Juanmi no consigue apagar el incendio

Un incendio es lo que parece ahora mismo el juego y el estado de la Real Sociedad. Y están en busca de un bombero, o al menos de un extintor, que apague el fuego. No sirvió para ello la gran actuación individual de Juanmi Jiménez en el derbi gipuzcoano del domingo en Anoeta. La Real sigue estancada futbolísticamente y también psicológicamente y se termina de desenganchar de la lucha por entrar en competiciones europeas tras un tramo de temporada donde el calendario era favorable para precisamente asaltar la zona noble de la tabla.

La astucia y el olfato goleador de Juanmi influyeron tan rápido en el resultado como rápido se vio que la Real era absolutamente inferior al Eibar. Un encuentro dominado en todos los sentidos por el equipo armero, que tuvo que arrepentirse mucho de no haber estado con la suficiente intensidad en los primeros segundos, ya que los tres puntos hubieran sido una realidad. La Real marcó y se dedicó a verlas venir, con un juego ramplón y con casi todos los jugadores dejando actuaciones muy por debajo del nivel mínimo exigido. Casi todos, porque Juanmi fue el que se salvó y el que salió reforzado del choque. Partido ejemplar el suyo, pese a todo.

93 minutos de desmarques casi perfectos.


La brillante actuación del delantero andaluz de la Real se basó principalmente en sus rupturas al espacio. Es un maestro en el tema, aunque por desgracia para los donostiarras no se potencian debidamente. Juanmi trató de activar a su equipo mediante desmarques constantes a la espalda del central o incluso entre lateral y central. Un intento fallido pero incansable de perforar la zaga armera mientras veía cómo el Eibar estaba llegando una y otra vez al área realista. La Real no reaccionaba y solo mediante algún balón acertado al espacio que peleaba Juanmi levantaba de los asientos al público.

Su fútbol es el que es. No es Willian José ni por técnica ni por complexión física ni por estilo de juego. Es un delantero rápido, con muchísimo olfato goleador, hábil en el área y letal al espacio. Por eso siempre parece que de revulsivo es más importante en esta Real. Pero los datos dicen que jugando siete partidos completos esta temporada, los txuriurdin solo perdieron ante el Barça y lograron tres empates y tres victorias. Difícil de entender su rol más residual, especialmente en ausencia del brasileño, pues a su lado el andaluz debe adaptar su rol a sus necesidades.

Se vio cómo desde la defensa o el propio Rulli se mandaban balones largos para que el andaluz los bajase y jugase de cara, en una ausencia clara de influencia en el juego del centro del campo donostiarra. Pero claro, midiéndose a Gonzalo Escalante, Joan Jordan, Sergio Álvarez o Paulo Oliveira en esa zona central, fue imposible para él. Sin embargo, en lo que sí era muy superior, en la ruptura, en buscar la espalda, no se le vio demasiado ya que no le buscaron lo suficiente. No jugaron con él para potenciar lo que necesitaba el equipo en ese momento para crear peligro y mandar hacia atrás al Eibar. Pese a ello, el andaluz no paró de buscar opciones más lógicas y positivas para el bien del equipo, y salió tremendamente reforzado.

Es de los pocos enchufados en este tramo final de la temporada.


La realidad es que con Imanol Alguacil su presencia en el equipo había bajado considerablemente. Apenas calentaba en la banda, pero llegaron las lesiones y las sanciones a la parcela ofensiva y el andaluz ha hecho acto de presencia, y se ha reivindicado. Ante el Betis gol y asistencia siendo clave en la victoria, y contra el Eibar gol y una ‘casi’ asistencia in extremis. Pero lo importante es que muestra una alegría en el juego que no está teniendo el equipo debido a las bajas de Illaramendi, Januzaj y Zurutuza. Y se agradece. Un puñal ofensivo que debe complementar al habitual ataque de posición realista, y no ser la referencia única, porque Juanmi apaga fuegos, pero no incendios.

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