Balón en Profundidad

Fútbol hasta la línea de gol

Partidos

Una noche más

No suelen acompañar las previas de una noche de Champions. Cuando sintonizamos la televisión dispuestos a ver un duelo de la máxima competición continental nos suelen abordar con comerciales de coches, de marcas de cerveza o de casas de apuestas. Sin embargo, avisar de que revisemos tener cerca, al alcance de la mano, un desfibrilador, tampoco sería mala idea. Y es que noches como la que vivimos en el Etihad Stadium con Manchester City y Tottenham como protagonistas es de esas que se quedan grabadas en nuestra retina a fuego. Pero, a pesar de eso, seguramente suponga una noche más en lo que viene siendo un fatídico encuentro de Champions League.

Aun así no nos terminamos de acostumbrar. El trepidante inicio de un duelo con muchos goles –y muchas imprecisiones– nos hacía estar cansados incluso en posición de reposo en nuestro sofá. Y el desenlace del mismo, con las emociones del gol en el descuento y la aplicación del VAR no hizo más que sobreexcitarnos, exaltando lo grande que es este deporte que siempre depara sorpresas y a las que nunca terminamos de acostumbrarnos. Ese quizás sea el quizz que lo hace tan especial.

Los primeros minutos generaron diferentes sensaciones y emociones para quienes visualizaban el espectáculo. Por un lado era una oda al fútbol más puro, como un partido donde nada importa, cinco goles en los primeros veinte minutos, bendita locura. Para otros era una grosería futbolística dada la altura que representan unos cuartos de final de Champions League. Más errores que aciertos en los primeros compases, unas defensas que decidieron no comparecer los primeros minutos sobre el césped del Etihad y dos planteamientos mucho más próximos a un partido de Premier y no de Copa de Europa nos dejaron un tramo inicial de partido que nos dejaba con la boca abierta.

Sea tirándose de los pelos o con la boca abierta, los primeros minutos del duelo fueron una auténtica locura inolvidable para todos.

Si en la ida criticábamos la falta de reacción de Guardiola ante un Tottenham que supo defenderle y dañarle, así como su dudosa elección inicial de nombres con ausencias notables, en esta vuelta quiso ganar una eliminatoria que se disputase solo a 90 minutos, aunque partiese con desventaja en el marcador global. Pep quiso evitar el descalabro de la temporada pasada planteando un ritmo Premier ante un Liverpool que le hizo recapacitar que la Copa de Europa es otra cosa. Y no quería que esta sensación se repitiese ante los Spurs. Por eso el ritmo de la ida fue mucho más bajo, contemplativo. Esperando llevarse un resultado corto para arrollar a su rival en un duelo equilibrado en el marcador con el público a su favor. Un todo o nada a 90 minutos que esta vez le salió cruz. Pero por muy poco.

Los primeros veinte minutos son imposibles de analizar. Van más allá de lo que cualquier purista pudiera disfrutar, con Kevin De Bruyne y Sterling rajando de fuera a dentro un centro del campo en rombo del Tottenham que en ningún momento pudo frenar las acometidas cityzens y una defensa skyblue que, especialmente en la figura de Laporte, dio demasiadas concesiones a un Heung Min Son que está en un momento en el que no te perdona el mínimo despiste.

El planteamiento inicial de Guardiola parecía agresivo, adecuado para el momento de la eliminatoria y su contexto, pero quizás algo imprudente. Si el objetivo pasaba por hacer la mayor cantidad de goles posibles, tratando de anticipar el tanto visitante, los primeros compases de partido mostraron un City muy vulnerable a la principal virtud de este Tottenham, sus contraataques. Kompany partió de inicio, siendo una sorpresa sobre todo por no ser un central que se caracterice por su defensa al espacio, así como las inocentes intervenciones de un Laporte muy señalado por sus errores, que tan caros terminaron pagando los suyos.

Más que de aciertos, los primeros minutos fueron un cúmulo de imprecisiones que hicieron trabajar a los dos técnicos.

A pesar de que parecía pegarse un tiro en el pie en el apartado defensivo, la cosa cambiaba cuando el City llegaba a campo contrario. De Bruyne estaba encontrando, apoyado en las vigilancias que generaba la presencia de Bernardo Silva sobre Rose, una auténtica autopista en el espacio que había entre pivote e interior en el costado zurdo Spur, con Wanyama desbordado y un endeble Dele Alli. Un desajuste que podría haber pasado inadvertido, pero que en diez minutos terminó por generar dos goles en contra, demasiado poco tiempo como para reaccionar.

Aunque Pochettino tocó cosas para parar la sangría, modificando las posiciones de Alli, Eriksen y Son para dar coberturas más intensas en apoyo a Wanyama, al final el cambio definitivo vino a partir de la lesión de Sissoko. Ninguna lesión es positiva para ningún equipo, pero en este caso la ausencia del francés y la entrada del héroe inesperado de la noche, Fernando Llorente, cambió la estructura de un Tottenham que pasó a asentarse sobre un 4-4-2 convencional, echando a Eriksen al costado diestro y Dele Alli formando el doble pivote con Wanyama.

Pochettino volvió a ser más reactivo que su homólogo, y volvió a mostrar una lectura de partido impecable en la vorágine vivida en el Etihad.

Con este sistema y aún en ventaja en la eliminatoria, el Tottenham cerró espacios, juntó sus líneas y minimizó el impacto en el partido de un De Bruyne que había rajado a los Spurs en la horizontal. Fue contemporizando bien los momentos en los que ir reculando su bloque, a medida que los de Pep Guardiola se iban apagando del encuentro al no encontrar soluciones. Unas soluciones que llegaron principalmente de un participativo Agüero, que comenzó a recibir mucho más de espaldas a portería, oxigenando el juego skyblue y generando tan ansiados espacios. Suyo fue el gol, totalmente al estilo ‘Kun’, que daba la victoria parcial al Manchester City cuando más le estaba costando encontrarse. Desde ese momento los cityzens crecieron, se sabían con ventaja y en superioridad en el juego, conscientes de que la cosa no podía quedar así, pues un gol de los Spurs daría al traste con todo en una bendita locura de partido.

Pero la locura mayor aún estaba por llegar. El gol del Tottenham llegó, quizás en su peor tramo de partido, en el tipo de jugada que termina por igualar todas las fuerzas; el balón parado. Ahí, un hombre como Fernando Llorente es todo un baluarte, y así lo certificó. El navarro remató un córner de una forma muy poco ortodoxa, y tras un VAR interminable dada la emoción del encuentro, Sakir terminó por conceder el gol a los londinenses. Un VAR que volvería a ser determinante cuando en el descuento Sterling daba el pase a los suyos ante el júbilo del Etihad y del propio Pep Guardiola, pero el videoarbitraje vino a impartir justicia señalando un acertado fuera de juego de Agüero que en un primer momento pocos habían podido atisbar.

La locura del inicio, en el que incluso el balón con el que empezó el partido decidió borrarse en su primera jugada, quizás sabiendo lo que se le venía encima, finalizó con otra locura en forma de goles, emociones y VAR. El Tottenham, 57 años después vuelve a unas semifinales de Champions League. Una Champions que nos reconcilia siempre con el fútbol, que brilla en cada noche de martes y miércoles para darnos, de nuevo, partidos que solo la Champions nos puede dar. Una noche más en la mejor competición de clubes del mundo.

¿Algo que añadir?