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Una pantera entre leones

Tras las etapas en las que ni Bielsa ni Valverde, que dieron identidad a un equipo que venía de pasar algunos de los peores años de su historia, ni Ziganda o Berizzo supieron navegar plácidamente sobre las aguas tempestuosas de los resultados en el Athletic Club, le llegó el turno a Gaizka Garitano. Ni el navarro ni el argentino supieron entender lo que la plantilla que manejaban podía llegar a dar sobre el campo y no consiguieron convencer a la siempre exigente parroquia rojiblanca. Tras la destitución de Eduardo Berizzo en la presente temporada, llegaba al banquillo de San Mamés Gaizka Garitano, que ha sabido modelar un conjunto de jugadores que ha revertido en pocos meses una situación dramática. Entre las piezas para conseguir todo esto, destaca sobre todo una: Iñaki Williams, que ha demostrado ser esencial en los planes de Garitano. Con él como referencia, el Athletic Club es hoy un equipo más temible.

Han pasado ciento cincuenta partidos desde el debut de Iñaki Williams en el Athletic Club. Desde ese día, el canterano del equipo bilbaíno se ha enfrentado a muy diversos escenarios, en los que ha salido mejor o peor parado. Sus primeras inclusiones en las convocatorias del Athletic de Ernesto Valverde parecían anticipar el talento de un futbolista dotado de potencia, verticalidad y desborde. Quizá por eso, su figura pasó entre paréntesis, en la duda sobre si darle protagonismo como lo que era, un delantero centro, o aprovechar su habilidad para acompañar al gol con su velocidad, jugando como extremo. Sin embargo, la temporada actual parece estar encontrando en su juego los argumentos que necesitaba para desterrar las múltiples dudas sobre su posición y rendimiento y reducirlas a una: ¿es esta la temporada de Iñaki?

Nacido en Bilbao y de la hornada de 1994, el jugador, de ascendencia liberiana, parece haber encontrado por fin su equilibrio, demostrando con su juego que ha nacido para marcar los goles necesarios para que los ‘leones’ puedan volver a rugir sin miedo a nadie. Iñaki creció viendo algunas de las mejores y las peores etapas en el equipo vasco, con emblemas como Urzaiz, Etxeberria, Ezquerro, Aduriz, Llorente, Toquero… e incluso Muniain, hoy miembro de este Athletic que está volviendo a conectar a la afición a una temporada que no comenzó demasiado bien para los bilbaínos. El secreto no es otro que el sistema que ha conseguido llevar a cabo el técnico de Derio, utilizando como base un dibujo de 4-2-3-1, rodeando de talento al delantero y entendiendo cómo ejecutar los ataques para potenciar su mejor virtud: la velocidad.

Con la intención de ser importante, Williams no repara en gasto físico, derrochando entusiasmo con interminables desmarques y carreras al espacio buscando la oportunidad que anticipe la caza del gol.


Este Athletic Club ha sabido romper con la herencia casi dogmática de la posesión y el juego combinativo en mediocampo para llevar a cabo ataques más fugaces, exigiendo mucho más a las zagas rivales y obligando a sus propios jugadores a sacrificarse en defensa, favoreciendo el robo en campo propio y la transición rápida hacia los pies de Williams. Con cuatro defensas bien cubiertos por dos pivotes que guardan las posibles pérdidas de balón y conservan la bola cuando es propicio, el Athletic inicia el juego desde los centrales, ambos (Yeray e Íñigo Martínez generalmente) son muy capaces de sacar con criterio cualquier jugada, además de poder desplazar en largo buscando desequilibrar la estructura del rival o aprovechar las opciones de contragolpe. Si a este sistema le sumamos el desempeño de los tres jugadores más creativos, una línea por delante, nos encontramos con una sólida propuesta por la velocidad y el desborde, con jugadores como Íñigo Córdoba, habilidoso en la entrega de balón y muy peligroso con espacios o con Muniain, un futbolista atacante que, muy inteligentemente, Garitano ha dado protagonismo unos metros por detrás del delantero, favoreciendo su juego interior, generándole espacios para poder llegar desde segunda línea y potenciando su capacidad para ser un asistente de lujo, aprovechando su capacidad para internarse en el área contraria. Y al fondo, Iñaki Williams: una pantera entre leones.

Y es que el delantero ha encontrado su ambiente más propicio en ese estado de relativa soledad, bien acompañado pero dotado de metros para poder sorprender con su rapidez a cualquier defensa. En la 18/19, Williams lleva ya nueve goles en La Liga, habiendo sido clave en partidos como ante Girona, Sevilla o Atlético de Madrid. Su desempeño como delantero centro ha dejado atrás los tiempos en los que su talento intentaba salir pegado a una banda, viendo cómo erraba oportunidades o tomaba malas decisiones en la difícil misión de jugar fuera de su hábitat natural. Con la intención de ser importante, Williams no repara en gasto físico, derrochando entusiasmo con interminables desmarques y carreras al espacio buscando la oportunidad que anticipe la caza. Siempre creando los huecos y aprovechando los errores, Williams ha conseguido dar un paso adelante para poder hacer una mejor lectura del rival y poder morder allá donde haya una debilidad, sea en el centro, en una banda o en la otra, Iñaki siempre intentará estar ahí para recibir y crear peligro. Un futbolista que ha crecido enteros sabiendo entender su rol como ‘9’ de Garitano, utilizando las oportunidades que aporta el sistema del míster para acribillar en cualquier ocasión la meta del rival. Un contexto que parece el mejor para sacar de un futbolista indescifrable en muchos momentos, una tesis inestimable, en la que la idea, la oportunidad y la eficiencia se conjuran para sacar de las mejores capacidades de esta pantera un escenario perfecto para los leones.

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