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Fútbol hasta la línea de gol

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Frente al acantilado

Jugarse la competición liguera ante el Manchester City y la semifinal de la Champions League ante el Barcelona, es reto suficiente como para pensar que el Liverpool ha elevado sus cotas hasta límites insospechados a los mandos de Jürgen Klopp. Ambos retos, por complejos, se valoran en la medida oportuna sabiendo que, en el caso de la Premier League, el City sigue su paso con autoridad y que, en el caso de la Champions, el Barcelona se impuso de manera rotunda en feudo azulgrana, impidiendo (solo la mala suerte) un gol rival que pudiera facilitar ponerlos a prueba en Anfield. En su caso el Barça sigue soñando con el triplete, pero con la tranquilidad de verse campeón en España y finalista ya en Copa del Rey. Solo queda por definir su presencia en la final de la Champions League para que pueda ser posible la gesta una vez más. Ponerse ante el rival para salir al campo en Anfield debe ser complejo, como complejo debe ser estar en la piel de un Valverde que ya sabe lo que es irse de la Champions League en la vuelta habiendo llegado con tres goles a favor de la ida. Ese escalofrío y ese sudor frío se verán acrecentados bajo el influjo de la mística y del You’ll never walk alone que entonará a coro todo el estadio. El himno de la competición será solo la guinda para entender lo que se viene: un espectáculo inigualable en un escenario inmejorable.

Destapar una escena como la que tienen entre manos Barcelona y Liverpool es un ejercicio de responsabilidad. El duelo ya dejó un espectáculo sorprendente en lo que fue la ida de la semifinal entre estos dos protagonistas, siendo sin duda el duelo de la temporada en lo que ha dado de sí está Champions League. La exhibición de fútbol que nos otorgaron los pupilos de Klopp y Valverde fue argamasa suficiente para demostrar que el duelo iba a dar lo que prometía. Si la presión del Liverpool y el agobio al que sometieron a los locales no fueran suficientes, Messi y Ter Stegen se ocuparon de poner aún más espectáculo en un recinto entregado al fútbol desplegado sobre el césped. Una semifinal a 180 minutos que apenas necesitó la mitad para dejarnos agotados viendo las embestidas del club inglés y la cintura del Barça para evitarlos y para aprovechar sus opciones frente a Alisson.

Hoy, en Anfield, se citarán dos equipos que han dado muestras de sobra para creer que serían dignos rivales de una final, aunque uno deberá quedarse sin la última etapa del viaje.

 

Un duelo épico, que en su segunda parte tendrá como nudo esencial la duda de si Klopp tiene la capacidad suficiente sobre la pizarra para plantear dificultades al Barcelona sin su máxima estrella, Salah, y sin su mejor escudero, Firmino. Incluso uno de los grandes héroes de la temporada, Van Dijk, parecía tocado las horas previas, por lo que el panorama a nivel dificultades en Anfield Road no puede ser más preocupante. Sin embargo, este club se ha sabido mover bien en las dificultades, dándole un plus de importancia a un recinto que se incendiará hoy una vez más liderados por The Kop para ser uno más en el césped.

En el bando rival, la ecuación se resuelve siempre en torno a una variable esencial: Lionel Messi. Hagamos el análisis que hagamos, entender que el juego será o no será al ritmo del argentino nos acerca al verdadero devenir de lo que puede llegar a ser el encuentro. Desde la portería hasta la línea de gol rival, todo pasa por el rendimiento global del equipo en torno a las habilidades del ‘10’, bien resguardadas por un Luis Suárez por fin liberado tras marcar su primer gol en esta Champions League y con varios compañeros de viaje de gran importancia, como Piqué, baluarte defensivo, y Alba, que tomará importancia con la más que posible entrada de Shaqiri y en ese rol ofensivo en el que se convierte en socio de excepción de sus compañeros en ataque.

Son noventa minutos más en los que este espectáculo debe continuar, como decía la canción de Queen, con un final que llegará inexorablemente y en el que queramos o no, algún sueño tendrá que romperse. La Champions League es un premio suficientemente importante para que al camino hasta ella se le permita ser tan duro. Hoy, en Anfield, se citarán dos equipos que han dado muestras de sobra para creer que serían dignos rivales de una final, aunque uno deberá quedarse sin la última etapa del viaje. Un viaje con un único destino: demostrar que los sueños, más que cumplirse, se ganan.

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