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La pesadilla Lacazette – Aubameyang

No fue una cuestión táctica. Valencia y Arsenal se dieron cita en Mestalla para conseguir sellar un pase para la próxima final de Bakú. Era un partido donde lo emocional, como suele ocurrir en las segundas partes de eliminatorias a 180 minutos, tomaría un peso trascendental. El conjunto che necesitaba voltear una ventaja de dos goles de los londinenses, siempre contando con el extra que suponía haber logrado batir a Petr Cech en el Emirates.

Los de Marcelino ya contaban con tener el apoyo de su grada, ilusionada con una remontada difícil, esperanzada, aunque no convencida. Era importante lograr reproducir ese primer cuarto de hora en Londres para superar a los de Emery y meterles el miedo en el cuerpo, algo que con tu afición respaldándote, puede suponer un desequilibrio fundamental para poner de cara la eliminatoria.

Un duelo que se alzaba bajo el precedente de un cambio de sistema muy criticado en Londres. Es cierto que Marcelino contaba con numerosas bajas, recuperando efectivos de gran importancia para la medular de cara al partido de vuelta, pero todos quedamos perplejos cuando el asturiano deshizo su clásico 4-4-2. Algo que dados los primeros minutos nos parecía un acierto, pero cuyos desajustes especialmente en la parcela defensiva en los compases posteriores dejó muy en entredicho la decisión tomada por el técnico.

Marcelino decidió apostar sobre seguro en el partido de vuelta retornando al 4-4-2.


La vuelta al 4-4-2, más allá del sistema rival, parecía algo innegociable en la cita de Mestalla. Marcelino volvió a apostar por Piccini en el lateral diestro, colocando a Wass por delante y Coquelin junto a Parejo, relegando a Carlos Soler a esperar su momento en el banquillo. El Valencia comenzó de nuevo como lo hiciera sobre el césped del Emirates, aunque una vez más, todo volvió a ser un mero espejismo. El Arsenal no se encontraba cómodo, no tenía el balón -algo que no le preocupaba en exceso- pero era incapaz de trenzar con continuidad en asociación con su delantera. El Valencia, desde el 4-4-2, ahora sí parecía haber desactivado a los gunners.

Aunque el Valencia se sabía con el papel de ser propositivo desde la posesión, algo a lo que no acostumbra a explotar, los ches lograron adelantarse en la primera transición vertical que pudieron generar, con un Rodrigo muy inteligente dando sentido a la jugada desde la medular y de espaldas a portería, y en el que la verticalidad de sus compañeros hiciera el resto. El gol de Gameiro, apenas superada la decena de minutos, suponía un balón de oxígeno para toda la parroquia valencianista, consciente de que con dos goles más estarían cubiertos ante un más que posible tanto gunner. Aunque no tardaron los auténticos protagonistas de esta eliminatoria en bajar las revoluciones y enfriar la capital del Turia.

En una jugada sin adornos, de pocos toques y apenas tres intervenciones, el Arsenal logró igualar el partido y retornar la eliminatoria al punto de partida equilibrando el tanto che cosechado fuera de casa. De nuevo, lo anímico, tomando relevancia en el envite. Apenas seis minutos después del tanto de Gameiro, los de Unai Emery lograron el empate muy ‘a lo Chelsea de Mourinho’ en su primera etapa, repitiendo un protagonista esencial en la jugada. Cech pone el balón en largo, Lacazette lo lucha con Gabriel de forma embarullada, sacando de posición a Garay y dejando todo el espacio a su espalda a su jugador más veloz, Aubameyang, que de forma incisiva y determinada alojó en balón en el fondo de la red como si fuera fácil. Una jugada muy similar a la que aquel Chelsea repetía con suma soltura, con Cech lanzando sobre Drogba y este prologando a una pieza fugaz como Robben.

A partir de ahí todo cambió, porque todo parecía asemejarse a lo que ocurrió en el partido de ida. El Valencia no encontraba la fórmula para dañar una endeble zaga gunner. La banda derecha parecía completamente desactivada en comparación con la aportación de Gayá en ataque y los constantes intentos de un desacertado Guedes. Aun con el portugués muy lejos de su 100% durante el partido, Parejo no cesaba en su intento de conectar con él con constantes cambios de juego que giraban a toda la defensa londinense, pero la improductividad del luso ante un desbordado Maitland-Niles no permitió al cuadro che mantener viva la ilusión y el resultado.

El Arsenal supo esperar su momento, consciente de que con muy poco, Lacazette y Aubameyang lo pueden decidir todo.


El Arsenal, consciente de su ventaja se dedicó a esperar su momento, sabiendo que cuenta con dinamita en la parcela ofensiva era cuestión de tiempo que en el transcurso del partido lograsen anotar un gol más, ese que desequilibraría la balanza por completo. Si además lograban aguantar las embestidas valencianistas, mucho mejor. Aubameyang y Lacazette fueron constante sinónimo de peligro. Toda acción ofensiva pasaba por sus botas en una demostración de dominar muchos más registros que solo la del remate en el interior del área. Ambos estuvieron trazando constantes movimientos a lo largo y ancho del terreno de juego, siendo apoyo constante y ejecutores de cada transición gunner. Aubameyang caía más al costado izquierdo valencianista, tratando de castigar más la altura media de un jugador como Gayá, mientras Lacazette solía moverse más por la zona interior, pisando incluso la medular si era necesario.

Las dos noches de Aubameyang y Lacazette ante el Valencia fueron una demostración de su inteligencia futbolística. Dos jugadores con mucho más que el gol o el remate, algo que también dominan a la perfección, anotando los siete tantos que le endosó el Arsenal al cuadro che en la eliminatoria, que se dice pronto. No fue una cuestión táctica. El Valencia, tanto con defensa de tres como volviendo a su habitual 4-4-2, no fue capaz de superar al Arsenal. No estuvo cómodo cuando tenía que mandar desde el balón, y prácticamente no estuvo en disposición de incomodar a los ingleses más allá de media hora en los 180 minutos de eliminatoria. Sin demasiado discurso, pero una pegada fuera de lo común, los de Unai Emery no dieron oportunidad a un Valencia que se despide amargamente de Bakú, borrando del imaginario valencianista ese doblete de finales para acabar esta larga temporada, centrando ya toda la ilusión che en el duelo de Copa del Rey. Poco a poco el peso de lo anímico cayó del lado inglés, con Aubameyang y Lacazette multiplicándose para convertirse en la pesadilla del Valencia.

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