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En el momento justo

La temporada del Valencia ha sido un verdadero carrusel. Un carrusel en el que se ha discutido todo; la política de fichajes, el papel del entrenador o el rendimiento de piezas clave en el engranaje che. Sin embargo, la felicidad parece al fin asentarse en Mestalla en el año centenario del club de la capital del Turia. Llegados a este punto, a mediados de abril, los de Marcelino llegan con opciones de cumplir sus objetivos en todas las competiciones.

La lucha por la última plaza de acceso a la Champions League se antoja enfervorecida, así como las últimas cinco finales que le quedan en los torneos coperos del calendario. Con la importante victoria en el feudo del Villarreal, el cuadro che parece encarar con muchas opciones su pase a las semifinales de la Europa League. Dos duelos más, una hipotética final y el estimulante duelo frente al Barcelona en el Benito Villamarín. Se avecina el tramo más duro de la temporada, pero al Valencia se le desbordan las noticias positivas y la ilusión. La última, con nombre propio: Gonçalo Guedes.

La temporada del Valencia comenzó sembrando muchísimas dudas.


En un año donde el Valencia comenzó renqueante, siendo otro completamente diferente al de la temporada pasada pero casi idéntico en los figurantes, lo que hacía aún más extraña su situación, los resultados no acompañaban y el juego del equipo era gris, especialmente en campo contrario, lo que penalizaba sobremanera los intereses ches. Defensivamente, los de Marcelino se mostraban muy serios y solventes, con Neto y Gabriel en modo fortín y un Gayá que fue de las primeras noticias positivas en esta regeneración valencianista. El Valencia era un equipo difícil de batir, pero su escasa producción en el área contraria terminaba por hacer que se le considerase ‘el rey del empate’.

Todo lo que el Valencia era capaz de asegurar en campo propio era incapaz de certificarlo en el ajeno. Hasta que apareció su líder. Posiblemente en el punto de inflexión más importante de la temporada. Parejo se ajustó el brazalete y se echó al equipo a su espalda. Con el madrileño comandando, el juego del Valencia sufrió una metamorfosis. Comenzó a ser portavoz del discurso, encontró de nuevo la fórmula que les llevó a maravillar la campaña anterior y volvió a acercarse, tanto el equipo en sí como sus piezas clave, a su pico más alto de forma.

Con la defensa ya en pie de guerra y Parejo como líder absoluto, solo quedaba la parte meramente ofensiva por recuperar su tono. Y lo hizo, a tenor de los resultados, al contagiarse de la dinámica general del equipo, a consecuencia de todo lo anterior. Fue entonces cuando entró en acción otro de los nombres propios de la pasada campaña: Rodrigo Moreno. El hispanobrasileño comenzó a ser todo lo determinante que había dejado a un lado en el tramo inicial de la temporada. Comenzó a anotar, pero no solo eso, también a entender lo que es su equipo y a influir directamente, con y sin balón, en las acciones ofensivas del Valencia. El cuadro che parecía estar ya al 95% de su capacidad. Justo a tiempo para estos últimos meses. Pero abril se reservaba una buena noticia más.

Gonçalo Guedes fue la última pieza clave en encontrarse con su fútbol.


Siendo su caso quizás el más influido por algo ajeno a la propia dinámica del juego como son las lesiones, parecía que esta no iba a ser la temporada de Gonçalo Guedes. Muy alejado de sus números pasados, pero especialmente de su trascendencia en el juego valencianista, el luso no terminaba de encontrar su fútbol en la irregularidad que le suponía pasar largas temporadas en la enfermería. Su sitio lo cubrió con sobrada solvencia un Cheryshev también algo alejado de su versión mundialista, pero todo el valencianismo sabía que con el portugués al cien por cien, es la pieza más determinante que puede encontrar el Valencia sobre el césped. Aún no ha llegado a ese nivel, pero lo cierto es que Guedes al fin parece otro, al fin consigue encontrarse con su fútbol, ligar su cabeza y sus piernas para darle una marcha más a los de Marcelino en las últimas semanas.

Como si de un libro de Arguiñano se tratara, el Valencia fue siguiendo paso a paso todas las directrices de su receta futbolística. A fuego lento, pero paulatino, el conjunto che fue recuperando su ser, su fútbol, para llegar al tramo decisivo de la temporada buscando ponerle la guinda. Con Guedes ya en dinámica, todos los elementos aportan en su justa medida. Y lo hacen, precisamente, en el momento justo.

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