Defensa, sudor y Parejo

La época de las insinuaciones de “Superligas”, de clubes-estado y de auge de defensas de tres centrales y dos carrileros nos ha dejado en Sevilla un duelo clásico en cuanto a sistemas de juego. Dos equipos formando en la clásica 4-4-2 se enfrentaron en el Sánchez Pizjuán con el mismo objetivo entre ceja y ceja: la Champions. Sevilla y Valencia protagonizaron uno de los duelos más prometedores de la jornada por la gran lucha que hay por uno de los puestos de Liga de Campeones y los muchos pretendientes que tiene. El enfrentamiento fue cobrando importancia conforme los equipos mejor colocados fueron cayendo en sus respectivos encuentros. En un duelo francamente equilibrado, donde cualquier equipo se pudo llevar los tres puntos, el Valencia salió airoso. De nuevo tomaba Nervión por segunda temporada consecutiva para alargar su racha de encuentros oficiales seguidos sin perder a 16, algo que no ocurría desde los años 40. La Champions se ve más cerca después de doblegar a un Sevilla que agobió, pero no llegó a someter a un Valencia que se marchó con la puerta a cero.

Caparrós dirigía su segundo encuentro de su nueva etapa en el conjunto andaluz y saltó al campo con un equipo equilibrado y rocoso. Resguardado bajo un 4-4-2 que aseguraba orden a la hora de defender, el mediocentro estuvo formado por la pareja Amadou/Gonalons, lo que dejó a las claras la implementación por el rigor defensivo más que por la creación. Banega, a pesar de todo, tuvo sitio en el equipo. Fue en la banda derecha donde se ubicó durante gran parte del partido, con el déficit defensivo que ello suponía. Además, esa pobre ayuda defensiva del argentino por el costado diestro perjudicó a un Navas que ya de por sí se ve algo desfavorecido con el cambio de sistema con respecto a Machín al ver incrementadas sus responsabilidades defensivas. Por su parte, la escuadra liderada por Marcelino García Toral saltó al campo con el mismo dibujo que su rival, pero con una composición del equipo algo más atrevida. Parejo y Kondogbia formaron en el doble pivote dejando las bandas para Soler y Guedes. Rodrigo y el ex sevillista Gameiro fueron la pareja atacante elegida.

Sin embargo, y pese a presentar un once algo más ofensivo y creativo que el del Sevilla, el Valencia no dañó a los sevillanos asumiendo el protagonismo con balón. Las veces que el conjunto che trató de generar saliendo jugando desde atrás se encontró con un muro en forma de dos líneas de cuatro férreo y ordenado. Ninguno de los once activos valencianistas fue capaz de romper el entramado defensivo hispalense en ataque posicional. Escasas veces el Sevilla cedió la iniciativa al contrario, pero cuando lo hacía lo propio era verlo replegar y esperar al Valencia en su propio campo, bien ordenado para evitar sustos. Sin embargo, en ocasiones puntuales, el conjunto de Caparrós presionó sobre la salida jugada del contrario, haciendo mucho daño y forzando pérdidas de balón. Pese a todo, esa presión se vio con cuentagotas en el conjunto nervionense. El Valencia prefería no asumir riesgos y dejar que el Sevilla se plantara en su campo para aguantar, robar y salir al contragolpe. Parejo cuajó una notable primera mitad sumando robos importantes con el contrario en posicionamiento ofensivo y lanzando varios contraataques con pases precisos y rápidos.

“Defendemos como guerreros y jugamos como equipo”
Dani Parejo


Así fue como llegó el único tanto valencianista. Los de Marcelino cazaron al Sevilla al contragolpe y Gayá se plantó en el área llegando a controlar el balón segundos antes de que Banega lo derribara cometiendo penalti. El lateral izquierdo del Valencia llegó bastante por la banda derecha local aprovechando el escaso bagaje defensivo de Éver Banega. El penalti que el argentino cometió dejó a las claras el sufrimiento del mediocentro jugando escorado a una banda. Parejo asumió la responsabilidad del lanzamiento y no falló, sumando un tanto que le destacan aún más como máximo artillero del su equipo. El Valencia apenas había llegado a las inmediaciones del área local en toda la primera parte, pero un desequilibrio defensivo le permitió anotar un gol que sería definitivo en el encuentro. Si Parejo fue la cara del primer tiempo valencianista, Guedes fue la cruz. El luso, que llegaba en clara progresión positiva en las últimas jornadas, sufrió un frenazo con un paupérrimo primer tiempo plagado de pérdidas evitables, intentos de regates frustrados y demasiado tiempo por el suelo. Esa pobre actuación le costó ser sustituido al descanso.

Caparrós debía mover el árbol y lo hizo nada más saltar al campo en la segunda parte. Retiró del campo a Amadou y dio entrada a Franco Vázquez. El “Mudo” se posicionó en la banda derecha y Banega tomó posesión de uno de los puestos del mediocentro. Vázquez, pese a partir desde la banda derecha, cayó constantemente a posiciones interiores, dejando todo el carril libre para las galopadas de un Jesús Navas que se hinchó a colgar centros. Al igual que Promes por la izquierda. El Sevilla protagonizó tramos de agobio posicional a un Valencia que supo mantener el tipo y defenderse con todo. Los numerosos envíos laterales locales no encontraron remador, al no disponer de un jugador de ese perfil sobre el campo. Ben Yedder y Munir no respondían a ese perfil, cosa que André Silva, lesionado, sí. El Valencia gestionó pobremente la segunda parte, renunciando en todo momento a juntar dos pases y regalando el balón al Sevilla. El plan les salió cara por un buen rendimiento defensivo y una gran falta de remate local. A todo eso hay que añadir la seguridad que Neto aportó bajo palos. Sin hacer ninguna parada espectacular, el portero brasileño blocó casi siempre y fue clave en algunas acciones rápidas con mucha presión local, la cual gestionó de manera sobresaliente.

“Ahora tenemos menos margen de error”
Joaquín Caparrós


El Valencia asustó solo con un balón al larguero de Gameiro en toda la segunda mitad. Mientras tanto, Caparrós realizó un nuevo cambio con el fin de otorgar más dinamismo arriba. Bryan Gil, que saltó al campo por Promes, dejó buenos detalles sobre el campo, partiendo desde banda derecha y trayendo de cabeza tanto a Wass como a Ferran Torres. El Sevilla no paró de intentarlo, con más fe que acierto, hasta el final del encuentro. El VAR intervino en un final bastante apurado y loco, pero que le negó el gol a un Sevilla que, por lo visto sobre el campo, hizo méritos para no perder. La toma valencianista de Nervión pone la lucha por los puestos Champions al rojo vivo y las esperanzas de la afición che por las nubes.

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