Balón en Profundidad

Fútbol hasta la línea de gol

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Entender a Karim

La imprevisibilidad, junto a ese sentimiento de unión, de pertenencia, son algunos de los factores más importantes que hacen que el fútbol sea lo que es. Cuántas veces hemos asistido atónitos a la victoria del pez más pequeño ante el más grande. Cuántas veces David ha vencido -y vencerá- a Goliat. Esa incógnita que acompaña al resultado, incluso cuando todo parece decidido, es el argumento principal que nos empuja a no desviar nuestros ojos de la pantalla hasta que el árbitro señala el final. El punto definitivo sin retorno.

En un mundo donde imperan las apuestas en base al negocio de lo imprevisible, saber con exactitud qué va a ocurrir en esto del fútbol es un imposible. Siempre apostando a una videncia que cuando se da, solo sirve para colgarse medallas. Y en el ojo del huracán, siempre, los más grandes, los de mayor foco mediático. Esto mismo le ocurre, por ejemplo, al Real Madrid temporada tras temporada. Rompiendo todo esquema de lo previsible, el conjunto blanco consiguió alzarse con cuatro de las últimas cinco Champions League, como si de algo fácil se tratase. Generó casi una costumbre en la expectativa que poco tiene que ver con la realidad. Ganar la orejona puede ser el objetivo de muchos, pero nunca una obligación para nadie. Y es que cuando uno se malacostumbra a la victoria, la derrota -que siempre llega- hace la caída aún mayor.

Encarando la temporada sin el técnico que estuvo presente en tales hazañas y sin el jugador franquicia que tanto daba al equipo con sus goles, la campaña 18/19 del Real Madrid era una incógnita aún mayor. Aun así, como ya ocurre en este mes de abril, la especulación desde la prensa no cesa de alimentar debates, portadas y espacios televisivos. Como si alguno de ellos supiera qué va a ocurrir con exactitud. Fichando y rehaciendo el equipo como si de una partida del Football Manager se tratase.

Sin Zidane ni Cristiano Ronaldo ganar la Champions League era todavía un objetivo de mayor enjundia. El Real Madrid debía reencontrar un camino que ya tenía muy marcado, al que ya había logrado acostumbrarse. El modelo de juego, con una nueva dirección desde el banquillo, y la larga lista de goles del delantero portugués necesitaban encontrar su sitio en un nuevo Real Madrid. Recursos había -y hay- para tratar de llevar a cabo todos los objetivos que atañen a un club de la dimensión del madrileño. Sin embargo, pocos cabrían atestiguar que la temporada blanca sería tan aciaga, tan angosta. Aunque entre todas estas sombras, un nombre emergió para despejar muchas dudas en la difícil campaña merengue. Un jugador que siempre estuvo ahí, contando incluso con más detractores que apoyos entre los aficionados al balompié, pero que este año ha querido dejar claro su estatus dentro de la plantilla blanca. Karim Benzema ha venido a demostrar que es mucho más de lo que el aficionado le asociaba.

Solo Benzema ha conseguido sobresalir en una temporada mucho más difícil de lo que cabía imaginar en el Real Madrid.

 

El galo ya demostraba en Lyon, cuando apenas era un joven delantero que daba sus primeros pasos en la élite, que era mucho más que un nueve convencional. Que se acercaba a ese estereotipo de delantero más completo que hoy día es casi norma. Un punta lejos del área, qué raro puede sonar eso para algunos. Karim dejaba destellos de su innegable calidad técnica desbordando, dando juego y asistencias en todo el contorno del área de Gerland. Algo que llamó la atención de una dirección técnica madridista que se apresuró a fichar al francés en una operación que trataba de adelantarse al resto de potencias europeas por hacerse con los servicios de un diamante en bruto. Y es que la sensación que desprendía con su juego no era inferior a lo que sus cifras reflejaban, algo que quizás con el tiempo se ha ido olvidando, generando una idea de él que no se ajusta con la realidad.

Todo lo dicho en el párrafo anterior no se contradice con que Benzema sea un gran definidor. Desde su llegada al Real Madrid, partiendo de su competencia en la delantera con Gonzalo Higuaín o pasando por su asociación y conexión con Cristiano Ronaldo, al delantero francés se le han asociado una serie de características que, si bien le son inherentes, no son únicas. Benzema aterrizó en Valdebebas con unas cifras cosechadas en Lyon nada desdeñables. Unos números que acompañaban sí a sus grandes cualidades fuera del área, a su técnica y capacidad asociativa, pero que venían a decir que Karim era mucho más. En el OL sumó 66 tantos y 27 asistencias en 144 partidos. Cifras que, acostumbrados a los +50 goles por temporada de los Messi o Cristiano de turno, nos parece saber a poco, pero no es ni mucho menos despreciable. Con apenas 20 años, aseguraba cerca de otros tantos goles por temporada, sumados además a las asistencias y juego que generaba. Algo que lo acercaba a ser uno de los nueves más prolíficos del continente si extraemos a esos dos aliens de la ecuación.

Siempre más marcado por el error que por el acierto, Benzema lleva toda su carrera demostrando con cifras que también tiene gol.

 

El papel de Karim en el Real Madrid siempre estuvo muy marcado. Apenas tuvo ocasión de ser él el encargado último del gol, el que llevase el peso anotador de su equipo, siendo más la batuta que orquestaba las acciones ofensivas merengues. No es que Cristiano lo eclipsara, sino que se supo explotar lo que Benzema podía darle al portugués para sacar el máximo de ambos en facetas bien diferenciadas. Y no se puede decir que saliese mal sino todo lo contrario. Acompañar a hombres como Messi o Cristiano seguramente haga todo más fácil.. excepto cuando ocupas la figura del ‘9’. Siempre se cree -erróneamente- que el delantero centro es el encargado último del gol, que apenas tiene más funciones que las de definir. Algo que el fútbol en estos últimos años se ha encargado de desmitificar con fuerza y que hace que Karim haya encontrado su hábitat en un entorno que muchas veces buscaba despedazarle.

Benzema supo entender a Ronaldo. Comprendió que su rol iba mucho más allá del gol, que estaba ligado, además de rematar en el área, a dar espacios y sentido al fútbol del portugués. Lo hizo sin rechistar, pues también es algo en lo que se sentía cómodo, pero ahora sin él, y sobre todo sin alguien que diese un paso al frente para asumir y repartir esa alta cifra goleadora del luso temporada tras temporada, Benzema se ha multiplicado. Él no ha cambiado, solo ha entendido que el equipo necesitaba algo más. Y lo ha dado. Sus cifras no desentonan de las de aquel adolescente que derribaba muros en Lyon, pero esta temporada tiene más peso aún por lo que supone para el equipo aumentar su cifra anotadora. El galo suma 222 goles y 123 asistencias en 462 partidos con la zamarra blanca. Números muy próximos en promedio a lo que conseguía en Francia. Solo que este año, sin Ronaldo y como segundo en la tabla de máximos goleadores en La Liga, rompiendo números históricos en los anales blancos, la dimensión que cobra es mayor. Aun así, Karim solo hace su trabajo, y se ve que disfruta con ello. Como una constante, su producción goleadora siempre estuvo ahí, solo que algunos no lo querían ver. Y mientras él juega, otros se ocupan ya de diseñar qué será y qué necesita el Real Madrid 19/20. Yo no lo sé, y no me pagan por ser adivino. Solo sé que Benzema supo entender lo que necesitaba su equipo, se adaptó y cumplió. Ahora son otros los que aún deben tratar de entender a Karim.

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