiado. Lo que no conoció ahora durante este último mes ha sido la victoria. Cómo cambia el cuento.

Y es que a la Real parece que se le han empezado a ver las costuras. El plan de Imanol, más orientado a lo asociativo y con claros automatismos sobre todo en el plano ofensivo, parecía encajar a la perfección con la filosofía del vestuario y la calidad del plantel. Willian José comenzó el año como un tiro, Januzaj despertó esa chispa que atesora en sus botas y Oyarzabal terminó por confirmarse como líder. Pero de nuevo las lesiones -mal mayor que ha asolado a los donostiarras esta temporada- dejaron muy predecible un ataque que depende por igual de todos y cada uno de sus futbolistas capitales.

Sin Willian José disponible, la racha se cortó de inmediato. Desde la última victoria por 3-0 ante el Leganés, donde participó con gol, han pasado ya cinco jornadas en las que el punta brasileño ha estado ausente. En ellas acumularon tres empates y dos derrotas, con tan solo cuatro goles a favor por diez en contra. Atrás la Real se mostró vulnerable, falto más de contundencia que de orden, y el último empate en el José Zorrilla así lo atestigua. Pero en ataque estuvo su principal déficit; sin Willian José, las responsabilidades sobre sus dos cimientos disponibles se multiplicaron, y la dependencia en Oyarzabal fue demasiado para el guipuzcoano.

Oyarzabal es un futbolista con un crecimiento que ha quedado patente desde que aterrizase en la élite de nuestro fútbol. El extremo de Éibar ha sabido sacar provecho de su capacidad para definir, su instinto de cara a la meta rival. Partiendo como siempre desde el costado zurdo, sin la presencia de Willian José en el área, ahora goza de mayor libertad y tendencia a ocupar posiciones interiores. Con un enfoque más de falso ‘9’ escorado, sus funciones se han multiplicado. Mikel sigue siendo importante en la generación de fútbol ofensivo, y ante los vaivenes de una decepcionante temporada de Theo Hernández por ese carril zurdo, el peso de Oyarzabal con balón es muy alto para no depender únicamente del desequilibrio de Januzaj desde el otro costado.

Sin embargo, de nuevo en el feudo pucelano, que sirvió de prueba fehaciente de lo que es la Real a día de hoy, la repercusión de Oyarzabal en el resultado final fue directa, pero su actuación dejo claro que la Real necesita mucho más de él. No es una crítica a su fútbol ni mucho menos sino de los pobres automatismos ofensivos de su equipo sin Willian José. Ni Sandro ni Juanmi son capaces de aportar lo que el brasileño, y al final, representado perfiles muy diferenciados, terminan por cargar de responsabilidad en el plano goleador y generador a Oyarzabal. El problema es que Oyarzabal solo hay uno, y no puede multiplicarse. Ya se le está exprimiendo todo el jugo que puede dar, que es mucho.

La jugada en ataque era muy clara, y con ella el Valladolid tuvo un argumento fácil de defender, no por sencillo, sino por único. Januzaj como factor desequilibrante, provocando además la tarjeta tempranera a su marcador, Nacho Martínez, para dotar todavía de mayor peligro a sus acciones. Su imprevisibilidad y visible técnica eran un problema para los vallisoletanos, pero terminó por ser previsible en su conjunto. La acción txuriurdin se generaba en derecha y se finalizaba desde el otro costado. Y no parecía haber algún otro recurso. Oyarzabal no participaba tanto en el juego como necesitaba la Real, pero sí se acercaba al área como demandaba su equipo. Él finalizaba, pero apenas podía repercutir en el juego. Y ahí la Real se quedó coja.

Huérfana por la falta de su ‘9’ principal, la Real no encontró un recurso diferente al que aferrarse. Oyarzabal, líder indiscutible en el ataque blanquiazul, es un futbolista de una talla excepcional, pero no puede ser dos jugadores al mismo tiempo. La vuelta sobre el césped de Willian José fue sobradamente la nota positiva del partido para los donostiarras, pues a pesar del empate y del error flagrante que le podía haber dado la victoria en el descuento, el hecho de que vuelva el brasileño es aire para el eibarrés, y hace que ese único tren que puede salvar la temporada de una Real con más vidas que un gato pueda vuelva a pasar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *