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Un espejismo en Londres

Todo fue un espejismo. El arranque del Valencia en su visita al Emirates nos hizo presagiar algo muy diferente a lo que finalmente terminó por acontecer. En los primeros 15 minutos del duelo de ida de las semifinales de la Europa League parecía que solo se había presentado un equipo. Un Valencia que sorprendía con su disposición inicial, cambiando el clásico 4-4-2 tan característico en su entrenador Marcelino por un 3-5-2. Muchas cábalas se hacían en la previa del encuentro al conocer el once y la inesperada alineación de cuatro centrales en el cuadro che.

Sin embargo, este fulgurante arranque del cuadro che en Londres parecía responder más a algo meramente anímico y no tanto a una cuestión táctica. Los motivos por los que Marcelino decidió cambiar de sistema, habiendo aguantado el 4-4-2 incluso en los peores momentos de esta temporada, cuando estaba sobre el alambre para la afición valencianista, solo los conoce él y sus colaboradores. Fue muy llamativo que el técnico asturiano cambiase su dibujo para enfrentarse a los de Unai Emery. Las bajas ya eran una preocupación en la previa del encuentro, y la incógnita de quién acompañaría a Parejo en el centro del campo sin la posibilidad de alinear a Kondogbia o a Coquelin se acrecentaba. Aunque seguramente nadie puso en sus quinielas al que terminaría acompañando al capitán valencianista.

No solo el cambio de sistema sorprendió al aficionado che, también la apuesta por el acompañante de Parejo fue verdaderamente llamativa.

 

Diakhaby fue la sorprendente apuesta de Marcelino para el doble pivote, y en los primeros minutos parecía que había nacido para esa posición. Rápido en la asociación, sabiendo que ese no es su fuerte, poderoso en el plano físico con un gran despliegue y especialmente mostrando una sorprendente capacidad para la conducción. Algo a lo que puso la guinda logrando abrir el marcador dando justicia al arrollador dominio inicial de un Valencia que salió enchufado. Los de Marcelino aprovecharon a la perfección lo desubicados que estaban los pupilos de Emery, especialmente vulnerables en las jugadas a balón parado. Una mala disposición defensiva gunner que no tardó en verse trasladada al cuadro che.

El Arsenal entró al encuentro con el gol en contra, comenzó a trenzar posesiones algo más largas, pero sobre todo a sacar a relucir las principales virtudes de su dupla más diferencial, sus dos delanteros. Con Aubameyang haciendo una sangría al espacio y Lacazette varios metros por detrás, atrayendo marcas y jugando con suma inteligencia complementando sus movimientos tanto con el gabonés como con un Özil inadvertido para la zaga valencianista, los de Emery terminaron por dejar en evidencia que la defensa che no estaba nada cómoda en su nueva disposición, muy errática tanto en las marcas como en su posicionamiento.

Si bien, a raíz de sus sistemas con tres centrales y dos delanteros, ambos equipos tenían ventaja numérica a la hora de salir con el balón jugado, solo el Arsenal fue capaz de sacar provecho de dicha superioridad. Los de Emery cerraron muy inteligentemente las líneas de pase sobre el cerebro valencianista, Dani Parejo, y desactivando al madrileño, que no encontraba su lugar para construir más cerca de los centrales, tanto por la vigilancia gunner como por el posicionamiento de Diakhaby en su zona predilecta, el Valencia terminó por abusar de un balón directo hacia Guedes y Rodrigo que fueron muy fáciles de defender para unos excelsos Sokratis al espacio y Koscielny al corte.

Emery entendió bien cómo frenar a un incómodo Valencia. Tanto en salida de balón como en sus peligrosas transiciones.

 

El Valencia no lograba encontrarse sobre el césped, aquel en el que solo estuvo presente apenas quince minutos, incapaz de tomar poso con balón y de recuperar arriba para aprovechar su capacidad en transición ofensiva. Si el contexto parecía demandar la vuelta al sistema habitual, o al menos cambiar algo para que el devenir del partido no fuese el que se estaba desarrollando, Marcelino se mostró igualmente tozudo en su apuesta como ya lo era en su momento por el 4-4-2. Su plan de partido pasaba por la idea del 3-5-2, y saliese como saliese, el asturiano estaba dispuesto a morir con ella. Y así terminó siendo. Aubameyang redondeó su actuación con un tercer gol en el descuento que hizo insuficiente el resultado para el Valencia. El 2-1, con Mestalla volcado y con la obligación de ganar, podía suponer un buen punto de partida para una remontada que ahora toma tintes de épica. Dos goles abajo, muchas dudas en torno al sistema y el reflejo de un inicio que no terminó siendo la tónica final del encuentro. Solo quedan 90 minutos para alcanzar la segunda final esta temporada. Empresa difícil, pero no imposible. Que todo no haya sido un espejismo.

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