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Defendiendo la permanencia

En términos bélicos suele decirse que el mejor ataque es una buena defensa. Una afirmación que se ha trasladado a diferentes ámbitos de la vida, incluido el fútbol, aunque con matices. Lo cierto es que si cada partido es una batalla y el campeonato liguero la guerra, cuando tu objetivo es la permanencia la lucha se torna encarnizada, y las defensas toman un papel de especial relevancia.

Es una situación que no se planteaban en Vigo en agosto de 2018, con una apuesta arriesgada desde el banquillo y varios fichajes orientados a volver a pelear por los puestos de clasificación europea como objetivo principal. El aval del Celta siempre había sido un jugador superlativo, que además quiere al club como suyo y que hace de lo sentimental un plus a la hora de enfundarse la camiseta. Con Iago Aspas en plenitud, difícil parecía que el conjunto celeste no pudiera acercarse a luchar por su objetivo, pero numerosos factores terminaron por alejar el sueño, y las lesiones del de Moaña lo convirtieron en pesadilla.

El Celta vagaba a la deriva sin su máxima estrella, consciente de un desenlace que se aproximaba inexorable y con la certeza de que solo su capitán le podía reconducir de nuevo al éxito, ahora en unas cotas completamente inesperadas. En ese tramo sin Aspas, más allá de los cambios de entrenadores, el Celta se mostró como un equipo sin alma. Incapaz de sacar rédito de los talentosos jugadores que forman sus filas ofensivas; Maxi Gómez, Boufal, Brais Méndez, Lobotka.. el ataque celeste no era garantía de nada, pero el problema venía si echábamos la vista unos metros más atrás.

Con la llegada de Mohamed al banquillo de Balaídos, la principal preocupación del argentino era dar consistencia al sistema defensivo, probando con diferentes nombres y esquemas para quitarse la pesada losa de los 60 goles encajados que ya les mermaron la temporada anterior, y una vez estructurado su plan defensivo, encontrar acomodo para un Aspas siempre clave en el desempeño del equipo. La apuesta no salió como esperaba, y al final los errores individuales atrás y un Iago a la baja terminaron por sentenciarlo.

Mohamed priorizó estructurar su sistema defensivo consciente de haber sido el principal hándicap del Celta la pasada campaña.

Con Mohamed en el banquillo fue el único momento de la temporada en que el Celta podía llegar a ser consistente en defensa desde el sistema, aunque luego en el plano individual los errores fueran de bulto. Tras su corta etapa en Balaídos, el sistema defensivo celeste nunca dio tintes de solidez, siendo el principal hándicap de un equipo entre dos aguas que asistía atónito a su hundimiento con la pérdida de su capitán por lesión mediada la temporada. El objetivo del Celta cambiaba entonces. Europa ya no era una opción e inevitablemente desde Vigo se miraba hacia abajo en la tabla. Sabían que iban a luchar, y que la guerra se volvería cruel.

El Celta llegó a ocupar los puestos de descenso, una situación que Iago Aspas vino a solucionar en su vuelta a los terrenos de juego, pero que dejó muy en evidencia a toda la plantilla. Cuando tu objetivo es la permanencia, jugadores diferenciales como Iago, o bien Morales en el Levante, Cazorla en el Villarreal o Raúl de Tomás en el Rayo, pueden suponer por sí mismos la diferencia entre un año más en Primera o el agónico descenso a Segunda. Pero solo con esto no basta. El caso del Rayo por ejemplo es paradigmático de lo que podría haberle pasado al Celta esta temporada, un equipo con calidad arriba y un goleador diferencial, pero un sistema defensivo, tanto en lo táctico como en lo individual, lejos del nivel suficiente para la permanencia. Esto sentenció a los de Vallecas y ha dejado al Celta solo con la salvación virtual en la última jornada, solo por una cuestión, precisamente, goleadora.

La defensa ha sido una vez más el lastre de un Celta que ha terminado luchando por objetivos que al arrancar la temporada no se planteaban.

Solo fijándonos en los datos nos damos cuenta de esta dicotomía goleadora. El Celta suma 51 goles a favor, lo que le convierte en el sexto conjunto más goleador de La Liga, tan solo dos tantos por debajo del segundo clasificado, un Atlético de Madrid que encajó 33 goles menos que los celestes, buena prueba de lo importante que es en el fútbol de élite construir un sólido sistema defensivo. Algo que en el caso del Celta ha sido el factor principal que ha lastrado cualquier opción celeste esta temporada.

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