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Fútbol hasta la línea de gol

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Old Trafford no fue suficiente

Se echaba mucho de menos Old Trafford por estos lares, casi más que al equipo que acoge, desposeído de fútbol desde que Sir Alex Ferguson decidió poner punto y final. Pero la memoria de los estadios no entiende de abdicaciones, derrotas o etapas. Son vestigios, y el Teatro de los Sueños puso el condimento perfecto al partido más importante del United en mucho tiempo. Quizás también del FC Barcelona, que llevaba sin ganar fuera de casa en unos cuartos de final en Copa de Europa desde 2015. El Barça ganó sin exigirle a Messi que fuera Messi, y esto era una premisa indispensable en Europa para que los culés lograran su objetivo. Bastó que el Barça fuera el Barça para tumbar al United.

No hubo intentos de cambio en el once por parte de Ernesto Valverde, que sabe que lo que funciona, no se toca. Solo el matiz de Semedo por Roberto en el equipo titular, enfocado a cerrar las carreras de Rashford y dotar de mayor punch el ataque de los azulgrana. Su homólogo en los banquillos sí sorprendió de inicio, quizás obligado por su condición de equipo inferior movió ficha y colocó una defensa de cinco sobre el verde, con Dalot de carrilero zurdo y Pogba, Fred, McCtominay en la medular. La puesta en escena del FC Barcelona estuvo acorde con lo que Messi soltó en el trofeo Joan Gamper allá por el mes de agosto: «Queremos esta copa tan linda». Las palabras quedaron grabadas a fuego en las cabezas de los jugadores, que saltaron con determinación, queriendo la pelota y trasladándola a campo contrario. Ahí apareció el foco Coutinho/Alba/Suárez, que tejió la circulación de los de Valverde. El uruguayo, atizado durante el curso, parece volar en abril, cuando antaño se había desplomado. No marcó, pero los goles no son de los que lo marcan, sino de los que creen que lo han marcado. Así, quizás en el imaginario del uruguayo le ayude a superar el bache goleador lejos del Camp Nou en Europa, que se remonta a setiembre de 2016.

Coutinho volvió a jugar bien, aprovechando la ausencia de Dembélé, pero no hizo jugadas. Algo que Valverde parece aceptar en este pacto tácito entre entrenador y jugador. Decía Vila-Matas que no entender no es una condena, sino la puerta hacia la esperanza. Coutinho, alumno aventajado, no sabemos si habrá leído a Enrique Vila-Matas para ser feliz en este rol, en el que no juega para lo que se lo fichó pero sí para lo que su entrenador tiene diseñado en la pizarra. La jugada del gol fue fruto de una combinación larguísima, como tendida sobre un vacío que no parecía llegar. Una de esas jugadas como tantas otras, hasta que aparece Busquets -qué jugador, indescifrable- y la frota Messi. Todas las buenas ocasiones llevan su sello, su toque más o menos directo. Los goles son su producto.

Quizás Coutinho no llegue a brillar en su rol actual, pero volvió a firmar un partido muy sobrio.

Si el Manchester United se metió en el encuentro fue porque el FC Barcelona dejó la puerta entreabierta, y ahí, en esa rendija apareció un Paul Pogba inmenso, que venía de sumar una nueva oportunidad perdida frente al Paris Saint Germain. Y cuando parecía que este tren no iba a volver, el francés se ha mostrado como lo que es; un futbolista determinante. Sus toques fueron siempre los justos, sin adornos, venenosos y tensos, que buscaron, como un cuchillo, el corazón del FC Barcelona. Pero ahí estaba Gerard Piqué para cerrar la puerta y lo que hiciera falta. El catalán, que se desenvuelve igual en los platós que en el campo, secó a Lukaku y a Rashford, al que le ganó todas las carreras. Volviendo a Vila-Matas, no entiendo cómo las gana, por eso es tan bueno. Su inteligencia jugando, anticipando, imponiendo, son de época.

El descanso sentó bien a los locales, que salieron en volandas del vestuario, movidos por la grada, que ya no se sentaba, que solo podía estar de pie. Presionaron más, saltaron siempre sobre los centrales obligando al Barça a buscar a Suárez que ejercía de poste, clavado, inamovible. Pero aprovechando la imprecisión de Busquets, los ingleses fueron comiéndole metros al Barça a lomos de un imperial Pogba y un acertado McCtominay, que jugó un partido sobrio, cumpliendo con nota su tarea. Llegaban por los costados, centraban y volvían a centrar. Les sobró corazón y les faltó fútbol, que al final, a pesar de que algunos se empeñen en verlo, es lo que da victorias.

El United llevó el partido a su terreno en la segunda mitad, pero Valverde supo reaccionar con las sustituciones.

La entrada de Sergi Roberto y Arturo Vidal por Arthur Melo y Philippe Coutinho pareció acentuar la tendencia. Valverde pareció no saber de fútbol hasta que, por sorpresa de algunos, sus cambios cambiaron el guion. La movilidad y la agresividad de ambos, con y sin balón, permitió al FC Barcelona ganar metros y, sobre todo, tener el cuero en campo contrario para hacer correr, aunque al final solo trotaran, a un United cansado, que se fue empequeñeciendo cuanto más grande se hacía Old Trafford. Valverde, que se movió por supervivencia, ya no engaña. Su FC Barcelona es tan complejo como honesto.

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