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Soñar en Mestalla

Todas las restricciones con las que la vida nos apresa con sus grilletes quedan expuestas ante los más mágicos sueños con el balón acariciando el césped. Es el fútbol uno de los grandes generadores de magia dentro de un entorno regido normalmente por unos patrones que se cumplen monótonamente. Precisamente, toda existencia cobra sentido con esos momentos de magia donde, paradójicamente, más vivos nos sentimos. Ese recuerdo imborrable que atrae tristeza en forma de nostalgia, pero a la vez alegría. Ya decía Víctor Hugo que la melancolía es la alegría de estar triste”. No hay más dulce alegría que la que emerge entre los lamentos y la frustración. Esa que hace una semana no permitía soñar porque quitó el sueño a muchos tras ver sucumbir al Valencia en el Emirates Stadium. Sin ningún argumento lógico al cual aferrarse, ahora se cree, con la fe que demanda esa alegría entre lo más oscuro, que el Valencia puede obrar la machada. El fútbol y la vida son momentos. Son ilusión y magia y, como siempre pasa, lo emocional es tan radical que no deja paso a nada lógico. Así somos.

«Hemos de atacar cada vez que tengamos el balón» Marcelino García

El primer paso para arrojar algo de cordura al asunto es que Mestalla lleve en volandas a un equipo necesitado de ese plus motivacional que active unas piernas cansadas por una temporada extenuante. Suena a tópico apelar a un ambiente así, pero tratándose del feudo valencianista no lo es. Mestalla ya ha demostrado más de una vez su cara más hostil con el invitado y más animosa con los suyos. Hasta la propia religión tiene su ligadura con este asunto. Solo así se puede entender la escasa intensidad y oficio de unos jugadores que pecaron de insensatos y cedieron un 3-1 agónico en los minutos de descuento. Estaba escrito, el universo se tenía que reequilibrar después de que el Valencia hubiera hecho uso de esas artes para acceder a cuartos contra el Krasnodar, sacar tres puntos de Girona, salvar la cabeza de Marcelino ante la SD Huesca u obrar el milagro ante el Getafe en un encuentro más visceral que futbolístico. A pesar de todo, se cree. Se tiene que creer y hay ciertos argumentos que invitan a ello. Aunque también hay otros que no.

El conjunto dirigido por Marcelino se presenta en esta vuelta de semifinales de Europa League tras haber despedazado a la SD Huesca en El Alcoraz. Los cinco tantos conseguidos en el primer tiempo insuflaron cierta confianza y permitió al técnico asturiano reservar jugadores clave como Parejo y Guedes. El Arsenal, al contrario, tuvo encuentro a cara de perro ante Brighton en casa. En juego estaba la lucha por la Liga de Campeones y los de Emery fallaron. No pasaron del empate ante un equipo que no se jugaba nada. Y ahí es donde radica otro de los alicientes del encuentro que albergará Mestalla. Valencia y Arsenal buscarán el acceso a una final europea siendo dos conjuntos muy tendentes a la irregularidad. Tan pronto están en la cresta de la ola como que pasadas dos semanas el entrenador está en entredicho. Todo engrosa un guion que resulta atractivo para cualquier aficionado neutral. Solo habría un escenario que mataría tanto entusiasmo: un gol tempranero del Arsenal. Ese escenario, que todos los aficionados valencianistas tratan de evadir, rompería todo el ambiente previamente creado. Al igual que supone un frenazo para estas líneas.

«Cada trabajador del fútbol quiere jugar partidos como este» Unai Emery

Sin embargo, el Valencia no sería un inexperto en esa situación. Así pasó contra el Getafe en Copa del Rey y todos sabemos cómo acabó la película. Unai Emery sabe lo que es que Mestalla te lleve en volandas y que te haga sufrir hasta el final. Su Sevilla a punto estuvo de perderse una final de Europa League tras una enorme remontada valencianista, salvando un 2-0 en el Pizjuán y colocando un 3-0 válido hasta que M’Bia puso la puntilla en los segundos finales. De recordar también es, de esa misma temporada, el 3-0 que el Valencia levantó ante el FC Basilea con un 5-0 con Alcácer como protagonista. El conjunto de la capital del Turia no está exento de machadas en sus páginas doradas y esta noche quiere escribir una más. Marcelino salió tocado del partido en Londres y sabe que ser fiel a sí mismo es lo mejor para un equipo que se nubla alejado del 4-4-2. Coquelin volverá y aportará más empaque al centro del campo. Algo que sin duda será crucial para poder encadenar, en la manera de lo posible, a dos velocistas como Aubameyang y Lacazette. El Valencia deberá asumir riesgos con balón y ser dominante, un contexto de partido en el que no se desenvuelve notablemente. Pero ya lo decíamos antes, a veces la fe emocional mueve más montañas que la lógica.

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