Balón en Profundidad

Fútbol hasta la línea de gol

Partidos

Terrible maravilla

La Champions League es de esas cosas que nos emocionan tanto que olvidamos fácilmente que las hemos creado nosotros. Y como toda creación nuestra, lleva consigo todo lo que somos, con la particularidad que lo que representa es extremista. Así, la Champions nos remueve nuestros mejores y peores instintos porque la esencia de esta terrible maravilla no nació hace algunas décadas sino milenios. Los capítulos más transcendentes del torneo continental son hijos de aquellos que fundamentaron las batallas clásicas más épicas. Los soldados son los jugadores como los líderes militares son los entrenadores. Y del conflicto intencionado, de la fricción voluntaria entre dos fuerzas humanas, surgen elementos que van más allá de la existencia, como el amor y la tragedia, la grandeza institucional y la determinación del detalle, el presente y lo que lo trasciende.

Ajax y Tottenham concluyeron de forma histórica una eliminatoria que vivía en la sombra de su homóloga tanto por la calidad de los equipos (Liverpool y Barça) como la forma épica en la que se desarrolló. Aun con las diferencias, ambas segundas partes fueron el clímax de sendas eliminatorias, con tres goles ingleses que sucumbieron las esperanzas rivales y una diana determinante en los últimos minutos. Aun así, el guion fue bastante distinto.

La cultura occidental nos ha enseñado que hasta los elementos más insensibles tienen corazón, pero también hemos observado un destino cruel para aquellos que actúan a partir de su corazón.

Pochettino salió con un 4-2-3-1 que tomaba distintas formas en la salida de la jugada, como el mismo sistema de cuatro defensas y también el de tres centrales, en la que los laterales se convertían en carrileros, el doble pivote se partía roles y los atacantes más capacitados en la gestión bajaban a dirigir. Es decir, Rose y un mal Trippier figuraban como carrileros para dar amplitud, Wanyama ocupaba la posición de tercer central y Sissoko gozaba de más movilidad e iba hasta la banda para descolocar a Schöne, doble pivote rival, y Dele Alli, pero sobre todo Eriksen, lideraban la contienda de los spurs desde la base. A partir de este escenario, el Tottenham consiguió perforar la estructura defensiva ajacied pero de forma bastante intermitente. No tanto por mérito rival sino por la falta de variables ofensivas que dieran más soluciones en campo contrario, como sí se darían en la segunda parte. Sin balón, el conjunto de Pochettino limitó el inicio de la jugada rival con una presión al hombre liderada por la especial atención en tapar a De Jong.

Durante los primeros cuarenta y cinco minutos, el Ajax impuso mejor su tono sobre todo a partir del gol (2 de los 3 tiros a puerta acabaron en el fondo de la red) y de su fútbol alegre e irregular que ha asombrado a toda Europa. Pero con un defecto diferencial: Kasper Dolberg. El delantero danés fue la alternativa que escogió Ten Hag para suplir a Neres y el entrenador lo situó en punta, arrinconando a Tadic al costado. Dolberg no solo tuvo una participación escasa sino que restó, porque Tadic no pudo bombear su fútbol como corazón de su equipo en campo contrario. Esto generó que, al igual que el Tottenham, el juego del Ajax fuera más puntual y no acabara de encontrar esa sinergia reconocible. Solo la atracción eléctrica entre Tadic y un explosivo Ziyech y la aportación polivalente de Van de Beek dieron recorrido a la propuesta holandesa. Sin balón, la defensa en bloque medio fue efectiva menos cuando las piezas rivales que actuaban más sin balón descolocaban a elementos posicionales de tal defensa, como el caso del doble pivote.

El Tottenham es probablemente el conjunto más completo de Europa por su variedad táctica y por tener una plantilla con alternativas y con distintos elementos complementarios.

Pochettino, a diferencia de Ten Hag, sí pudo retocar la actuación de los suyos. Y lo hizo. La entrada de Llorente por Wanyama retrasó al Ajax, ya mermado por la poca funcionalidad de Dolberg en su engranaje, y activó a un Tottenham que había estado mejor pero que no terminaba de atacar a Onana con sentido, llegando poco a tres cuartos, y sobre todo con peligro. A este, le acompañaron dos goles de Lucas Moura que cazó fantásticamente el detalle con una claridad en espacios reducidos impresionante. A la intervención del brasileño se le añadieron los cambios por parte de ambos equipos. Por parte local, Veltman y Sinkgraven mejoraron a los pupilos de Ten Hag, que dispusieron de oportunidades claras ya sin Dolberg y con Tadic más liberado en punta. Por parte visitante, Pochettino introdujo un elemento más en la ecuación ofensiva que mantuviera la posesión en campo rival. Aunque desequilibró un tanto el engranaje, la épica estuvo de su lado, como también esa terrible maravilla que hemos creado y de la que nos hemos acabado enamorando perdidamente aunque también nos dañe. La Champions es alegría y tragedia, pero nace de nuestro amor por el fútbol, y por eso siempre la vamos a querer.

¿Algo que añadir?