Un jugador diferente

Siempre destacamos diferentes atributos en un deporte colectivo como es el fútbol; compañerismo, solidaridad, trabajo en equipo, compromiso.. cualidades que definen a un grupo y que se exaltan al máximo cuando lo relacionamos con el deporte. Y aunque nos empeñemos muchas veces en centrar el foco en lo individual a pesar de jugar con once sobre el césped, lo colectivo siempre se sobrepone. Sin embargo, en este texto, nos centraremos en una figura individual, pues seguramente se trate del futbolista más determinante de toda La Liga.

Largo puede ser el debate sobre aquellos jugadores que más peso e influencia tienen en un equipo, algo generalmente ligado al gol o la generación de juego, aunque muchas veces esa importancia se traslada también a la defensa o la portería. Así a bote pronto, tirando de datos numéricos que apoyen esta tesis como puede ser el porcentaje de goles de sus equipos, se nos pueden ocurrir varios nombres de jugadores muy determinantes: Stuani, Borja Iglesias, José Luis Morales.. También a través de la importancia más allá de los números en el juego de su equipo: Parejo, Canales, Jony..

Pero lo difícil es encontrar nombres que aúnen una influencia relevante en ambos aspectos. En cómo juega su equipo y en lo determinante que es desde el plano goleador, desde un punto de vista individual. Sin embargo, en nuestra Liga podemos resaltar dos nombres propios que casan a la perfección con esta descripción: Leo Messi y Iago Aspas. Dos genios del balón que, más allá de su demostrada importancia en las cifras goleadoras de su equipo, cuando no están sobre el césped, el juego parece olvidar lo colectivo, desarrollando una forma de jugar completamente diferente.

La influencia de hombres como Messi o Aspas va más allá de lo mental, del juego o del gol.

 

En el caso del gallego, la influencia puede que sea aún más sangrante. Es cierto que Leo Messi lo condiciona todo, como es lógico, por su condición de jugador único en la historia, pero el FC Barcelona cuenta con numerosos recursos y registros para, sin hacerle olvidar, tratar de minimizar el impacto de la ausencia del argentino. No ocurre así en Vigo. Sin Iago Aspas, el Celta ha demostrado no tener la capacidad suficiente para sobreponerse. El juego del cuadro celeste no es que se haya visto resentido, es que directamente se ha minimizado. Con una plantilla que no está confeccionada ni mucho menos para su posición actual en la tabla, la difícil temporada del de Moaña en lo referente a lesiones ha agravado la situación de un Celta que inesperadamente se ha topado de bruces con la lucha por la permanencia en las últimas jornadas de competición.

A toro pasado todo es mucho más fácil de ver y analizar. Podemos decir habiendo entrado ya en el mes de abril que la planificación de la plantilla viguesa no fue la mejor. Que su defensa, en nombres y sistema, se ha quedado muy corta para la categoría. Pero difícilmente podíamos pensar algo así en el inicio de Liga. Quizás porque contábamos con el factor Iago Aspas, algo que indudablemente lo cambia todo, pero este Celta tiene mimbres para mucho más, incluso más allá del gallego.

La temporada en Balaídos ha vivido muchos vaivenes. Desde un inicio, con el ‘Turco’ Mohamed en el banquillo, el equipo probó cosas sin demasiada fortuna, con un rumbo incierto. La temporada no presagiaba grandes tardes de júbilo, pero con la presencia de Aspas sobre el césped el Celta vivía tranquilo, anclado en media tabla, sin demasiadas preocupaciones. Pensando quizás que el arranque no estaba siendo bueno por las aspiraciones que se habían marcado en un inicio. Pero en el mes de diciembre llegó la fatalidad. Una fatalidad que además se fue prolongando con el tiempo y cuya agonía se reproducía acorde a los resultados y la situación del equipo.

Es cierto que Aspas lo cambia todo, pero el Celta tenía recursos para mucho más incluso sin su figura.

 

Iago Aspas caía lesionado el pasado mes de diciembre, justo en el ecuador de la temporada. Sin embargo, la gravedad de su lesión parecía oculta, con unos plazos que se fueron alargando y que obligaron al club a no forzar a su estrella, aunque la situación cada vez era más límite. En los tres meses que duró su ausencia -con intento de vuelta a medio camino ante el Getafe- el Celta ha sumado cuatro puntos, los mismos desde que Iago reapareció en estas dos últimas jornadas. Mismo resultado en dos encuentros respecto a los once anteriores, con la única diferencia de tener al de Moaña sobre el césped.

Resultados con una incidencia total del gallego: tres goles y dos asistencias en los seis tantos que anotó su equipo. Y es que la presencia de Iago Aspas va más allá de la de un mero capitán, de la de un líder espiritual o del mejor jugador de la plantilla. Hoy por hoy, Iago Aspas es el Celta de Vigo. No buscamos desmerecer al resto de integrantes del equipo, simplemente es que las últimas trece jornadas así lo demuestran. La situación del Celta es límite, pero en un ejercicio de fútbol ficción, lo que parece claro es que si Iago hubiera estado disponible el cuento sería otro totalmente. Quizás, como cuando formaba parte del día a día, el club gallego estaría encasillado en una mitad de tabla sin objetivos, puede ser. Pero entonces se estarían preguntando qué ha fallado para no luchar por Europa y no por qué están tratando de evitar el descenso.

Iago Aspas no es solo gol, liderazgo o sentimiento. No son solo las lágrimas de un aficionado pasional sobre el césped cuando tu equipo remonta. Además, en buena medida gracias a ti. Es un jugador diferente. Uno de esos que lo cambian todo para su equipo. El factor que determina a lo que pueden aspirar los suyos. Para poder salvarse, el Celta necesita todo lo que Aspas le puede dar. Porque sin Aspas, el Celta no tiene sentido. Y Aspas, sin el Celta, tampoco.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *