Messi y el destino

Cada decisión que tomamos marca, poco a poco, paso a paso, nuestro camino. En frío o en caliente, más o menos conscientes de nuestra elección. “Dicen que sólo controlas un 5%, que el resto es destino”, suelta Nach. No todo es hervor, carácter, cojones. Diego Costa eligió la vía reactiva y el Atlético de Madrid no perdió una Liga, pero se alejó -quizás demasiado- de ella. Y, aun así, el equipo de Simeone no desdibujó su plan, pero se vio afectado materialmente.

Ernesto Valverde no sorprendió con el once, pero supo qué teclas tocar para cambiar dinámicas y sacudir la tenaz defensa rojiblanca. Por su parte, Simeone apostó por bandas asimétricas en cuanto a rol y amplitud. Mientras que en la izquierda Filipe Luis asistía por dentro, cerca de Rodrigo, y Saúl pisaba la línea de banda más adelantado, en la derecha, Koke pisaba zonas interiores y Santiago Arias se ofrecía en la cal. Antoine Griezmann siempre se sintió más cómodo con una referencia delante. Diego Costa, a veces con la función de un pivote, recibía y aguantaba el balón de espaldas y limpiaba la zona de acción del francés.

Las diagonales de Messi fueron, una vez más, parte de la solución.


Las diagonales de Leo Messi hacia el sector izquierdo dibujaban una de las pocas vías de entrada al área del Atlético. El argentino se vio obligado a aparecer en muchas parcelas, también trazando desplazamientos de derecha a izquierda con balón. El tercer actor en el camino hacia Jordi Alba, Philippe Coutinho, estuvo atinado en sus movimientos sin balón, dejando espacio a la subida del lateral, pero quedando entre líneas para sembrar dudas en Arias. Como en las grandes ocasiones, el Barça brilló en la presión y recuperación tras pérdida. Si bien el Atleti estuvo falto de argumentos para sobrepasar los movimientos azulgranas, Griezmann no encontró en Ángel Correa un socio para atreverse a viajar hacia el campo contrario, en un escenario de repliegue bajo intensivo y con un hombre menos. Tampoco lo conseguiría con Morata.

Al Atlético le faltaron argumentos para llegar a Ter Stegen.


Jan Oblak
no preguntó por el menú y llegó al Camp Nou conociendo todas las respuestas. El esloveno agotó al Barça cuando conseguía descifrar la entrada al área. Sin embargo, Valverde volvió a probar con el 4-2-3-1, con matices, para apuntalar al Atlético en campo contrario y llegar a la portería de Oblak con más frecuencia. Arthur Melo se despidió porque el Txingurri pensó en la verticalidad. Cuando los partidos se atascan, los extremos abren el campo y Messi se erige como mediapunta sin disfraz. Primero con Coutinho y luego con Aleñá, para sumar dinamismo cuando el brasileño ya no llega. En la derecha, Malcom, pese a sus diagonales con balón, permitió al Barça abrirse. No obstante, si ya de por sí el Barça necesita a Messi en la base de la jugada -y cuando no, aparece por necesidad propia-, el vacío de un tercer hombre en el centro del campo, contando a Coutinho en un escalón superior, demanda la presencia del argentino cerca de Sergio Busquets e Ivan Rakitic. El recorrido del diez pasa a ser mayor y el bloque bajo atlético le forzó a desarrollar largos esfuerzos con el esférico, tanto en transición como en zona de tres cuartos.

Las dudas se van generando poco a poco, es algo intrínseco motivado por factores externos. Y, aunque vayan desapareciendo, pocas veces es algo definitivo. Que a Luis Suárez le cuesta arrancar las temporadas es un hecho, así como que tampoco es, con regularidad, el de 2015. Aprendió a callar sin vivir en una muda desesperación. Y con una parábola imposible batió a Oblak. También lo hizo Messi unos segundos después. La firmeza con la que se había alzado el guardameta esloveno se desmoronó como un castillo de naipes cuando Messi definió con sutileza para repartir impotencia y erotismo futbolístico a cada una de las partes.

El Barça construyó la parte final del puente para llegar al objetivo. Amo de su futuro y más que nadie del destino, Messi es más certeza que incertidumbre, a pesar de que el tiempo también pase, desafortunadamente, para él. Y aunque sea un ser finito, nos hace más placentero el viaje.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *